Caminar a través de la ruta mistraliana

Caminar a través de la ruta mistraliana

Compartir

Autora: Rosario Hevia Zepeda

La Gazzetta Della Scuola,  Scuola Italiana Alcide De Gasperi

Hace poco escuchaba una conversación sobre la importancia del rol de la mujer en nuestra sociedad. Se nombraba a mujeres de la talla de Elena Caffarena y Anita Lizana, pero la persona que me pareció una digna representante de nuestra tierra, por sobre los discursos sexistas de moda, fue Lucila Godoy Alcayaga, Gabriela Mistral.

Más allá de haber incursionado en terrenos tan diversos como la educación, la diplomacia, la política y obviamente, la literatura, mi reflexión es más simple: esta niña adolescente, nacida y criada en el corazón de Valle de Elqui, a más de tres horas de la ciudad de La Serena, ganándole a la vida, gritando desde la América profunda, “todas íbamos a ser reinas”. Sin duda, la visión de principios de siglo la instalaban en un asoleado mesón de una huerta elquina pelando sabrosos duraznos; pero su tenacidad decidió ponerla en Estocolmo, recibiendo el Premio Nobel de Literatura, y junto a ella, el nombre de Chile en lo más alto del mundo.

Por lo mismo me apena de sobremanera saber que las casas que habitó Gabriela, en nuestra región, estén generando algún tipo de polémica, donde se da a conocer la posible pérdida de recursos para su mantención, por un lado, y la falta de compromiso político por otro. Es impresionante que hoy no existan voluntades administrativas o gubernamentales orientadas a salvaguardar un patrimonio tan sensible y representativo para nuestra zona.

Las responsabilidades para la mantención de estas casas es netamente estatal, para lo cual existe un secretario regional ministerial de Cultura y, además la Subsecretaría de Desarrollo Regional. Ambos deben coincidir en proyecciones de desafíos, sostenidos en el tiempo, y que hoy lamentablemente no han podido llegar acuerdos, lo cual desde toda óptica pareciera un total despropósito.

Los desacuerdos ideológicos generalmente instan a replantearse y crear otras acciones; sin embargo, debe primar el sentido común como emblema de unión y convergencia.

En el sector de Las Compañías, existe otra casa que cobijó a la poetisa, la cual se encuentra en precarias condiciones. Nunca ha sido intervenida ni restaurada, sin embargo, en 1998 fue declarada Monumento Nacional. Es más, en el año 2007 la Presidenta Bachelet la incluyó dentro de la “Ruta de Gabriela Mistral, por lo mismo debía ser inaugurada tras ser reparada para la recepción de turistas a partir del año 2009.

Como se puede adivinar, no se hizo: hoy luce una fachada derruida y deteriorada, y es altamente probable que el paso del tiempo, el efecto de las lluvias y la negligencia humana hayan debilitado inevitablemente sus condiciones físicas, haciéndola vulnerable a cualquier movimiento telúrico. Es decir, de no hacer nada, estaremos en presencia de la pérdida de una casa con gran valor patrimonial y arquitectónico.

Muchos de los turistas que visitan nuestra región no lo hacen con la única esperanza de  poder conocer los privilegios naturales que nuestra zona entrega; puedo asegurar que esta presencia también radica en un interés cultural por la historia de una gran escritora, considerando además que la cultura general que reside en cada ser humano, nace por conocimientos, estudios y educación, y se cuantifica por la experiencia de vivir y palpar.

Creo y respeto los patrimonios culturales y mi inquietud es un llamado desesperado a no perder el valor de esta riqueza inmensurable que nos han dejado nuestros antepasados, lo cual nos proporciona un inquebrantable vínculo, a través de una fusión de pasado, actualidad y futuro, mezcla de tiempos que nos llaman a ser protagonistas de nuestra propia historia.

Espero que estos “piececitos azulosos de fríos” los veamos, valoremos y cubramos como lo soñó Gabriela. Mientras las aguas del río Claro golpeaban las matas de duraznos azotados por el sol del generoso Valle, es justo concluir con una cita de la propia poetisa: “Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino”.

No hay comentarios