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Una artista y docente que lleva más de 60 años desarrollando el sentido de identidad a través de la práctica y difusión de la cultura folclórica del país.

Autoras: Rocío Maldonado – Valentina Rabanal

Diario El Quisquilloso, Colegio San José de San Bernardo.

En el Chile de hoy no abundan los referentes culturales ni tampoco el arte se conforma como una necesidad básica para la sociedad. No obstante, tal desesperanza no parece importarle a quienes luchan cada día por perpetuar el arte en lo más alto. Bajo esta consigna, desde hace año destaca una figura latente que ha buscado recobrar el valor de lo nuestro.

Elena Valdivia Silva, folclorista de corazón y docente de profesión, nace el 23 de agosto de 1937 en Hualañé, y con el tiempo se radica en San Bernardo, donde desempeña una carrera artística reconocida nacional e internacionalmente.

Tiene 82 años, es la quinta de 15 hermanos y fundadora de Los Chenitas, uno de los grupos folclóricos infantiles más antiguo del país.

El Chile de hoy para Elena es distinto al de sus grandes referentes. “En mis tiempos la historia se vivía y respetaba. Hoy en los colegios existe un olvido. No hay un afán por desarrollar y acrecentar el espíritu creativo en los estudiantes, tampoco por trabajar  la imaginación, delicadeza estética y poética en torno a nuestro entorno y tradiciones que son un valioso legado para nuestros hijos y alumnos en pro de su vida”, afirma con emoción la artista.

A pesar de las diferencias, coincide con esas grandes mujeres que marcaron la historia cultural de Chile en la pasión por el arte y el deseo desinteresado de perpetuar la raíces identitarias mediante la interpretación folclórica.

El primer compás

¿Qué recuerdos tiene de su niñez  y de su etapa formadora?
Recuerdo estar jugando con mis hermanos en nuestra casa entre las grandes piezas, corredores y patios rodeados de jardines donde comencé a aprender el valor del juego y que hoy es el elemento infaltable en mi creación. Cantábamos tanto las rondas de Gabriela Mistral que llegamos a pensar que éramos nosotras las autoras, sobre todo porque sentíamos propio aquel bien cultural.

Uno de mis mayores recuerdos es cuando estuve estudiando en la Escuela Normal de Curicó. Ahí me decían ¿Por qué no formas un conjunto  folclórico?,  pero me negaba. Yo tocaba piano, cantaba, bailaba, pero no quería crear ningún grupo. El destino se encargó de colocar las cosas en su lugar, por lo que en el año 59, ya habiendo regresado a San Bernardo, me matriculo en los cursos libres de la escuela de varones, Abelardo Núñez, e ingreso al curso de educación física pues tenía el rubro folclor, danzas antiguas y campesina, iniciando así un amor que jamás dejaría de sentir por el folclor y todo lo que lo rodea. Desde ese momento empecé un trabajo de investigación que no tiene para cuando acabar.

La folclorista se emociona al rememorar el pasado que evoca las raíces que permitieron transformarla en la mujer que es hoy; una persona humana, espontánea, enérgica, amena y solidaria. Gracias al rol que tuvo su familia y la escuela en sus primeros años, pudo desarrollar el espíritu creativo y crear obras de arte que hoy son un valioso legado tanto para los suyos como para sus alumnos.

En 1964 apareció en su vida Arturo García Araneda, uno de los personajes más importantes del movimiento cultural de San Bernardo, transformándose en su esposo y con quien iniciaría un amor indisoluble. También generaron una de las alianzas formativas y culturales más respetadas en la comuna, que sólo acabó por culpa de un infarto fulminante que causó la muerte del folclorista en enero de 2012.

Como profesora normalista, ¿qué les diría a los profesores de hoy?
Al niño no se le puede engañar, al contrario, debemos darle instancias donde sea dueño de su espacio y así libere las energías porque solo mediante el juego puede hacer surgir la creatividad e imaginación.
Es imperioso enseñarles a amar nuestro entorno, nuestro hogar, nuestro barrio y comuna. Sólo así comprenderemos que somos granitos de arena que podemos conformar una férrea roca de identidad. La mejor estrategia de trabajo para extraer del niño sus costumbres es mediante el dibujo proyectivo que dará pautas de la forma en que se ve inserto en su vida familiar y social y cómo vive la tradición.

La artista, procurando practicar con el ejemplo, educó a su hija Rocío García Valdivia con los valores que siempre ha enseñado a través de su arte, transmitiéndole parte importante de su legado al concederle actualmente la subdirección de Los Chenitas.

Los Chenitas, su mayor inspiración

Elena Valdivia, en el año 1964 se trasladó a la Escuela de Cultura Artística de San Bernardo para conformar un grupo con las escuelas primarias, dando origen así a Los Chenitas, conjunto infantil al que ha dedicado gran parte de su vida.

Entendemos que creó varios grupos infantiles y hoy uno de ellos es de los más antiguos en el país ¿Cómo fue su conformación?
Están bien informadas. Ese grupo son Los Chenitas. Con ellos comencé una etapa de aplicación artística de la cultura tradicional, pues quise generar un catastro de la intensa actividad lúdica que todavía por esos tiempos acompañaba a los niños. Para ello, conté con la colaboración de la genial Clara Solovera, quien al ver este grupo no paró de alabarlos por sus dotes e incluso por nuestro trabajo nos invitaron de canal 13 a cuanto evento cultural existiera.
Tenemos más de 25 producciones, entre discos de larga duración, casetes, discos compactos y DVD. Todo el material se utiliza en las salas de clases con un uso transversal en todas las materias.

Junto a su marido, también dieron vida a los festivales de coro, villancicos, al Festival Nacional del Folclor de San Bernardo y son intelectualmente los responsables del Festival Abril Cuecas Mil, que organiza la comuna en el cuarto mes del año.

¿Algún secreto para lograr esta enseñanza? ¿Cómo pudo lograr que un grupo de niños entregue tanta dedicación a  una manifestación artística?
Todas las obras que he creado desde el ámbito lúdico y repertorio musical, conservan un paréntesis donde el escenario no existe para el niño. Solo está él y sus pares, pues se instala el fenómeno del juego que hace más libre y dinámico al guion. El secreto está en entrar y salir del cuento, las leyendas y el relato coherente, cuidado, delicado y a la vez creíble, es la receta de mis obras.
Se deben utilizar siempre temáticas del entorno inmediato, de sus intereses y su etapa de desarrollo, ya que es esto lo que hace que el trabajo para los niños les sea reconocible, traducible y querible.
Hay que elegir un repertorio que satisfaga todos sus anhelos expresivos y pensar en un vestuario que aporte frescura y alegría al servicio de la representación. Sólo ahí podríamos llamar al arte al servicio de la aplicación de la cultura folclórica.

Letras perpetuas al unísono del yo-yo

En la trayectoria de Elena Valdivia Silva destacan diversos reconocimientos, como el primer lugar del concurso Testimonial de San Bernardo y su Gente; también ha sido distinguida con la Medalla al Mérito Normalista, por sus memorias como maestra rural del arte folclórico en los niños de las escuelas.

Además, obtuvo el premio “Maestra del Bicentenario” por su ininterrumpida labor en pro de los niños, otorgado por la Ilustre Municipalidad de San Bernardo; recibió la Medalla al Ciudadano Destacado, entregada por la Cámara de Diputados; fue premiada con el reconocimiento “Margot Loyola”, por su aporte al folclor nacional y es miembro activa del centro literario más longevo que existe en el país, Ateneo de San Bernardo.

Al finalizar la entrevista responde a la pregunta ¿Quién es Elena Valdivia?, comenzando con una voz tenue y cerrando con firmeza:Difícil, pues hablaría desde mi ego pero soy a quien la creatividad le nació desde la necesidad.
Soy una mujer que quiere ver una sociedad feliz, al igual como añoro que ocurra también con mi familia, ya que algunos se dividieron por política y hasta el día de hoy hay cosas que no podemos hablar.
Soy Solidaria y me gusta mostrarme. Que disfruten cuando toco el piano o canto o recito rondas. Mostrar sin miedos las habilidades.
Pero por sobre todo, soy alguien que ha querido aportar con un granito de arena y desea ver a Chile unido, disfrutar viendo a los niños jugando con sus familias y a todos aquellos artistas que comparten su arte y no lo hacen solo por una expresión de ego. Deben haber más mistrales y menos Neruda, eso realmente hará un país mejor”, concluye la reconocida profesora.

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