Expedición tras el hundimiento del Vapor Itata despierta la historia

Expedición tras el hundimiento del Vapor Itata despierta la historia

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A 96 años del mayor naufragio de la historia naval de Chile, un grupo de investigadores de la Universidad Católica del Norte, logró localizar los restos de esta embarcación que dejó 374 muertos al malograrse frente a las costas de la comuna de La Higuera, en la IV Región.   

Autora: Martina Brown Sáez     

La Gazzetta Della Scuola, Scuola Italiana Alcide De Gasperi  (La Serena)

A una profundidad cercana a los 200 metros, frente a las escarpadas costas del pueblo de Los Choros, comuna de La Higuera el robot submarino ROV logró localizar el sitio exacto donde descansa en silencio, con la complicidad de las corrientes submarinas, el Vapor Itata. Un imponente coloso de acero que otrora surcaba majestuoso esta parte del continente y que sufrió la rigurosidad del océano Pacífico en toda su magnitud.

En un esfuerzo conjunto la Universidad Católica del Norte, la Armada de Chile y la ONG Oceana, se dieron a la tarea de intentar despertar a este gigante dormido. Según la Doctora Ariadna Mecho, jefa del proyecto de la UCN, “en Chile bajo los 200 metros hay muy poca ciencia realizada, por lo que el desafío de recuperar muestras de lo que hay en el fondo es tremendamente demandante, por lo mismo apasionante”.

En el año 1922 un frío 28 de agosto, el vapor Itata, una embarcación perteneciente a la Compañía Sudamericana de Vapores, en uno de sus tantos trayectos tuvo lugar la mayor tragedia marítima de nuestra historia. Aquel fatídico invierno ese periplo no tendría regreso, con escenario en la IV Región del país, terminaría por ser el último del navío y de cientos de compatriotas que esperaban recalar en la zona norte para integrarse a las faenas salitreras.

En conversación con La Gazzetta della Scuola, Ricardo Bordones Arancibia, académico de la Universidad Católica del Norte, resaltó la importancia del proyecto que nació hace diez años. Junto al biólogo marino Carlos Cortés, decidieron investigar el hundimiento de un vapor, “hicimos gestiones para conseguir un barco con la tecnología que permitiese barrer el fondo marino, así estuvimos alrededor de siete años esperando que algún buque de la Armada nos diera algunas horas de sondaje, fuimos cubriendo parte del área, si bien al principio fue infructuoso, sirvió para darnos a conocer y mostrar el proyecto».

El docente recordó que un día «Apareció el capitán de un barco de pesca de arrastre que después de ver una entrevista en televisión nos dijo que sabía dónde estaba el Itata, porque se había enredado con su red hace quince años. Luego la ONG, organización no gubernamental, OCEANA, nos facilitó un robot y estuvimos alrededor de cinco días, buscando a ciegas en el fondo marino a doscientos metros, hasta que caímos arriba del Itata”, agregó con emoción.

Bordones aclara que la palabra caímos, se refiere a un tecnicismo propio de la investigación, pues descendieron desde la superficie con el robot sobre el siniestrado vapor, “pudimos filmarlo y determinar el punto exacto donde estaba el naufragio”, enfatizó.

Reconstrucción histórica

Por su parte, Carlos Cortés Riquelme, biólogo marino de la Universidad Católica del Norte y coprotagonista de la expedición, señaló que durante el proceso investigativo, encontraron dos libros inéditos escritos por dos de los propios náufragos sobrevivientes del Itata, textos que se creían perdidos y que fueron claves en la reconstrucción histórica de la tragedia de esta nave.

Al ser consultado por la razón que hayan pasado casi cien años entre la tragedia y el descubrimiento del barco hundido, indicó que obedecía a dos razones fundamentales, “primero este era un barco de obreros, y cuando muere gente de la clase obrera o gente pobre, a nadie le importa mucho, de hecho la Armada de aquel entonces no los fue a rescatar, tremenda negligencia. La otra hipótesis de por qué nadie supo nada del barco durante tantos años es debido a que después del Itata, a los tres meses se produjo un terremoto con maremoto acá en el norte chico de nuestro país, donde murieron casi dos mil personas, entonces los muertos del Itata ya no significaban mucho frente a esta nueva mortandad, por lo mismo la noticia del naufragio dejó de ser tan importante” detalló el biólogo marino.

La investigación continúa, “ahora nos llegó un robot submarino que lo manejamos nosotros, puede explorar hasta mil metros de profundidad y tiene un brazo hidráulico con el cual podemos tomar objetos desde el fondo. Por lo mismo y con la ayuda de este recurso realizaremos un trabajo de investigación arqueológica que nos permitirá rescatar restos del Itata y poder ponerlos en un museo en el pueblo de Los Choros, en la comuna de La Higuera”, comentó con gran entusiasmo el profesional.

Desde el punto de vista de otro de los integrantes en este proyecto, el Gobernador Marítimo de Coquimbo Capitán de Fragata Sigfrido Ramírez Braun, indicó que “la Armada de Chile, dentro de sus posibilidades, siempre ha estado dispuesta a apoyar la labor de los investigadores Bordones y Cortés, con el claro objetivo de poder conocer y proteger una parte importante del patrimonio marítimo de nuestro país, convencidos de la tremenda importancia de la expedición”.

Actualmente, los participantes de la iniciativa histórica-cultural aspiran a la confección de un documental que escudriñe en los últimos momentos del vapor Itata y sus ocupantes perecidos. Para ello, esperan poder rescatar los restos del acorazado, que se encuentran en las profundidades del océano.

“El Itata fue declarado Patrimonio Nacional y ahora estamos tratando de que sea patrimonio de la Unesco”. El próximo desafío del equipo de expertos es desarrollar un plan de investigación arqueológico subacuático para poder alcanzar los elementos de interés científico e histórico que existan en el barco y que ayuden a la reconstrucción de un fragmento de la historia. Al corto plazo se espera contar con los recursos necesarios para erigir una sala museográfica en la comuna de La Higuera.

ROV, Tecnología al servicio de la investigación (recuadro)

Una de las mayores dificultades que vivió el equipo de investigación de la UCN, fue la imposibilidad de acceder por medios exclusivamente humanos al fondo marino, sitio donde se encuentra el Vapor Itata, por lo mismo debieron recurrir a tecnología de punta en lo que a robótica se refiere para alcanzar los anhelados 200 metros de profundidad.

Se trata del ROV, acrónimo del inglés Remote Operated Vehicle, un robot submarino controlado por un operador desde la superficie, a través de señales de radio o mediante una línea que lo conecta con el manipulador. Este sistema se denomina Tether o Umbilical, que se compone de conductores de alta tensión, guías de señal y cables de fibra óptica.

La energía y las órdenes se envían mediante un mando a distancia a través del cable al robot. Los ROVS pueden llevar una gran variedad de brazos manipuladores para realizar trabajos de distintas índoles en las profundidades, o simplemente una cámara con el fin de captar las imágenes del fondo del mar.

En el caso del ROV que colabora con el equipo de la Universidad Católica del Norte, cuenta con una capacidad técnica para alcanzar los mil metros de profundidad y un brazo mecánico de alta eficacia. El valor de esta tecnología alcanzó la suma cercana a los $240 millones y cabe destacar que es implementación tecnológica única en trabajos investigativos en esta parte del pacífico.

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