Autora: Daniela Sofía Pástor Gutiérrez
Diario La Comarca de los Inútiles, Liceo Comercial Diego Portales (Rancagua)
La humanidad siempre se ha desplazado y la gente siempre empacó su vida en busca de trabajo, familiares, comida, refugio o seguridad, pero es ¿Fácil o difícil adaptarse a este gran cambio?
A mí también me tocó migrar y no fue una decisión fácil. Mi madre y yo hablamos sobre los cambios que queríamos, buscamos un país donde yo pudiera continuar mis estudios y más que todo por vivir esa experiencia. Elegimos un país donde se hablara el mismo idioma, donde las costumbres fueran un poco parecidas para que no se hiciera difícil nuestra estadía; aunque siempre pensando en que si nuestra situación se volvía caótica, en el caso que mi madre no pudiera conseguir trabajo o que fuera difícil conseguir un establecimiento para que yo estudiara, podríamos regresar.
Pero no fue así, nos ha ido muy bien. Viajamos 5 días, el primer día fue doloroso dejar la familia y a medida que los kilómetros me distanciaban de mi país sentía un dolor profundo al dejar mi tierra querida, en el bus que nos conducía hicimos amigos. La única menor de edad que venía en el bus con el firme propósito de estudiar era yo, el resto de los pasajeros eran mayores de 30 años y tenían en mente trabajar, todos eran de diversas nacionalidades algunos venían viajando 4 días antes de que nosotros empezáramos nuestra travesía.
Nosotros hemos ido marcando la historia por miles de años al ser unos migrantes. Somos parte de los 1.251.225 personas extranjeras residentes habituales en Chile, según la estimación realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en conjunto con el Departamento de Extranjería y Migración (DEM), en diciembre de 2018.
Al llegar a territorio chileno nos dirigimos a nuestro nuevo hogar en Rancagua, donde pudimos descansar tranquilamente después de tan largo y agotador viaje. A los pocos días de llegar ya estábamos haciendo los trámites necesarios para que yo pudiera estudiar y entregar todos los documentos que validaban mi educación en Ecuador. Después de comenzar esos trámites debía buscar un colegio cerca de casa, ya que aún no conocíamos la mayoría de los lugares y teníamos un gran desconocimiento de a dónde lleva cada micro, lo cual nos costó una que otra anécdota graciosa donde fuimos a parar en algún sitio pérdidas.
Al llegar al nuevo colegio, era la única niña extranjera en mi curso y a mis compañeros les llamaba mucho la atención mí acento o los distintos modismos. Académicamente me desempeñé muy bien, no tuve problemas en las clases que nos impartían y para mi madre no fue difícil conseguir un trabajo, lo complicado fueron las personas adultas las cuales son apáticas con el extranjero en la mayoría de los casos y recibíamos malos comentarios, teniendo malas experiencias, mas no con la juventud porque a esta se le hace más fácil la comprensión y el diálogo.
Finalmente a pesar de las malas experiencias que he tenido junto a mi madre hemos salido adelante, sintiéndonos agradecidos por todas las personas que en algún momento nos ayudaron.





















