Perdiendo nuestra cultura

Perdiendo nuestra cultura

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Autora: Belén Silva

Diario El Trueno, Colegio Adventista de Talca

El transcurso del tiempo da paso a cambios (transformaciones, fusiones, etc.) en todo ámbito de la vida. Pueden ser favorables, perjudiciales o irrelevantes para el implicado que, de alguna manera, permitió el cambio. En más de una ocasión, se han intentado de evitar, sin embargo, es necesario aceptar que forman parte de la existencia de toda la humanidad.

No sólo las personas experimentan modificaciones, sino que también los objetos, los conceptos y, en especial, las tradiciones y costumbre.

Refiriéndose a esto último, es importante recalcar la trascendencia y el alcance que establecen sobre la sociedad. Día a día se hacen presentes en las actividades cotidianas, en la filosofía de vida, en básicamente todo; pues son parte de la identidad, por lo que ir permutando estos elementos, incentivan la pérdida de personalidad.

En Chile, la cultura de hoy, es una mezcla, un sincretismo de influencias extranjeras combinadas con el estilo de vida originaria de las etnias nativas del país. Los resultados de tal combinación, se visualizan en la alimentación, la vestimenta, en las celebraciones y en las estructuras (sociales políticas y económicas).

En cuanto a la alimentación, las nuevas generaciones son invadidas por el consumo de alimentos envasados, generalmente importados desde Europa y Estados Unidos; los cuales han sido, desde tiempos inmemorables, referentes para países menos desarrollados como Chile. Se ha dejado de lado la comida casera, realizada en casa y compartida en familia; reemplazándose por la comida rápida, ofrecida en locales accesibles a todo público. En el presente, los paladares chilenos prefieren una ración de papas fritas y un sándwich, en vez de ingerir un nutritivo plato de porotos granados, un alimento ciertamente típico.

Por el lado del vestuario es posible reconocer la fluctuación que expresa constantemente el mundo de la moda chilena, debido a los ajustes que proporcionan los diseñadores más influyentes en este sector, y que, precisamente, no son de Chile. En las únicas épocas en la que se utilizaron prendas chilenas, propiamente tal, fue en la Precolombina, en el Periodo Colonial y en parte del Período Republicano; dadas a conocer por los indígenas.

En el asunto de las celebraciones, se engloba una serie de componentes que perduran a través del tiempo y otros que, por popularidad y comodidad, se han adaptado a la clientela. Entre estos se halla el baile: método de recreación más practicado entre los jóvenes y adultos; hace algunas décadas la cueca era la principal danza del pueblo, no obstante, a medida que evolucionaba la música, las preferencias musicales se fueron transformando hasta llegar a ser el reggaeton, la ranchera y la cumbia los preferidos por los chilenos, inclusive en la festividad patriótica del 18 de septiembre, menospreciando la cueca, y en cierto punto tergiversando sus intenciones.

La asimilación cultural trae innovación, pero en gran medida inmiscuye la esencia original del chileno. Siempre es admirable progresar y lo importante es hacerlo sin olvidar las raíces de cada individuo que conoce la importancia de saber quién es.

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