La pesca artesanal se resiste a morir en Aysén

La pesca artesanal se resiste a morir en Aysén

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Esta práctica -desarrollada desde hace siglos y hoy presente en todo el litoral chileno- actualmente se encuentra amenazada por diversos factores. Sin embargo, y aunque todo parece jugarle en contra, este antiguo oficio aún logra sobrevivir en la región.

Autor: Tomás Ignacio Guerra López.

Diario Patagonoticias, Colegio Santa Teresa de los Andes (Puerto Aysén)

La Patagonia fue un territorio solitario e inhóspito que los exploradores aventureros decidieron colonizar en los inicios del siglo XX. En paralelo a estas expediciones, en 1857 se realizó el primer intento de exploración de los canales australes, a cargo de la Marina chilena, donde se empezó a desarrollar la actividad pesquera. Pero no fue sino hasta 1902 cuando el Gobierno comenzó a entregar grandes extensiones de tierra en arrendamiento, para que se produjera actividad ganadera.

Actualmente, la pesca artesanal -que ha existido desde siempre- muere a pasos veloces. Ha acompañado a la región y coexistido con ella incluso antes del arribo de pies extranjeros, como lo afirma el historiador Alejandro Marín Lleucún en su estudio «Breve historia de la pesca artesanal de Aysén»: “Antes de la llegada del hombre europeo, nuestros pueblos originarios ya practicaban en el litoral las artes de pesca (todavía rudimentarias). Eran los chonos, alacalufes, yaganes y onas los que tenían un libre tránsito en sus embarcaciones; uno que no solamente estaba vinculado a la exploración de los territorios de la zona austral, sino que también radicaba su objetivo en obtener los insumos básicos para alimentarse, y para intercambiar las materias primas que entregaba el mar».

Regulación y control

La pesca sobrevivió a la presencia foránea y se estableció entre los pueblos como un puente más de intercambio cultural.  Sin embargo, su fachada de trabajo inofensivo no la salvó de las regulaciones: los hombres originarios cambiaban y empequeñecían en cantidad; aparecía la nueva población y con ella venía, también, la necesidad de establecer medidas de control.

Costó domar a la pesca: existen registros de asentistas que esquivaban las reglas; vendían sus productos en lugares no autorizados y, muchas veces, en malas condiciones sanitarias. No obstante, poco a poco fue acomodándose a la exigencia. Y al mismo tiempo, se expandió: junto con la construcción de las primeras caletas de pescadores, llegó a la Zona Central.

Con el transcurso de los años, se desarrolló hasta ser capaz de satisfacer la demanda local, y a comienzos del siglo XIX volvió a recibir impulso: los hombres estimularon la salazón de pescados y se pensó en introducir la caza del lobo marino y las ballenas. En décadas posteriores, el sistema de pesca no tuvo muchas variaciones en lo que respectaba a su forma de extracción y comercialización. Era centrado, focalizado; estaba orientado principalmente a satisfacer la demanda local y el consumo personal o familiar.

Fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando la modernización llegó a las incipientes caletas de pescadores artesanales: se dejaron de lado las antiguas embarcaciones de los canoeros y se cambió la flota por botes y canoas más resistentes, más adecuadas para la faena. Ahora, la actividad pesquera se enfocaba en el salado de congrio robalo y el abastecimiento de aguada a embarcaciones mayores.

Proyecciones de la pesca en la región

Al día de hoy, el oficio ha cambiado y, además de las dificultades externas, problemas de división a nivel interno han aparecido entre los pequeños grupos de pescadores que aún viven de él.

“Actualmente, en Puerto Aguirre (localidad del litoral sur de Islas Huichas, comuna de Aysén) existen 12 sindicatos, demasiada cantidad para una comunidad de pesca tan pequeña. Eso muestra que no se alcanzan acuerdos, que no son un solo grupo. Se separan por política o asuntos personales, y es justamente eso lo que ha hecho ir en desmedro de la pesca artesanal aquí en Chile y en la región: los pescadores no están unidos”, dice a Patagonoticias Cristina Pustela, miembro activo del proyecto “La Faena, Geopoética de la pesca artesanal”, realizado en la Región de Aysén entre 2017 y 2018.

Pustela señala que “algunos (pescadores) están desilusionados, piensan que no les conviene. El costo del petróleo no hace rentable al trabajo, y tampoco hay ya gente a la que vender. Con las salmoneras que han llegado a invadir los fiordos, cada vez se les acortan más las posibilidades de llevar a cabo la actividad, y es por eso que muy pocos hacen patria con su oficio de pescador”.

El problema del sustento crece, tal como señala a Patagonoticias Raúl Millán, alumno de la Escuela Ribera Sur y nieto de una pareja aisenina de pescadores artesanales: “La diferencia entre la pesca artesanal del norte y la zona austral es que en nuestra región todo es mucho más sacrificado. Hay veces en las que los pescadores tienen que salir hasta diez días para conseguir algo, soportando los duros cambios climáticos que existen mar adentro. Además, por ejemplo, acá la recolección de pescados como el congrio y la merluza se hace a través de espineles (cuerdas grandes que tienen anzuelos) y no trampas más masivas, para conseguir el producto de forma más eficiente. Todo marca una desigualdad”.

Entra aquí el papel de las salmoneras, cuya llegada a la zona ha provocado, por ejemplo, que la extracción de salmón sea ilegal para los pescadores artesanales. Sumado a lo anteriormente expuesto, el problema de la pesca hizo crisis el año 2012, decantando en el ya conocido “Movimiento social por Aysén, tu problema es mi problema”.

Cómo ha subsistido la pesca en la última década

A pesar de todo, siguen desarrollándose iniciativas. Como un proyecto de incentivo, la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) creó, en  2013, capacitaciones para pescadores artesanales. Según Pablo Galilea, subsecretario de Pesca y Acuicultura de aquel periodo, el objetivo del Gobierno era crear espacios de innovación y mejorar las posibilidades de emprendimiento. “Queremos que las personas mejoren su calidad de vida y que oferten nuevos servicios. Así se logra que la región crezca”, aseguró.

Los entrenamientos fueron variados y recibidos de buena manera. Se logró reunir a los pescadores en un espacio donde podían compartir experiencias laborales. Sin embargo, la iniciativa no se extendió y quedó como lo que era: el primer paso a un cambio que no llegó.

Fue así que la paciencia se extinguió: en los años venideros surgieron nuevas movilizaciones que exigían a toda costa una solución. En este contexto, en enero de 2018, en las dependencias del Gobierno Regional de Aysén, el Consejo Regional aprobó el inicio de la formulación de la Política Regional de Pesca.

Es el primer destello de un avance concreto. Por ahora, la pesca artesanal sigue desmigajándose, dejando atrás la gloria de antaño; la que la hacía una de las bases de la región naciente. El futuro es incierto, pero no determinante. El tiempo decidirá.

 

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