La importancia de dormir y descansar

La importancia de dormir y descansar

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Por: Zamara Sepúlveda

Diario Hojas de Hielo, Liceo Politécnico Cardenal Raúl Silva Henríquez (Punta Arenas)

La Región de Magallanes, desde donde escribo esta columna, ha mantenido en los dos últimos años su horario de verano, a diferencia del resto del país que tiene uno de verano y otro de invierno. Esta decisión se tomó a nivel central en base a una investigación que realizó el Centro de Estudios de los Recursos Energéticos de la Universidad de Magallanes, quienes a través de un análisis entregaron las opiniones y posibles beneficios para la población y el comercio.

Conversando con otros estudiantes, concordamos en establecer que este cambio ha sido beneficioso, pero que no soluciona todo. El dormir poco y mal afecta en la concentración durante el día e incluso en nuestros estados de ánimo.

Según un reporte del 2017, entregado por el programa Aliméntate Sano, del Centro de Nutrición Molecular y Enfermedades Crónicas de la Universidad Católica y la Fundación Banmédica, el 81% de los chilenos duerme menos de las horas mínimas recomendadas, siendo preocupante para la salud de la población. El dormir correctamente no solo puede ayudar en nuestra vida cotidiana, sino que también ayuda a descansar el cuerpo, ya que el cerebro sigue funcionando aun si nosotros estamos durmiendo.

La Doctora Andrea Contreras, neuróloga del Centro del Sueño de la Clínica Las Condes, señala que una mala calidad del sueño tiene graves efectos en la salud, pudiendo generar trastornos metabólicos que derivan en mayor tendencia al sobrepeso, obesidad y diabetes, trastornos cardiovasculares, alteraciones del sistema inmunológico, afectar la piel, produciendo deshidratación y aumentar el riesgo de accidentabilidad.

Igualmente, el buen descanso, eleva el estado del ánimo, la productividad académica y laboral ya que el rendimiento óptimo se logra cuando hay un equilibrio entre las horas dedicadas al trabajo, el estudio y el descanso.

Se estima que las horas de sueño adecuadas para un adolescente son entre 10 a 8 horas y para las personas adultas de 7 a 9 horas.

Se hace imperioso para jóvenes como nosotros, el contar con los elementos que permitan mejorar el descanso, desde tener un colchón y almohadas cómodas, un ambiente con la iluminación apropiada, además de mantener una rutina, incluso los fines de semana, alejándose del celular y de los estímulos auditivos.

El Estado, las empresas y a nivel educativo deberían dar más importancia al tema de descansar correctamente. Un ejemplo para esto, es que se adopten medidas concretas en nuestra región: la entrada a los establecimientos educacionales en invierno, cuando la oscuridad arrecia, sea a las 9:30, para que así los estudiantes y profesores tengan un mejor rendimiento tanto laboral como académico. El mal descanso, debe ser parte de la agenda política, ya que nos afecta en nuestra vida escolar y posteriormente en la vida laboral.

Tenemos claro que nuestro país está sufriendo una crisis de salud mental y las medidas deben partir pronto. Luego será muy tarde.

 

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