Por: Tamara Torres
Diario Hojas de Hielo, Liceo Politécnico Cárdenal Raúl Silva Henríquez (Punta Arenas)
Al caminar por las calles de Punta Arenas, es muy común ver a vendedores de objetos de lana, joyas y poleras con símbolos de pueblos originarios de nuestra zona con un profundo significado espiritual y simbólico, principalmente de los desaparecidos Aonikenk y Selknam.
La plaza de armas, el aeropuerto y algunos restaurantes, muestran el trabajo de diferentes artesanos y empresas que recogen estas expresiones y las transforman en bienes de consumo.
Una variedad de productos que confirman la expresión de que el etnoturismo vive un boom. Los viajeros de todo el mundo quieren conocer la parte más humana de toda la actividad turística, especialmente a los pueblos originarios de cada país.
En tanto la Organización Mundial del Turismo (OMT), define al etnoturismo como “la visita a los lugares de procedencia propia o ancestral, consistiendo en visitas motivadas por el deseo de reencontrarse con las raíces”. Las raíces de los pueblos, específicamente sus símbolos, convertidos en mercancías.
Quedarse con un souvenir, dormir en una ruca mapuche, recorrer la vida de los antepasados con la cultura rupestre o simplemente caminar por las rutas de los aymaras en el altiplano son experiencias a las que ningún turista queda indiferente.
Mónica Zalaquett, Subsecretaria de Turismo indica que nuestro país tiene una atractiva y diversa oferta de turismo indígena, compuesta mayoritariamente por emprendedores, y que el Estado está trabajando fuertemente en capacitar para ayudar a los operadores locales a mejorar su oferta, a fortalecer sus capacidades comerciales y que así puedan hacer crecer sus emprendimientos y prestar servicios en el mercado interno o incluso consolidarse como una oferta exportable.
La Ley de Propiedad Industrial, en su artículo 20, señala que entre algunas de las denominaciones que no pueden aplicarse como marcas, están aquellas referidas a expresiones o signos empleados para indicar género, naturaleza, origen, nacionalidad o procedencia, además, de aquellas que guardan relación con escudos, emblemas nacionales, denominaciones o siglas de cualquier Estado. Sin embargo, no se menciona imposibilidad respecto al uso de nombres que aludan a los pueblos originarios, ni a sus signos o símbolos. Entonces, cualquier persona o empresa pueden utilizar símbolos o signos propios de algún pueblo originario. No es necesario obtener permiso para la venta de mercancías que utilicen esta simbología.
El abogado y académico de la Universidad de Chile, experto en tópicos relacionados a la protección del derechos indígena Salvador Millaleo, en nota publicada por Radio Universidad de Chile, destaca que estos símbolos se utilizan como una moda étnica para fortalecer la presencia en el mercado de un bien de servicio, pero que los pueblos indígenas no tienen participación ni ganancia y que entonces son marcas engañosas. Interesante es señalar que de acuerdo a la opinión de este especialista, en el resto del mundo se sanciona esta práctica.
Nada nos garantiza que el uso de estos símbolos, logos y nombres, sea ocupado de manera adecuada. No sabemos reconocer un supuesto homenaje artístico o una burda apropiación cultural. Muchas veces esto se transforma en una delgada línea muy difícil de detectar en la que entra en juego la identidad de pueblos y comunidades a los que, además, no se les hace partícipe de los beneficios obtenidos.
Esto muestra la falta de respeto que tenemos en Chile por los emblemas y las culturas indígenas en general. Creo que es imperioso legislar sobre esta materia. El uso de los símbolos evita el olvido de nuestros pueblos, pero la regulación permite proteger el patrimonio y probablemente preservar de mejor manera la memoria sobre nuestros antepasados. ¡Hay mucho por hacer!





















