Falta de empatía con el migrante

Falta de empatía con el migrante

Compartir

Autor: Daniel Lara

Diario La Covadonga, Escuela Carlos Condell (San Bernardo)

No es un misterio que estos últimos años la migración ha ido en aumento en nuestro país y en San Bernardo he visto en el corto plazo el aumento de mis vecinos de distinto color, idioma y cultura.

En la escuela nos enseñan a respetar a todas las personas, no importando su condición, ni de donde provienen, y más en estos últimos años donde  el país  ha visto una gran batalla contra el bullying y la discriminación con campañas a nivel nacional contra estas acciones,  además de incorporar grandes avances como la conocida Ley Zamudio.

A mis 13 años, tengo compañeros de colegio que provienen de países como Perú, Venezuela y Colombia. Comparto a diario mi jornada escolar con dos compañeros de curso de Haití y he visto su proceso de adaptación. Recuerdo cuando llegaron a la escuela y no hablaban nada, no completaban tareas, tampoco escribían y claro ¿Cómo iban a hacerlo? Si no sabían nada del lenguaje español.

Mi sorpresa fue mayor ya que a pesar de todas esta campañas que se han implementado a nivel mundial sobre la discriminación y el racismo, comencé a ver entre algunos de mis compañeros que en vez de enseñarles palabras en español para que se pudieran comunicar, comenzaron a enseñarles groserías y los  haitianos repetían sin saber claramente lo que significaba. Luego vinieron las descalificaciones por su color de piel, además  de compararlos con animales y muchas cosas que prefiero no expresar en estas líneas.

Pasó el tiempo y sentía pena por cómo eran tratados. Me dolía y pensaba en dónde queda la empatía del ser humano. Para mí era muy fácil pensar que si yo estuviera en un lugar muy lejano y fuera distinto en apariencia al resto, no me hubiera gustado que me trataran así. Pero con el correr de algunos meses mis compañeros ya mencionaban algunas palabras y también entendían otras en español.

Generalmente en mi escuela hacen una hermosa peña folclórica para fiestas patrias, donde todos los cursos presentan bailes típicos de Chile, ¿y? ¡Sorpresa!, muchos de los alumnos extranjeros, incluyendo mis compañeros de curso haitianos, estaban caracterizados con vestimentas folclóricas y bailaban cueca, mazamorra o trotes nortinos, con una destreza que pareciera que siempre hubieran vivido en Chile. Vi en ellos orgullo, no había obligación de bailar como en el caso de algunos de mis compañeros chilenos, que incluso bailan solo por una nota. También vi agradecimiento a un país que los acogió.

La posibilidad de compartir con personas de otros países  ayudó a verme desde una perspectiva diferente. El ver  sus costumbres, conocer sus historias y aprender algunas de sus palabras,  amplió mis conocimientos y lo más importante, es que me hizo reflexionar sobre mí mismo, agradeciendo lo que tengo y esforzándome por ser una mejor persona cada día que pasa.

Para las personas que les molesta la migración, y se refieren en términos xenófobos hacia las personas distintas, les pido que por favor tomen un diccionario y busquen el concepto de empatía. Les hará muy bien.

No hay comentarios