El desafío de la inmigración para el sistema educativo

El desafío de la inmigración para el sistema educativo

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Cientos de familias emigran diariamente a Chile, la mayoría de ellas buscando mejores oportunidades laborales para sustentarse; y esto no es para nada nuevo, porque  toda esta explosión demográfica ya se venía gestando desde los años 90.

Hace un año, la cifra de inmigrantes en Chile tan solo llegaba a un poco más de 600.000 personas,  pero en junio de 2018 ya superó a 1.100.000. Dentro de las principales causas de esta situación se encuentra la realidad política existente, la precaria situación social y las problemáticas económicas del país del que provienen, lo que claramente les  condiciona a comenzar de nuevo casi desde cero. Es por estas razones que la educación de los inmigrantes más jóvenes no es siempre una prioridad, ya que la supervivencia en un nuevo entorno les obliga a replantear una nueva escala de necesidades, considerando además, que muchos de ellos se encuentran en situación irregular, es decir, sin ninguna documentación legal que los ampare.

Por otro lado, para las familias que han llegado muchas veces no basta con solo una o dos fuentes de ingresos, ya que los sueldos que obtienen, además de ser desiguales en relación al de los chilenos, usualmente son insuficientes para sustentarse; por lo que los menores de las familias suelen trabajar también, de modo que no van al colegio para suplir esta carencia.

Esto claramente vulnera los Derechos de niños, niñas y adolescentes, que son propios de todos los menores de edad, siendo uno de ellos el derecho a la educación y a la protección contra el trabajo infantil. Lamentablemente esta situación se viene gestando a pesar de que la ley de Prohibición del Trabajo infantil ha estado vigente por diez años, lo que demuestra que el gobierno no asegura que las leyes hayan sido actualizadas oportunamente, para atender a los nuevos cambios sociales que produce la inmigración; lo que es muy preocupante, si se toma en cuenta que existen muchos estudiantes extranjeros en las aulas del país.

En otro punto, para los pequeños inmigrantes que sí tienen la oportunidad de ir al colegio tampoco es sencillo. La discriminación y la xenofobia que sufren es impresionante, lo que se contradice al fuerte cambio social que se ha gestado a lo largo de los años. Esto claramente da a entender que la idiosincrasia de las generaciones anteriores aún sigue presente. Además de la marginación que muchos sufren, la barrera lingüística también suele ser un inconveniente para extranjeros que no hablan español, siendo para ellos necesario un año de adaptación, ya que tienen otro lenguaje, otra cultura, y por ende, otras costumbres, haciéndoles difícil acoplarse a un ambiente completamente distinto a su país de origen.

Solo con un leve análisis de los puntos anteriores: la pobreza extrema, el déficit educacional o las problemáticas familiares; es fácil tomar conciencia de lo que depara para el futuro si el gobierno no toma cartas en el asunto.

Problemas de convivencia, deserción escolar y depresión pueden ser solo algunas de las agravantes que necesariamente se deben prevenir. Pero, ¿cómo? A través de la actualización de la política educacional del país, tomando en cuenta el nuevo factor que se ha insertado masivamente en los establecimientos educacionales: la inmigración.

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