Autora: Belén Patricia Arce Rodríguez
Diario Mirada Penquista, Escuela Particular San José (San Pedro de la Paz)
En los tiempos en los que estamos la gran mayoría de los niños tenemos un celular o computador propio con acceso a internet y redes sociales. Esto no tiene nada de malo si lo usamos con el cuidado y la responsabilidad que se debe y si sabemos los riesgos a los que estamos expuestos.
Cuando comenzamos a ser usuarios de internet lo hacemos de una manera inocente: para jugar en alguno de los variados pasatiempos que están disponibles, para ver muchos capítulos de las caricaturas favoritas y así entretenernos.
Luego, pasamos a la etapa en que buscamos información para las tareas del colegio y también para conocer sobre diversos temas que nos llaman la atención. Y dentro de esta búsqueda, no siempre somos conscientes de los peligros que enfrentamos, y podemos tentarnos con contenidos no aptos para nuestra edad como la información sobre cómo obtener drogas alucinógenas o para bajar de peso en forma rápida, pornografía o programas con exceso de violencia.
Idealmente cuando navegamos deberíamos estar supervisados por una persona mayor de edad, pues es de conocimiento público que el ciberespacio no es 100% confiable ni seguro. Esta recomendación siempre se les da a nuestros padres en las reuniones de apoderados o charlas sobre temas de cuidado de los hijos u otros similares.
Sin embargo, no siempre esta sugerencia se sigue. Ya sea porque los padres llegan a la casa después que hemos terminado de usar el computador y no pueden controlar o no tienen los conocimientos para poder saber con certeza si estamos frente a algún potencial peligro.
Este es un punto importante. Ya que ninguna razón es suficientemente válida como excusa para que los padres no tengan el control del uso de Internet y redes sociales que ocupamos.
Los padres deberían tomar alguna que otra medida para prevenir que suframos alguna agresión.
Basta con que se organicen para revisar periódicamente el historial de búsqueda, no como una acción de intromisión, sino como una manera de estar al día de lo que hacemos. Pueden preguntarnos qué buscábamos en cada sitio y aclararnos los temas que aún no están claros.
Para esto es indispensable que exista confianza entre los padres y nosotros y no es difícil. Solo se necesita que se interesen por nuestras inquietudes.
Además deberían controlar con quiénes nos relacionamos en las redes sociales. Recuerdo que una autoridad de la PDI en una entrevista sobre el tema explicaba que los niños no deberíamos tener más de cien amigos en esta modalidad. Eso equivale a dos cursos. Parece razonable. Más amigos que esos son difíciles de manejar.
También la sugerencia de los expertos siempre es que las personas de las redes sociales deben ser gente real, gente a la que veamos en el colegio, en el barrio o en la familia. Es decir, no debemos tener contacto con personas desconocidas.
Si el problema es que no saben usar internet o las redes sociales, deben pedir ayuda para aprender. Es parte de las obligaciones de padres responsables.
En un estudio que realizó la Universidad Católica, junto con la U. de Chile y la Universidad Católica de Valparaíso con niños de entre 9 y 17 años durante 2016, determinaron que el 36% de los encuestados contó que había vivido, en el último tiempo, al menos una experiencia en internet que les había hecho sentir mal.
Es una cifra que debe poner en alerta a nuestros padres, pues estamos expuestos a dar datos personales a una persona que no conocemos y que pueden ser usados para cometer estafas o ser víctimas del ciberbullying de algún compañero de curso o el grooming de parte de algún adulto perverso.
En agosto de este año una joven de 15 años tras conocer a un joven de 21 por Facebook se encontró con él y este la violó y drogó al punto de provocarle un edema cerebral que le causó la muerte.
Situaciones como esta, que lamentablemente ocurren cada vez más seguido, deben ser impedidas por la acción oportuna de los padres que deben enseñarnos a tener medidas de seguridad.
Los padres del siglo XXI, llamado “de las comunicaciones” no pueden dejar de controlar el acceso de sus hijos a los medios digitales.





















