Cada fin de semana «La Feria del Pueblo» o «Feria de la Lorca» recibe a cientos de personas, dentro de un barrio que nació después del aluvión de 1990 y que lleva el nombre de un personaje poco conocido por la comunidad actual.
Por: Miyarai Téllez
Diario La Cruz del sur, Liceo Cardenal Raúl Silva Henríquez
La población Alfredo Lorca se encuentra en el noreste de la ciudad de Punta Arenas. Allí, cada fin de semana, cientos de comerciantes, vendedores ocasionales, pequeños agricultores y coleccionistas que se quieren desprender de algún artículo, compran y venden productos en la ya famosa «Feria de la Lorca».
Frutas, verduras, mariscos, ropa nueva o usada, juguetes, discos de vinilo, objetos coleccionables, entre otras cosas, se pueden encontrar en este lugar. Si bien, el invierno en Punta Arenas es particularmente riguroso, esto no merma el entusiasmo de los vecinos por generar instancias de vinculación económico-social, que se manifiesta «sagradamente» cada fin de semana, convirtiéndose en una de las ferias más australes del mundo.
Guillermo Figueroa, que se instala todos los fines de semana en esta feria, menciona que: «viene harta gente. Y ya se hizo un hábito, los días sábado y domingo, o hasta los feriados. Las personas saben que van a encontrar gente aquí en la feria». Por otra parte, el comerciante se refiere a algunos detalles de su organización. «Le falta más orden a la feria, la gente se quita los espacios…, pero fuera de eso está todo bien» .
La transversalidad de la «Feria de la Lorca» es tal que uno puede encontrarse con personas de toda clase social. Algunos políticos regionales han utilizado la popularidad de la feria como vínculo directo con las necesidades ciudadanas.
El ingeniero eléctrico Adrián Gómez, quien los días domingo ocupa sus tiempos libres para buscar productos en esta feria, manifiesta: «Vengo desde hace siete años, casi todos los fines de semana, encuentro autos de colección (juguetes) y revistas, que han servido para conseguir piezas que me faltaban o para regalárselos a mis nietos».
Toda esta vorágine popular sucede en unos de los sectores más reconocidos de la ciudad, una población que ha pasado por altos y bajos, marcada en ciertos aspectos y revalorada en estos últimos años.
La población
La Villa Alfredo Lorca, nació como consecuencia del asentamiento en los actuales terrenos, por un grupo de familias que quedaron damnificadas por los aluviones que provocó el temporal y posterior desborde del río de las Minas, ocurrido en mayo de 1990, llevándose desde sueños familiares, hasta casas completas.
Luis Tapia fue dirigente vecinal los primeros años de esta población, y contó: «Nosotros tuvimos que organizarnos para poder solicitar los terrenos y para que se hiciera una población».
Relata que al comienzo las casas que se entregaban no eran lo suficientemente equipadas para satisfacer las necesidades que tenían los nuevos habitantes del sector, señalando: «Las casitas no permitían que las familias numerosas vivieran cómodamente allí dentro». No obstante, con el paso del tiempo esto fue mejorando y «mucha gente que era trabajadora, logró agrandar sus casitas, tener una cosa mejor y hoy día vemos la población Alfredo Lorca en muy buen status», agregó el ex dirigente.
La acción y organización de los vecinos han ido mejorando el clima social de la población, En 1994 se fundó el Jardín Infantil Villa Austral, dependiente de Junji y el Liceo Politécnico Cardenal Raúl Silva Henríquez, que fue entregado a la población Alfredo Lorca, para responder a la necesidad educativa de los jóvenes del sector.
Alfredo Lorca
La población Alfredo Lorca, lleva el nombre de un abogado y político perteneciente al Partido Demócrata Cristiano, y reconocido en Punta Arenas, por ocupar el cargo de senador dos períodos en representación de la décima Agrupación Provincial de Chiloé, Aysén y Magallanes hasta que el golpe militar de 1973 puso fin anticipado a su rol.
En general los habitantes de la zona poco conocen de Alfredo Lorca, a pesar de ser un nombre usado y popular dentro de la ciudad. Sin embargo, hay algunas personas que tienen recuerdos cercanos del abogado.
«Era un tipo bonachón, humano, cercano, era común y corriente», recordó Paulo Gálvez, actual funcionario municipal que conoció al senador. También destacó que Lorca fue un político de otra época y que consiguió en su gestión muchos beneficios para Magallanes, como la rebaja de los pasajes aéreos.
También contó que Lorca era un tipo desprendido: «En esa época yo trabajaba como empaque en un autoservicio y ganaba un dinero, que era equivalente a quinientos escudos, un buen sueldo. Me pagaba cien escudos por ir a dejar un ramo de rosas. Creo que la población merece llevar el nombre de don Alfredo».





















