La violencia es una problemática de actualidad que afecta cotidianamente las relaciones amorosas y a toda la comunidad. En los noticieros, se ven casos de mujeres maltratadas y asesinadas por hombres sin ningún tipo de escrúpulo.
Se piensa que la violencia en relaciones amorosas se da en el matrimonio. Sin embargo, se ven casos de agresión en parejas de pololos, actitudes violentas que comienzan antes del vínculo matrimonial, escalando luego a niveles extremos como el homicidio o el femicidio, donde ni la pareja logra salir del círculo violento ni la sociedad puede transformarse en una red de protección.
Los adolescentes se comportan así por celos, por el machismo en la sociedad chilena o por la presencia de violencia en su familia. Por esto agreden sicológica, verbal o físicamente a sus parejas, incapaces de enfrentar sus diferencias de manera positiva.
Se entiende por violencia en la pareja a aquellas agresiones que se producen en el ámbito privado en el que el agresor o la agresora tiene o ha tenido una relación afectiva con la víctima.
Este exabrupto es una violación a los derechos humanos, una pandemia de salud pública y un impedimento para el desarrollo sostenible, atentando contra el desarrollo de la sociedad, el respeto y la tolerancia que debe existir para su natural desarrollo.
Cualquier tipo de violencia en la vida es innecesaria. No se requiere emplear un ataque intencional físico, psicológico o sexual de un miembro de la pareja contra el otro con el propósito de controlar, dominar a la persona o sentirse superior.
Se debe construir una relación amorosa sana, que implique una buena comunicación. También se debe tener respeto y confianza, y que esto sea mutuo; no basta con que uno de los dos confíe y respete al otro, si por culpa de uno de ellos, la otra persona será maltratada.
La violencia también se puede iniciar con peleas por teléfono a través de mensajes o llamadas, lo que de a poco produce un cambio, transformándola en una “relación toxica” donde los golpes, amenazas o gritos se usan para solucionar los problemas.
El estudio Violencia en el Pololeo, realizado por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) y publicado por el ministerio de Desarrollo Social en 2016, consultó la opinión a una muestra de 1.012 jóvenes de entre 15 y 29 años sobre denuncias y sanciones, percepción de la violencia en el entorno y situación personal. Es un botón de muestra de la realidad del país.
El 49% opinó que la principal causa de la violencia en el pololeo son los celos; le siguen el machismo en la sociedad chilena (40%) y el alcohol y drogas (37%).
Llama la atención que el 64% esté de acuerdo con que las redes sociales fomentan alguna forma de relacionarse violentamente y que el 86% de los encuestados crea que cuando una persona ha sido víctima de violencia y hace la denuncia en Carabineros, no queda protegida.
La violencia no solo afecta a los involucrados. Es una problemática social. Se ve en los estadios, en los colegios y en las calles, instalándose poco a poco en la base de la sociedad y la familia, situación peligrosa que no debería continuar.
Una alternativa para mejorar esto sería que niños y jóvenes sean educados con valores familiares, construyendo relaciones amorosas en las que los conflictos se resuelvan con empatía, respeto, tolerancia y amor evitando las descalificaciones o la fuerza.

















