Marginalidad versus igualdad

Marginalidad versus igualdad

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Autor: Camilo Ojeda

Diario La Pikun Mapu, Instituto Chacabuco

En el último tiempo en nuestra comuna de Los Andes la población ha aumentado en forma sustancial,  generando, con ello, la proliferación de  tomas de terrenos y el levantamiento de un sinnúmero de viviendas en malas condiciones. Esto ocasiona que aumente el  abismo social en nuestra comunidad, tal cual sucede en todas partes de Chile,  generando, obviamente, la  injusta marginalidad.

Esta situación no hace más que generarme una profunda y triste reflexión respecto a las pocas oportunidades que tienen estas personas de emerger de la precaria vida que soportan todos los días, considerando que en esta misma ciudad hay gente que se desenvuelve con ingresos millonarios viviendo una vida más fácil y despreocupada, sin visibilizar a sus vecinos con menos recursos económicos.

Nuestra sociedad ha evolucionado “involucionando” valóricamente.  Hemos cambiado la solidaridad y la empatía por la comodidad, aumentando la gran brecha  económica y social entre una población que gana demasiado y otros que consiguen  lo mínimo para vivir precariamente.  Se nota incluso un ambiente de hostilidad hacia  quienes no poseen ingresos altos, distinto al trato que se les da a los empresarios o profesionales más solicitados. Abogo para que esta situación en la comuna y el país cambien definitivamente para la construcción de una sociedad más inclusiva y justa socialmente.

Uno de los argumentos más utilizados para la discriminación social, es decir  que los pobres viven tal situación “porque son flojos o porque no quieren trabajar”.  Olvidando que quienes tienen el poder económico o empresarial en nuestro país, no siempre ofrecen oportunidades para emerger de la injusta situación que viven cotidianamente.

En nuestro país vemos como cada día se agranda la brecha social entre estratos socioeconómicos y nosotros mismos sin quererlo estamos contribuyendo para que esto suceda. Yo personalmente me desenvuelvo  en un espacio familiar y escolar privilegiado con un  poder adquisitivo suficiente y casi todos mis compañeros y amigos viven en esa realidad. No puedo dar una información real y en la práctica sobre la pobreza en la comuna. Sin embargo; en las mañanas al salir de mi casa, todos los  días,  veo a gente indigente y en situación de calle. Es fácil darse cuenta del sufrimiento, del hambre y del frío.

La indiferencia también es una acción y al no hacer nada también estamos  marginando a las  personas vulnerables socialmente. Esto ocurre también con los  inmigrantes.  Solemos discriminar y marginar a los miembros de la comunidad que viven realidades diferentes a la nuestra. Las marginamos incluso de nuestro pensamiento.  La mayoría de las veces las excluimos solo por el hecho de ser distintas. Solo por no parecerse a nosotros  o por no pertenecer a “nuestro privilegiado círculo”. También nos olvidamos  que cada uno de nuestros habitantes permite que el país crezca  y se construya como  un país mejor para cada niño, cada hombre y cada mujer de Chile. Así es como los marginamos. Ni siquiera los incluimos  con un pequeño gesto: un saludo, una sonrisa, un gracias. Es decir, un trato humano igualitario.

La gente se cree superior por tener mayores ingresos y al pasar esto se abre más la brecha social y económica. La diferencia abismal de sueldos que tiene a lugar en Chile, también se refleja en nuestra comuna. Es casi un círculo vicioso: los pobres se harán más pobres y los ricos se harán más ricos.

Esta situación de marginalidad y desigualdad no va a cambiar a menos mejoremos  el respeto y  la consideración hacia el otro. Esto en el aspecto cotidiano y de convivencia diaria. Es lo  que cada habitante de la comunidad puede aportar en el día a día. Por supuesto, también existen soluciones más globales y a mediano plazo, a nivel gubernamental. Como mejorar los proyectos y políticas públicas para erradicar la pobreza y la marginalidad, por ejemplo.

En el ámbito escolar también se puede constatar esta desigualdad. La comunidad que observamos en el día a día es una sociedad cambiante y sin respeto por nosotros mismos. Nos marginamos, también entre compañeros para sentirnos más poderosos y fuertes. Para que  esta situación comience a cambiar, se parte desde el hogar. Es desde el nido desde  donde te deben enseñar a respetar a cada persona de este mundo. Hacer conciencia de que no hay nadie inferior ni superior.  Es decir, eliminar todos aquellos  estereotipos introducidos por la misma sociedad.

Al final, esto parece no acabar nunca, aquellos que tienen mayor poder económico siguen discriminando a los pobres solo por no estar en las mismas condiciones y no tener el dinero adecuado para las necesidades básicas.

Queremos un convivir justo e igualitario para cada habitante de esta comuna, de este país y de este mundo. Queremos una comunidad en que cada persona posea las mismas herramientas y oportunidades.  Nos parece meritoria la vida de esfuerzo. Pero el esfuerzo debe tener sus frutos. Y esos frutos deben estar abonados con las oportunidades proporcionadas por la sociedad. No es justo que el diario vivir sea sinónimo de satisfacciones para algunos y de sobrevivencia para otros. Seamos solidarios, superemos la marginalidad mental que no nos permite mirar al otro como un ser humano igual en derechos y miradas.

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