La discriminación sigue estando presente y nos daña

La discriminación sigue estando presente y nos daña

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Por: Mara Muñoz

Diario La Voz del Itata, Escuela Villa Jesus de Coelemu

Chile hoy se ha convertido en un país muy atractivo para los extranjeros y cada día están llegando habitantes de otros países a conocer, aprender y trabajar en nuestro país.

Diversas nacionalidades como venezolanos, haitianos, españoles, colombianos, palestinos han llegado a formar familia y a mejorar sus condiciones de vida. Según la información entregada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) un 6,6% de la población corresponde a población inmigrante, equivalente a 1.251.225 personas.

Personas de diferentes países que antes llegaban principalmente a las grandes ciudades, hoy están presentes diariamente en localidades pequeñas y podemos escuchar sus idiomas, probar sus comidas y conocer sus costumbres.

Sin embargo, también se han realizado acciones de discriminación hacia estos nuevos habitantes de nuestro país. La discriminación surge por muchos factores, por tu apellido, tu color de piel, pero según mi opinión por la falta de voluntad para conocer a otra persona. También se debe a la ignorancia que no querer aprender de la cultura de otras personas.

Esta discriminación se ve cuando vas al hospital o cuando vas a una tienda, en realidad se ve en todos lados. En varias ocasiones he visto que cuando tu apellido es de una familia con más dinero te atienden más rápido que a otros. Cuando comenzaron a llegar los primeros extranjeros de un color de piel diferente, la gente se daba vuelta a mirar en las calles y sus comentarios no siempre eran positivos, incluso con apodos a veces ofensivos. También he podido escuchar cuando andan buscando trabajo que les ofrecen las labores que otros chilenos no quieren realizar y por menos dinero, aprovechándose de sus necesidades.

Muchos de los que he visto no hablan el idioma por lo que les cuesta ambientarse y conocer gente que les pueda ayudar, a veces no entienden las instrucciones por no entender español.

También he podido sentir la incomodidad de reconocer la ascendencia o un apellido indígena para no ser molestado por los demás, como si eso fuese motivo de burla.

Me llama mucho la atención que los comentarios de burlas, apodos y groserías que provocan dolor a quienes las sufren sean ocasionados por adultos, ya que son ellos quienes deben darnos el ejemplo. He escuchado comentarios de personas grandes que dicen que “ojalá no llegue más esta gente”, y no entiendo como no aprecian todo lo que podemos aprender.

En este país muchas personas reciben un trato especial porque dicen que sus familias eran de Europa o cuyos rasgos físicos son blancos y de ojos de color.

Desde mi punto de vista esta discriminación no debería darse y menos en niños. Nadie merece ser marcado por sus características físicas, ni su color de piel, o por su apellido. No es correcto que una persona inmigrante deba aceptar un trato injusto y mucho menos que crea que es normal. Todos merecemos un trato justo y equitativo para todos.

Si queremos lograr nuestras metas debemos luchar para conseguirlas, no importa la raza, o lo diferente que alguien pueda ser, nadie es mejor que nadie y todos tenemos los mismos derechos y merecemos el mismo respeto.

Yo no estoy de acuerdo con el rechazo a los inmigrantes y menos por la discriminación que sufren. Muchas veces eso deja a las personas marcadas para toda su vida.

Algunos luchan más de lo que pueden para conseguir lo que buscan.

La diferencia en muchos sentidos debería ser valorada como la riqueza que mueve y hace crecer una sociedad, no como algo negativo.

 

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