Autor: Cristián Soublette Tocornal
Diario La Trascendencia, Colegio San José de Chicureo (Colina).
No es fácil pensar que en nuestras mismas redes sociales seamos tan vulnerables como cuando nos exponemos a cualquier peligro. Infiltración de datos, robo de imágenes e información privada, malversación de fondos monetarios, son unas de las consecuencias mínimas que tenemos como usuarios a la hora de asociarnos con las plataformas sociales. Para los altos mandos de las redes sociales no somos más que soldadillos de su negocio porque, nos guste o no, somos víctimas de nuestro propio ocio. Ser parte de Instagram o Facebook puede ser muy entretenido, o incluso adictivo pero, desafortunadamente, estamos constantemente exponiéndonos y siendo expuestos al acecho de una mala pasada.
No sabemos qué puede pasar con una foto o video que posteamos, o con lo que comentamos en alguna cuenta, porque la verdad, un hacker o la misma plataforma social en sí, puede estar usurpando o utilizando nuestros datos en base a sus propios beneficios. De alguna forma, al registrarnos en una red social, debemos entregar nuestros datos personales como condicional para formar parte de ella pero lo que, de algún modo, nos termina afectando, ya que la entrega de parte de nuestra identidad y lo que nos pertenece, ya nos hace seres vulnerables y privados de resguardo.
La venta de datos también forma parte de este fenómeno. Más de dos tercios (69%) de las personas que tienen perfil de Facebook entraron a la venta de perfiles, incluso gracias a esto se han cometido robos o abusos en redes sociales. También se ha llegado a un punto en donde los publicistas usan esta información para el marketing. La mayoría de la venta de información de perfiles se encuentra en diferentes foros. Los hallazgos también muestran que quienes venden datos privados entregan información de algunas personas de forma gratuita, para usarla como publicidad de sus servicios. En una se encuentran 30.000 víctimas de fraude de identidad, casi un tercio (8,646) se encontró en la web, con nombre, fecha de nacimiento, correo electrónico y número de teléfono, de acuerdo a BBC. No es necesario describir más. Si vivimos permanentemente en riesgo y controlados, ¿qué será de nuestra integridad en las Redes Sociales?
Al ser consciente de todo esto ya no puedes confiar en las redes sociales, ya que tu privacidad no existe y tal vez tu información personal esté rondando por internet y cada vez hay más gente que tiene tu perfil. Por lo cual, ¿cuándo podremos confiar para que seamos parte del mundo cibernético, sin tener que arriesgarse a la usurpación de nombre o al robo de datos, por ejemplo?
¿Qué tan seguros nos podemos sentir utilizando nuestras RRSS?, ni nosotros podemos responder esta interrogante. Creemos que lo manejamos todo, pero en realidad, el poder de las plataformas sociales traspasa cualquier creencia tirada al aire. La realidad, no puede más que aterrarnos. Increíblemente, esto de poner la fecha de nacimiento u otros datos de mayor privacidad, nos expone de una forma incapaz de describirse.
Por mucho tiempo los millonarios dueños de las RRSS negaron ser parte de la famosa Teoría de la conspiración, pero de acuerdo a las últimas revelaciones de Mark Zuckerberg, ¿cómo podemos llegar a estar plenamente seguros de que el servicio que se nos brinda cumpla con las denominadas políticas de privacidad? Como usuario, esto genera desconfianza y es imprescindible que la normativa de la protección de datos personales sea verídica y no un papeleo o un control externo con desconocimiento de éste. Cada vez que accedo a Instagram o a Facebook, no sé que pudiese estar pasando con mis datos personales. No me siento protegido.
No obstante, lo importante no es vivir con un miedo constante y no tener acceso a las redes sociales. Crucialmente, debemos saber cómo utilizarlas, y de qué forma funcionan las diferentes plataformas sociales con sus políticas y normativas privadas. Sin rodeos, la red social, es nada más ni menos que una especie de contrato sujeto una modificación que, en su mayoría, nos desvincula de nuestra propia individualidad respecto a nuestros datos personales.





















