PSU: Probando Ser (in)Útil

PSU: Probando Ser (in)Útil

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Por: Valentina Rabanal

Diario El Quisquilloso, Colegio San José (San Bernardo)

Dicen que la etapa escolar es una de las mejores durante la vida, pero también podrían decirnos que es donde más se sufre como persona, por todos los deberes y desafíos que, sin desearlos, nos invaden al momento que comenzamos la enseñanza media.

Aún tengo latente el discurso que me dieron cuando terminé el 8° básico: Ahora sabrás lo que es luchar por las notas. Si quieres ser alguien, estudia, prepárate para la PSU, elige bien y otras tantas frases que en vez de alentar, desorientan nuestra libertad de ser humano.

Actualmente curso 2° medio y la situación sigue empeorando. Recibo constantes avisos publicitarios para inscribirme en preuniversitarios, visitar universidades privadas e incluso créditos para estudiar por si no obtengo un alto puntaje.

La Prueba de Selección Universitaria, más conocida como PSU, es el test implementado en Chile desde 2003 para el proceso de admisión a la educación universitaria, que reemplazó la otrora Prueba Aptitud Académica, PAA, vigente en nuestro país entre 1966 y 2002.

Es así como cada año, alrededor de 290.000 personas, la mayoría estudiantes en el último año escolar, se reúnen para rendir esta prueba que desde sus inicios ha sufrido con las críticas sobre su real eficiencia, principalmente porque consolida la desigualdad. Según un estudio de la Universidad de los Andes realizado el año 2018, de los diez colegios con mejores puntajes, sólo uno es municipal, el Liceo Augusto D’Halmar de Ñuñoa.

Parece irrisorio pensar que mi futuro estará supeditado por una evaluación circunstancial que, más allá que mida contenidos o habilidades que uno debería conocer, juega con el azar.

¿Qué pasa si el día que debo rendirla me enfermo o estoy emocionalmente afectada? Chao carrera universitaria.

No concibo que en poco más de 2 horas para cada prueba, se determine mi futuro. También me pregunto qué pasará con mi vida si no obtengo un puntaje acorde a lo que exigen las universidades, ya que socialmente te condicionan a que debes entrar a la universidad.

Las cifras claras, y por qué no, muy crueles, muestran que la PSU no mide conocimientos y provoca una gran brecha social y económica. Durante el 2018 más de la mitad del estudiantado perteneciente a colegios municipales y particulares subvencionados no logró entrar a la universidad, mientras que casi la totalidad de particulares sí lo hizo.

Faltan casi dos años para rendirla y ya estoy estresada. No quiero ser parte de la estadística funesta ni tampoco perderme momentos valiosos del colegio por estar pendiente de una prueba segregadora.

No tengo por qué sentirme útil e importante solo por sacar un alto puntaje, menos necesitar sentirme persona por el único hecho de entrar a la universidad. Las actitudes no deben evaluarse.

La PSU realmente debería llamarse Prueba Sin (H)umanidad o definirse como un instrumento que busca Probar Ser Útiles (más bien inútil) para esta sociedad que ve solo la punta del iceberg.

 

 

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