La felicidad: un derecho vulnerado

La felicidad: un derecho vulnerado

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Autora: Constanza Castillo Rojas

Colegio IDOP, Diario El Idopiano

Las personas no nos damos cuenta del valor de las palabras y las usamos despreocupadamente.   Cuando veo triste a alguna amiga y le pregunto el motivo, en varias ocasiones me han respondido “es que ando con depre”.

No me pareció extraño hasta que este año una compañera estuvo en mi curso sólo unos días y debió abandonar el colegio, según nos informa nuestra profesora, por depresión.

Me costó mucho entender que alguien de mi edad no pueda ir a clases por una enfermedad como esa.  Después,  volví a escuchar que una niña de 6° básico dejaría de asistir a la escuela, porque no lograba superar la angustia que le provocaba el colegio y finalmente supe que una compañera de 7° se trató de lanzar del 2° piso del colegio por un problema que tuvo en su curso.

Según un estudio de la OMS el 17% de los chilenos sufre de depresión y de  acuerdo a un artículo publicado por El Mostrador en abril del año pasado, Chile, lidera el ránking mundial por esta enfermedad y la tasa de suicidio en niños y adolescentes ha aumentado en vez de disminuir.

Pero, ¿Cómo un niño llegar a sufrir esta enfermedad? Es una pregunta que no he logrado responder.  Pienso que tal vez siempre existió esta enfermedad y no lo sabíamos, pero quienes la han estudiado señalan claramente que ha aumentado.

Según la OMS, la  depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. El factor biológico es muy comprensible, pues se relaciona con el balance anormal de los neurotransmisores (sustancias químicas que transmiten señales entre las neuronas, básicamente)  en nuestro cerebro. Sin embargo, el factor biológico explica un pequeño porcentaje de la depresión u otras enfermedades mentales.

Los otros dos factores, psicológicos y sociales, explican el resto de estas enfermedades.  Es decir, traumas infantiles como abuso emocional, físico o sexual, una pérdida temprana, una familia disfuncional, separación de los padres, baja autoestima, soledad, expectativas sociales, etc.

Pienso que, una vez más, los niños y jóvenes deben sufrir por los errores de los adultos a cargo. Adultos que tal vez no los cuidaron, no los escucharon, los maltrataron o no pensaron en ellos al tomar una decisión.

Espiral de la infelicidad. En mi opinión, los adultos deben comenzar a escuchar a los niños pues no sólo por tener más edad o más experiencias siempre se tiene la razón.

La consigna de hago esto porque es lo mejor para ti no es siempre la felicidad del hijo.  Ellos lo creen, pero se equivocan demasiadas veces.

Trabajar muchas horas para tener dinero, no siempre será lo mejor para la familia.   Tratar de que los hijos tengan “lo que ellos no tuvieron”, no es sinónimo de ser buenos padres.

Creo que si como sociedad estuviéramos menos preocupados de la apariencia de las personas y más preocupados de ver en su interior, habría menos jóvenes sufriendo de anorexia o bulimia. Si en casa nos enseñaran que debemos respetar y valorar a todos nuestros compañeros por quienes son, en vez de enseñarnos a no tener “malas juntas” o evitar la “mala influencia”, no existiría el “bullyng” o la violencia.

Los niños crecemos viendo a los adultos e imitándolos. Uno no hace lo que le dicen los adultos, sino lo que hacen los adultos. Y nos convertimos en lo mismo con el correr de los años. Para romper la espiral  es necesario que haya niños y jóvenes felices que a su vez se conviertan en adultos felices, de esa manera se creará una espiral  positiva, que no desearemos que  termine.

No creo que la solución para las enfermedades mentales que hoy aquejan a tantos jóvenes y niños sea que las autoridades dispongan de más recursos para que cada hospital o consultorio atienda con muchos psicológos   a todo a aquel que lo necesite, o que les den muchos medicamentos para disminuir los síntomas.

No tengo la solución para tanto problema, pero creo de verdad que si nos dedicamos a amar por sobre todas las cosas, la depresión o cualquier otra enfermedad “del alma” no podrá desarrollarse. El amor es el antibiótico de la depresión.

 

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