Autora: Amalia Carolina Cuevas Sepúlveda
Diario Visiones Compartidas, Colegio Epullay Montessori (Peñalolén)
La xenofobia, aquel trato descalificador y violento hacia personas supuestamente inferiores, lamentablemente, parece ser parte de la naturaleza humana. No es sorprendente ver con frecuencia en los medios de comunicación tratos vejatorios hacia personas de otras nacionalidades o etnias.
Para mi la xenofobia, es básicamente miedo a lo ajeno, a lo nuevo, a aquello que nos saca de nuestra seguridad. Cuando una persona revela sus pensamientos xenófobos se evidencia la falencia de una tranquilidad no dada por parte del Estado.
En Chile, en particular, es cada vez más frecuente el flujo personas de diferentes colores, raíces y costumbres. Todo parece nuevo y distinto respecto de lo que acostumbrábamos ver. Como consecuencia, ha surgido el miedo a perder lo que supuestamente es nuestro.
En una sociedad donde las personas temen y no tienen asegurados sus derechos básicos, la aprensión hacia ciertos temas es comprensible, sin el ánimo de dejar pasar intolerancias ni violencias. El miedo a perder el trabajo, tiene motivos, y es que en un país donde el acceso a la educación y salud requiere horas de espera y no está garantizado, las personas temen por la llegada de otro que tenga la opción de ocupar su lugar en la lista de espera.
El maltrato no está justificado; no concuerdo en lo más mínimo con ningún tipo de violencia. Sin embargo, sí creo que esto responde a malas políticas estatales; una grieta en la sociedad. No tenemos la culpa de haber recibido una mala educación ni de tener que luchar y esclavizarnos en un trabajo para poder vivir. Es por esto que cuando las tasas de inmigrantes suben y las villas se llenan con habitantes de otros países, algunas personas temen por sus cosas y sienten un miedo indescriptible.
Realmente parece difícil pedirle a un hombre que perdió su trabajo meses atrás que piense en que todos estos nuevos compatriotas vienen a mostrarnos su cultura, a aportarnos y ayudarnos, y es que a él no le interesa un aporte a futuro, el necesita alimentar a sus hijos, darle un hogar a su esposa hoy.
Es fácil no querer ver la otra cara de la xenofobia, porque al hacerlo estamos evidenciando un problema. Lamentablemente, si los problemas no se asumen, se agravan. Considero que la solución no es cerrar las puertas de la frontera, no es limitar ni prohibir; es resolver desde el fondo. Es educar, garantizar lo que por derecho todos deberíamos tener, es mostrar pruebas de que aquel hombre haitiano no va a ser el 22 y tú el 23 en la lista de espera.
Si el Estado y los ciudadanos no nos hacemos cargo, difícilmente cambiarán las cosas. Es hora de encontrar un equilibrio entre el poder político y el poder que nosotros, las personas comunes y corrientes tenemos en la sociedad. A fin de cuentas, cuando oigo decir que la xenofobia es el miedo de los ignorantes, concuerdo. Sin embargo, cuestiono el por qué de ese miedo. Es hora de mirar al lado con confianza y dejar de fomentar el odio y el rencor: es hora de ver la otra cara de la xenofobia.


















