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Asociatividad y nueva Ruta del Vino, la solución que buscan productores para sacar del letargo a Cucha Cucha

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Actualmente las viñas del Valle del Itata llamadas Cucha Cucha se encuentran buscando fórmulas para despegar turísticamente y comercialmente.

Autores: Dania Betancur y Monserrat Saravia

Diario El Renacer de Quinchamalí, Escuela Quinchamalí

A mediados del siglo XVII nació entre los ríos Itata y Ñuble la Hacienda Cucha Cucha. Predio agrícola de 4.630 hectáreas, que fue administrado en sus inicios por los jesuitas que llegaron al sur del país para evangelizar a los mapuches.

La orden sacerdotal cultivó la vid por muchos años, hasta que el rey de España Carlos III los expulsó del territorio nacional. Desde aquella fecha los terrenos pasaron por diversas manos destacando los nombres de Alejandro Urrejola Peñaloza y el General y ex Presidente de Chile, Ramón Freire Serrano.

Actualmente el valle itatense, está dividido en tres partes que se denominan Cucha Cucha Urrejola, administrado desde el 2007 por la empresa Arauco, quien adquirió los paños a Fernando Giner Izquierdo; Cucha Cucha Menchaca, en posesión de la señora Carmen Menchaca Herrera y Cucha Cucha Cox, de propiedad de la familia de Juan Antonio Díaz.

Pese a los traspasos, estos fecundos terrenos han mantenido la tradición vitivinícola durante más de 300 años, sin embargo, no han logrado despegar al nivel de otras viñas nacionales, situación que los nuevos dueños de las propiedades conocidas como “Cucha Cucha” esperan revertir a futuro.

Nuevas inversiones

Para la mayoría de los chilenos la historia de esta hacienda enclavada en el Valle del Itata es desconocida. Pocos saben que el nacimiento de la vitivinicultura chilena fue aquí con las primeras parras de uvas traídas por los jesuitas desde el viejo continente.

Pero esta rica tradición histórica y vitivinícola no se ha podido traducir en un despegue comercial y turístico en el tiempo, similar a lo que ocurre, por ejemplo, en los valles de Colchagua, Casablanca y Del Maipo.

Diario El Renacer de Quinchamalí conversó con Paloma Díaz Abasolo, encargada de Comunicaciones de la Hacienda Cucha Cucha Cox, quien explicó que dicha realidad se dio en gran medida por la calidad de los vinos que se producían en la zona, los que en términos enológicos eran de mala calidad.

Es en este contexto, que empresas Arauco, dueños de Cucha Cucha Urrejola, adquirieron los terrenos, con el objeto de darle valor al lugar y revivir el alma del Valle del Itata con vinos de mejor calidad y apoyar en su producción a pequeños productores de las zonas aledañas.

“El hecho de pertenecer a este valle y trabajar día a día con la gente que vive en este lugar, nos hace tener un compromiso diferente, uno de largo plazo que permita transformar al valle del Itata en un polo turístico destacado y referente para el resto de nuestro país y la industria, en donde converge la tradición centenaria con la modernidad”, expresó el Subgerente de Asuntos Públicos de Arauco, Guillermo Mendoza.

La asociatividad, en ese sentido, emerge como un salvavidas para el comienzo de un polo comercial sostenible con el tiempo, uno que para los dueños de Cucha Cucha Cox es posible conseguir.

“Creemos que hay mucho por hacer. Nosotros recién estamos empezando a participar en un nodo con otros productores de la zona para desarrollar a futuro una ruta turística con distintas viñas del Itata. Pensamos que ese es el camino para desarrollar un mercado competitivo del vino”, indicó Paloma Díaz Abasolo, encargada de Comunicaciones de la Hacienda Cucha Cucha Cox.

La Ruta del Vino

Conciencia hay en la zona de que la asociatividad sumado a la generación de vinos de mejor calidad es el camino para hacerse un nombre a nivel nacional. Desde Cucha Cucha Cox sostuvieron que ya están trabajando con otros productores para generar una denominada “Ruta del Vino” para potenciar el sector turístico.

“En turismo estamos recién partiendo. La idea, que hemos hablado con otros vitivinicultores locales, es que cada uno tenga algo distinto para mostrar, como caminatas, recorridos en bicicleta y por supuesto catas de vinos. Es algo que está conversado y que debe trabajarse en el largo plazo”.

Mismo parecer tuvo Lorenzo Guzmán Martínez, pequeño productor de uva de Portezuelo, que conversó con nuestro medio señalando que “sería ideal tener un ruta del vino, ya que potenciaría mucho esta localidad y a sus agricultores. Espero se concrete esta idea, porque de verdad nos beneficiaria mucho”.

Falta de recursos

El principal problema exteriorizado por productores de vinos locales es la falta de recursos. Considerables son las inversiones que deben realizar los productores de uvas y vinos para sacar adelante el negocio.

“Es complicado el negocio del vino en nuestro país. Sabido es que dos o tres viñas concentran gran parte del mercado y los demás solo venden sus uvas y producen vinos de menor calidad, esa es la realidad actual y no hay atisbo de que cambié el escenario”, expresó Vicente Galleguillos, productor de uvas de Confluencia.

Efectivamente, la gran mayoría de productores en la zona se dedican a la venta de vid por su fácil venta y dinero en efectivo, en comparación a los productores de vino de mediana y alta escala, que son minoría en el sector.

“Para hacer un buen vino se requieren muchos insumos costosos como toneles industriales, profesionales para llevar el proceso, botellas, garrafas, etc. Son muchas cosas las que se necesitan y los pequeños agricultores no contamos con los recursos, por eso es que estamos buscando asociarnos para solicitar a las autoridades mayor apoyo para nuestro rubro”, agregó Galleguillos.

Recuadro de Texto: El Tesoro del Valle del Itata

Este valle está compuesto por 11 comunas, donde existen 5.500 propietarios que cosechan 8.900 hectáreas, principalmente de cepas tradicionales, como la moscatel, cinsault y país.

Según expertos viñateros en el Valle del Itata está “el origen del vino chileno”, ya que en el lugar hace 300 años los jesuitas plantaron las primeras parras de uvas, traídas principalmente desde Europa.

En este lugar se concentran las cepas tradicionales, siendo posible encontrar de manera mucho más masiva que en otras zonas las variedades país y moscatel y casi exclusivamente la variedad cinsault, que tradicionalmente los viñateros llaman “cargadoras”.

Las cepas país y moscatel fueron las primeras en llegar al país y están entre las más antiguas del mundo. Posteriormente, se sumó el cinsault.

Acá más del 60% de las viñas corresponden a plantaciones “de rulo” o “en cabeza”, esto es, sin sistema de conducción o “espaldera”.

Actualmente, la manera en que se produce el vino es muy similar a cómo se ha hecho desde fines del siglo XVII, almacenadas en barricas de madera llamadas “pipas” y pisadas con los pies para extraer el sumo.

Por generaciones, las familias de la zona han ido traspasando esta tradición, que ya es una postal de las viñas de la zona central del país y por el cual se les conoce a nivel nacional e internacional.

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