Autora: Fernanda Miranda
Diario Parajes y Realidades, Colegio Montessori Millantú (Villa Alemana)
Siempre he sido aquella persona fácil de hacer sentir mal, ya sea con o sin intención. Normalmente después del colegio pensaba y cuestionaba mi día, sin embargo, al pasar el tiempo conocí la belleza de variados libros, el sonido calmante de la música y sobre todo, un instrumento llamado violonchelo. Ellos lograron sacarme en gran parte los quejidos proporcionados por mí. ¿A qué voy diciendo esto? A la simpleza, al arte y serenidad. A la terapia que es escribir, leer, escuchar o tocar un instrumento.
Mi profesora de violonchelo siempre me cuenta que en un principio se negaba a dar clases, pero si la viesen ahora, contenta por los avances de sus alumnos y suyos, jamás creerían lo que dije anteriormente. Con ese ejemplo quiero dejar en claro que no solo es una ayuda tocar, si no, también enseñar. Por otro lado tengo a mi profesora de lenguaje, la cual me ha dicho reiteradas veces que escribir me ayudará en algún mal momento y así ha sido.
Sé de personas que no tienen los cinco sentidos bien o no tienen muchos recursos, lograr grandes cosas, tales como leer partituras o libros, tocar un instrumento aunque este no esté del todo bueno, llenándose de paz, tranquilidad y ganas de seguir.
Recuerdo estar cayendo en picada emocionalmente, sintiendo ganas de nada y deseando desaparecer, hasta que recordé palabras de mi profesora chelista, que decía que mi instrumento siempre iba a estar para mí, a menos que lo vendiese, claramente.
Puede sonar extraño, ya que es un objeto inanimado, pero no sabes lo real que son esas palabras hasta hacerlas cumplir.
También he sido fiel testigo de lo que hace la lectura. Te enseña a soñar, pensar y ver de otra forma las cosas, no solo literalmente.
Hace unos años conocí a dos niñas provenientes de República Dominicana. Ellas carecían de cosas, por lo que al entrar a mi habitación un día, se asombraron al ver lo que tenía. Sobre todo por mis libros. Lo que más recuerdo fue la impresión de una de ellas al abrir uno de ellos. Decía que olía bien y que era muy lindo de ver.
Quedé estupefacta, más para mí eso era algo absolutamente normal. No pude evitar regalarle unas cosas después.
Por lo mencionado anteriormente, espero dejar en claro que la literatura no es algo para despreciar y que entrega valores en muchas ocasiones.
Ahora que he escrito esto, tengo aún más claridad de mi pensar respecto a la música y literatura. Sé que esto no se debe despreciar, mucho menos tomar en juego.


















