Las familias, ante la inexistencia de los cuerpos realizan un rito funerario en el que entierran una caja con algunos objetos personales de los pescadores que se perdieron en las aguas y cuyos cuerpos no fueron encontrados. Una tradición de más de tres siglos.
Autora: Belén Patricia Arce Rodríguez
Diario La Caja de Pandora, Escuela Particular San José (San Pedro de la Paz)
Los cementerios sin difunto son un tipo que únicamente se encuentra en Chile. Existe un total de 14 dentro del país distribuidos entre Talcahuano, Hualpén, Lota, Coronel, Lebu y Arauco. Tampoco hay registro de ellos en otra parte del mundo.
Son conocidos porque hay tumbas sin un difunto dentro, que no es lo que se acostumbra ver en los cementerios comunes.
En estas tumbas hay exclusivamente pescadores cuyos cadáveres han desaparecido en el mar, sin ser encontrados.
En las caletas de otras regiones se instalan cruces, animitas o descansos para los desaparecidos, pero no un cementerio simbólico como tal.
Uno de ellos es el de la población Los Lobos en Talcahuano denominado Parque Cementerio Simbólico “Las Cruces” en memoria de los pescadores artesanales desaparecidos en el mar.
Es el más antiguo y data de 1650. Originalmente estaba en la parte alta de la Bahía de San Vicente y parte de él fue trasladado cuando se construyó el rompeolas que desmoronó gran parte del cerro.
Se ubica al final de la calle Las Avutardas, al borde de un precipicio del cerro La Gloria donde están las 64 tumbas con sus cruces que miran hacia el mar, como es la costumbre en estos camposantos.
El lugar está solitario, no hay visitas. Se ven tumbas de madera, cemento o baldosas. Algunas están sin flores y descuidadas. No se leen las lápidas, deterioradas con el sol, la lluvia y viento.
Otras lucen flores frescas. La mayoría tiene dedicatorias, principalmente de las esposas, hijos e hijas. En pocos casos, los nietos.
Destacan 6 sepulturas de baldosas azules. Los seis hombres eran de la misma familia; mueren el 2 de agosto de 1995.
Días especiales
El lugar permite muchas lecturas. La tumba más antigua es la de Pelegrín Muñoz Bernales de 1936, en tanto la más reciente es la de Víctor Torres Pérez, fallecido en 2001. El pescador más joven es Pedro Vidal Palma de 18 años y el de más edad era José Torres Torres de 56 años.
Pasado un rato llega Hernán Herrera, vecino del sector y primo de los pescadores desaparecidos en 1995. Declara a Diario La Caja de Pandora “aquí se llena para el 28 de junio, en la fiesta de San Pedro, patrono de los pescadores artesanales. Ese día, hay romerías, se traen flores y hacemos una corona fluvial”.
Con lanchas o botes que se deslizan velozmente en las aguas que están frente al cementerio, se dibuja un círculo, que visto desde la altura es la corona que honra la memoria de los pescadores.
La señora Fernanda Arancibia vive frente al parque y señala a este medio que “otras fechas de visitas masivas son la Cruz de Mayo y el Día de los Muertos. Se repleta el lugar, están todas las sepulturas arregladas y todo queda muy bonito; al final hay un convite en el que los familiares comparten alimentos”.
Un rito particular
Esta tradición de hace 368 años fusiona las costumbres y ritos cristianas con la creencia mapuche, quienes pensaban que se ingresaba al más allá en la Isla Quiriquina, ubicada frente a estas costas.
Los mapuche tenían la costumbre de hacer sepulturas simbólicas, ya que en algunos casos no había cuerpo y tampoco lugar para visitar al difunto. Así se hereda la tradición de estos cementerios simbólicos.
Hay un plazo legal de ocho días para que la Capitanía de Puerto busque a los desaparecidos. Los familiares ayudan. Si no se encuentra, se hace el velatorio de sus prendas de vestir más importantes durante dos días, en su casa.
Luego se colocan en una urna y se llevan al cementerio. Los pescadores realizan, con sus embarcaciones, una corona fluvial y hacen sonar las sirenas. Por último se lanza una bengala y cuando se apaga, comienza el entierro de la urna.
Posteriormente se tramita el certificado de muerte presunta, documento en el que un juez civil declara la presunción de muerte del desaparecido, trámite que demora alrededor de un año.





















