Autor: Jetro Silva
Diario La voz del norte, Colegio Academia Tarapacá (Iquique)
La biomasa es la manera en que se aprovecha residuos orgánicos de origen vegetal o animal obtenidos en procesos naturales o industriales. La energía que contiene la biomasa es la misma que durante el proceso de fotosíntesis se almacena para ser usada como combustible, que después es recuperada por combustión directa o transformando esa materia en biocombustible para obtener energía mecánica.
La biomasa puede ser: natural; residual, la que genera la actividad humana; o producida, que es aquella cultivada con el propósito de obtener biomasa con fines energéticos. Son fuentes de biomasa los residuos agrarios y alimentarios; los residuos animales; los residuos industriales y hasta los residuos sólidos urbanos.
La biomasa ha sido el primer combustible empleado por el hombre y el principal hasta la revolución industrial. Se utilizaba para cocinar, para calentar el hogar, para hacer cerámica y, posteriormente, para producir metales y para alimentar las máquinas de vapor. Fueron precisamente estos nuevos usos, que progresivamente requerían mayor cantidad de energía en un espacio cada vez más reducido, los que promocionaron el uso del carbón como combustible sustitutivo, a mediados del siglo XVIII.
Desde ese momento se empezaron a utilizar otras fuentes energéticas más intensivas, y el uso de la biomasa fue bajando hasta mínimos históricos que coincidieron con el uso masivo de los derivados del petróleo y con precios bajos de estos productos.
A pesar de ello, la biomasa aún continúa jugando un papel destacado como fuente energética en diferentes aplicaciones industriales y domésticas. Por otro lado, el carácter renovable y no contaminante que tiene y el papel que puede jugar en el momento de generar empleo y activar la economía de algunas zonas rurales, hacen que la biomasa sea considerada una clara opción de futuro.
¿Qué beneficios aporta, por ejemplo, respecto a los combustibles fósiles? Desde un punto de vista medioambiental, todo son beneficios: menos emisiones de azufre y partículas y emisiones reducidas de contaminantes como CO, HC y NOX. En un momento como el actual, en el que más del 80% de nuestro abastecimiento energético proviene de energías fósiles, otro 13% de energía nuclear y únicamente el 6% de las energías renovables, este tipo de fuentes energéticas cobran vital importancia.
Desde el punto de vista agrícola, no sólo se minimiza el riesgo de incendio, sino que también se reducen las plagas de insectos, se aprovechan los residuos sin necesidad de quemarlos sobre el propio terreno y se realiza un mejor aprovechamiento de las tierras, pues aquellas en barbecho se pueden destinar a cultivos energéticos. Además, en las zonas rurales también pueden ayudar a dinamizar la economía, proporcionando puestos de trabajo, como demuestra el crecimiento en el número de empresas, de norte a sur, dedicadas a la fabricación de pellets.
El objetivo que se ha propuesto España de cara a la Unión Europea es que para 2020 el país deba ser capaz de generar a partir de biomasa para usos térmicos el equivalente a 4,85 millones de toneladas de petróleo, lo que se traduce en una horquilla que va de los 9 a los 11 millones de toneladas de biomasa al año, aproximadamente.





















