El acoso callejero pasa a llevar la dignidad y los derechos

El acoso callejero pasa a llevar la dignidad y los derechos

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Autora: Valentina Ignacia Gallardo Muñoz

Diario La Caja de Pandora, Escuela Particular San José (San Pedro de la Paz)

Todos los días ocurren diversos casos de acoso callejero. Aunque son más los casos de mujeres acosadas y violentadas, existen casos de hombres que han recibido estos mismos tratos.

Las mujeres son fuertemente abusadas psicológica y físicamente, llegando a un punto en el que deben cambiar rotundamente su forma de vestir, actuar o caminar, por miedo a ser atacadas.

He investigado, y generalmente este tipo de acoso comienza a los 12 años. Leí casos de niñas y jóvenes que han sufrido acoso en sus escuelas, universidades, parques y lugares públicos. Se sienten inseguras en muchos lugares.

Sé que las personas que han sufrido acoso callejero quedan con severas secuelas provocadas por comentarios indeseados, silbidos, manoseos y otras acciones.

El Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) es la organización chilena que se ocupa de esta problemática mundial y realizó un estudio que revela que después de ser acosadas en la calle el 90.9% modifica su ruta, mientras que el 45,1% vigila cuando camina sola.

No está bien. Debemos tener libertad de ir por las calles sin temor, sin tener que cambiar los horarios para evitar al agresor o en casos más extremos, no salir de la casa.

Las víctimas que callan lo hacen por vergüenza por cómo las han tratado y por los insultos que han recibido al transitar las calles.

Me llama la atención la actitud de los demás. ¿Por qué los testigos no hacen nada? He visto casos en que la gente, por falta de empatía o temor a la reacción del agresor, prefiere observar sin ayudar. Esto debe cambiar. Hay que auxiliar a la víctima y colaborar en la denuncia.

En cambio, cuando se pone en evidencia a un acosador en redes sociales es impresionante como siempre aparecen más víctimas, prueba de que hay muchas afectadas que temían decirlo.

Me molesta que algunos justifiquen el acoso con la supuesta coquetería de la víctima. Dicen que la joven tenía mucho escote o el pantalón muy ajustado, minimizando el actuar del agresor.

Un ejemplo icónico de esta práctica es el de los trabajadores de la construcción que con total descaro gritan obscenidades a las mujeres, sin que nadie repudie su actuar, considerándolo una costumbre pintoresca.

Una actitud similar mostraron los vecinos de Recoleta y Las Condes que han criticado las ordenanzas municipales. Argumentan que son medidas exageradas las que sancionan y prohíben el acoso sexual en la vía pública y multan a quienes emitan piropos, gestos obscenos, silbidos, bocinazos, o insinuaciones, entre otras expresiones.

Lo positivo es que hay un proyecto de Ley tramitándose en el Congreso y que pretende regular este tema.

Tenemos que ser respetadas, no ser pasadas a llevar. Debemos luchar por el derecho a caminar libremente por las calles, a vestirnos como queremos sin recibir insultos y no tener miedo todo el tiempo. Debe haber un cambio. Debe empezar en la niñez. Los padres de los niños deben educarlos para que sean respetuosos y los padres de las niñas deben educarlas para que no toleren ser acosadas.

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