Cómo ayudamos a la sequía

Cómo ayudamos a la sequía

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Actualmente, estamos sufriendo las consecuencias del cambio climático, que está afectando enormemente la comuna de Colina, donde han ido desapareciendo las zonas verdes.

Autora: Josefina Carvajal

Fundación Educacional Montessori Pucalán, Diario La Perdiz

Mundialmente el cambio climático está alcanzando niveles extremos, desde sequías hasta inundaciones, sumado con huracanes y aumentos del nivel del mar.

Uno de los peores desastres naturales derivados de este cambio es la sequía. Esta consiste en un largo periodo de tiempo (meses, años, etc.) en que los suministros de agua de la tierra disminuyen. Generalmente ocurre en verano, ya que son los meses más cálidos y secos, no obstante, también pueden producirse en invierno. La sequía se produce principalmente cuando las aguas superficiales o subterráneas se reducen considerablemente. Los daños son mayores cuando no llueve por mucho tiempo.

Una sequía puede impactar enormemente en la agricultura y al ecosistema, dañando la economía. Tanto la flora como la fauna pueden morir, y las frutas y verduras de suelo pueden dejar de crecer, provocando altos precios en los mercados. Además, una sequía puede reducir la calidad del agua, aumentando el riesgo de contaminación de centros poblados.

Estudios científicos muestran aumento de las sequías para los próximos años. Está calculado que, a fines de este siglo, las temperaturas medias habrán aumentado hasta 7,7 º C.

Nosotros somos los que hemos causado este enorme aumento. Debido a nuestra enorme producción de gases de efecto invernadero, tales como el dióxido de carbono y el metano, hemos aumentado la temperatura del planeta. Es cierto que esto pasaría de todas maneras, pero la humanidad se ha encargado de acelerar este proceso drásticamente. Las altas temperaturas dificultan que, al ser evaporada el agua, esta caiga sobre la superficie de la Tierra en forma de lluvia.

Superficie chilena afectada

Hoy en día, el 76% de la superficie chilena está siendo afectada por la sequía, la desertificación y el suelo degradado. Chile actualiza mapa de riesgo ante Convención ONU, que aborda los efectos del cambio climático. Son 57,5 millones de hectáreas, y en ellas viven 11,6 millones de habitantes, es decir, el 65% de la población.

El 22% de la superficie chilena muestra síntomas de desertificación, el 80% muestra signos de degradación del suelo y el 72% efectos de la sequía. Este es el diagnóstico de actualización de estrategia y plan nacional 2016-2030 de Chile, para la convención ONU para la Lucha contra la Desertificación y la Sequia. Las regiones de Coquimbo, Valparaíso, O’Higgins y Metropolitana concentran el 70% de las 101 comunas que cuentan en forma simultánea graves síntomas de los tres factores mencionados anteriormente.

En Santiago, la temperatura máxima de septiembre sobrepasó por 4,6 º C el valor normal del mes, el cual corresponde a 19, 4º C, y es la mayor alza registrada desde 1950. Pero los altos niveles de temperatura no son el único problema. El invierno pasado en Santiago fue considerado el séptimo mas seco desde mediados del siglo pasado, con 88,6 mm de lluvias. Hasta ahora solo han precipitado 228,9 mm, un déficit de 30% respecto al año pasado.

Las localidades aledañas a Santiago comenzaron a sufrir de sequía. Se transformó en algo crítico cuando los agricultores estuvieron 20 días sin una sola gota de agua. La falta de agua de napas subterráneas es el principal enfoque del problema. Esto provoca que pobladores, específicamente agricultores y dueños de parcelas deban ampliar sus pozos de alimentación de regadío.

Se estima un incremento entre 1 º C y 2 º C en las temperaturas máximas para 2050, y un 20% de disminución en las precipitaciones, y un 14% del caudal de los ríos, en la Región Metropolitana.

Los humedales entre Colina y Lampa han ido desapareciendo en los últimos ocho años. Vecinos del sector cuentan que las disminuciones del volumen de las reservas hídricas han alcanzado alarmantes niveles. Algunos incluso han desaparecido.

Tomas Zautzik, un agricultor ecológico de la zona asegura que, debido a que el nivel de la napa freática esta tan bajo, cada vez la tierra retiene menos agua, porque la humedad de esta suele bajar, y abajo, como no hay agua, es tierra seca que va succionando el agua y pidiéndola mas abajo. Hace alrededor de 30 años, existían los cultivos secanos, como el maíz, el trigo, y otros cereales. Estos se cultivaban sin agua. Con la lluvia y la humedad era suficiente, sin necesidad de ser regados. Hoy en día, ya no es esa la realidad, y es ahí donde se ven los efectos del cambio climático. Así es como me ha afectado a mi. En la agricultura. Cuesta mas sacar agua, los ríos, que solían desbordarse, ahora están angostos y secos. Todo esto porque estamos en una crisis hídrica.

Las zonas verdes de Colina han ido desapareciendo al pasar de los años debido a construcción de calles, construcciones y lugares públicos, pero principalmente por la sequia. Más ahora, ya que en febrero del año pasado, un estudio hecho por el Colegio medico revelo la presencia de metales pesados en el suelo y agua del rio colina, causado por el rompimiento de un ducto de la mina los Bronces. En estas muestras se encontró manganeso fuera del rango 12 veces de lo permitido en la calidad del agua para distintos usos como el riego de plantas o bebida para animales.

También, una de las situaciones que ocurren frecuentemente en Colina es el corte del agua cuando se corta la luz. La explicación de este fenómeno es que sin electricidad las bombas de agua no funcionan lo que causa que el agua no se pueda bombear de un lugar a otro y eso produce el corte del suministro del agua.

Finalmente, Tomás relata que para solucionar esto, hay que asumir que todos somos responsables, y hay que hacernos cargo de lo que hemos causado. Como humanidad, tenemos tanto el potencial para destruir como para construir, solo depende del camino que queramos seguir. Podemos respetar, conocer y cuidar, o ignorar, intervenir y controlar.

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