Autora: Dafne Angel
Diario Marista Curioso, Colegio Nuestra Señora de Andacollo
Pese a que nuestros padres son efusivos consumidores de tecnología, todavía es común escuchar quejas de que sus hijos pasan horas frente a una pantalla. Lo que ellos no comprenden es que, lejos de arruinarles la vida, lo que están generando es potenciar la inteligencia de sus hijos.
Existen diversos estudios científicos que determinan que el uso de videojuegos no hace más que potenciar y expandir la metacognición del jugador. Veinte horas semanales de juego en consola y una persona es capaz de trazar estrategias complejas a partir del uso de pistas, mejorando las habilidades probabilísticas desarrolladas en una resolución de una prueba.
Por otra parte, un grupo de expertos en neurología de la universidad de Texas, determinó que las experiencias presentes en los videojuegos estimulan un área del cerebro llamada hipocampo, lo que ayuda a evitar pérdidas cognitivas por factores como la edad. Junto con ello, mejora la capacidad de retención y memoria a corto plazo.
Lo más interesante de todo se logró con pacientes que padecen de Alzheimer, los cuales fueron sometidos a treinta minutos de juego durante dos horas, lo que provocó un mayor aumento en la zona de la corteza dorsolateral, prefrontal y el cerebelo, zonas que agilizan nuestra agilidad y recordatorio mental.
Lo anteriormente señalado, sumado al factor social que permite relacionarnos con personas de distintos lugares y nacionalidades, favoreciendo el intercambio cultural e idiomático, no hace mas que confirmar que los efectos positivos de los videojuegos, son un aliado para la educación, sobre todo en un país que carece de políticas y formas de hacer pedagogía para los tiempos modernos.


















