La edad no es un impedimento para formar parte de la fiesta de La Tirana, la celebración religiosa más importante de Chile.
Autora: Javiera Navarro Tapia
Diario Alpheratz, Colegio Santa Teresita (Antofagasta)
Cada año y como ha sido desde fines del siglo XIX, el desierto del norte de Chile, la pampa del Tamarugal se llena de color, música y alegría esperando a quienes desde el 10 de julio dan comienzo a una de las fiestas religiosas más grandes e importantes de Chile: la de la “Virgen del Carmen de la Tirana”. Sus calles se llenan de bailarines que danzan con fervor soportando el intenso calor del día y el extremo frío de la noche. La gran mayoría de los feligreses que llegan al lugar continúan una tradición familiar, la cual se ha ido asentando a través de varias generaciones, transmitiendo la fe y el fervor por esta festividad, la que alcanza su máximo esplendor el día 16 de julio, día de la Virgen del Carmen.
De los cientos de feligreses se puede señalar que una gran cantidad corresponden a jóvenes, los que quizás por curiosidad, porque le contaron o porque lo ha vivido desde sus primeros años de vida, se hacen presentes en este lugar cada año, de hecho, las estadísticas de ingreso de familias a la Tirana aumentan entre un 5 y 7% cada año.
“Históricamente la fiesta era para trabajadores salitreros y por lo difícil de llegar eran pocos los jóvenes que venían” según Gerardo Campos, centinela de la Virgen del Carmen por más de 25 años, agregó que «antes a la fiesta, asistían unas 80.000 personas entre fieles y cofradías religiosas. No era común ver gente joven, se veían más a personas adultas y de edad avanzada participar de ellas. Hoy, se nota que hay un cambio, ya que han aumentado los bailarines jóvenes, y eso es importante, ya que son el futuro de nuestra descendencia y el alma de esta peregrinación”.
La familia los incentiva
Es común ver en los bailes a grupos familiares en donde jóvenes comparten junto a sus padres o hermanos esta tradición, agradeciendo así los favores o las peticiones que le han hecho a la virgen a través de la danza. “Porque esto es una tradición familiar, en donde quien llega a la familia sabe que es lo que tiene que hacer y donde debe bailar” señaló Rosa Galleguillos, quien a pesar de su edad es una fiel peregrina “yo vengo a la Tirana desde que nací, mi madre inculcó en mí esta tradición y he tratado de traspasarla a mis hijos y nietos. Es un gran sacrificio venir a la fiesta por mi enfermedad, pero agradezco a la Virgen de corazón y alma por sanarme del cáncer y para mí es fundamental agradecer a la patrona y ver que mis nietos también lo hagan me llena de emoción.” Agregó además que “Lo importante no es que se llenen de jóvenes, sino que ellos bailen con la misma devoción y el sentido con el que lo hacemos los más viejos”. «Yo bailo por tradición familiar, en honor a los seres queridos que ya no están con nosotros y para agradecer por los múltiples favores cumplidos y quiero que mis hijos hagan lo mismo” señaló Alexa Reyes, bailarina de la sociedad religiosa Osada del Carmen desde hace 21 años.
El origen de una tradición
Todo comenzó con la leyenda de la Ñusta Huillac, la Tirana del Tamarugal, y el portugués Vasco de Almeyda, donde en la cruz que marcaba el lugar donde yacían sus cuerpos un sacerdote decidió construir una iglesia. Hay registros de la festividad en las salitreras del norte del país desde antes de la Guerra del Pacífico, inicialmente la fiesta se asociaba al día nacional de Bolivia, pero una vez que el territorio se nacionalizó, la fecha se modificó para hacerla coincidir con el día de la virgen del Carmen. Ya que la figura de la Virgen ha formado parte del espíritu fundacional de la nación.
Las sociedades religiosas también se modificaron, dando origen a nuevas expresiones de baile, privilegiando lo nacional, como los bailes de chinos, compuesto por indígenas diaguitas y mapuches, baile actualmente encargado de sacar a la virgen en procesión por ser el primero y el más antiguo.
Con el pasar de los años se fueron agregando otros tipos de bailes como son los pieles rojas, gitanos y la diablada, es este último baile el que la gente asocia con la fiesta y precisamente es el que atrae a la gran mayoría de jóvenes que quieren bailar, ya sea por el atractivo de sus trajes, que son muy diferentes a los de comienzos de siglo, en donde destacan las máscaras y las luces, o lo que representa como baile para los visitantes.
No todos van por devoción
Pero no siempre la renovación en edad en los feligreses y en las federaciones trae consigo la devoción, lamentablemente, junto a las multitudes llegan también los vicios, que son rechazados por los mayores, asociándolos a la juventud principalmente y a sus intereses personales, ya que de alguna forma no respetan la ley seca que se establece para esa fecha y lo sagrado que resulta el lugar para algunos jóvenes. En ese sentido Mayra Marín de 18 años bailarina del baile Pieles Rojas de Pedro de Valdivia señala enfática: “Uno se da cuenta de quienes vienen de corazón y quienes vienen solo para figurar, a esos los dejamos afuera, porque para lucirse tienen otros lugares, nuestros trajes son bendecidos y representan nuestra conexión con la chinita y merecen respeto. Es injusto que por unos pocos piensen que todos los jóvenes hacemos lo mismo”.
La Chinita Milagrosa
La “Chinta” como la llaman, es considerada milagrosa por los peregrinos que la visitan, pero ¿qué de cierto tienen esas afirmaciones?, ¿realmente se puede decir que la fe mueve montañas?, en ese sentido Gislaene Rojas de 15 años, de la sociedad religiosa Diablada del Salitre señala “quizás sea cierto como quizás no, pero la virgen mueve montañas, ya sea por amor o devoción se puede cambiar tu mundo y eso lo viví cuando tenía 12 años y le pedí que mi abuela se sanara de su cáncer y que no muriera, es frío decirlo así, pero yo no perdí mi fe, sabía que no me abandonaría, así fue como me arrodillé frente al altar, debo decir que fue el único lugar donde encontré consuelo” señala con voz quebrada “me escuchó y me amparó así que prometí danzarle si es que ella se sanaba, la carmelita cumplió y mi abuela se encuentra llena de vida a sus 73 años, superó su cáncer mamario el cual se encontraba ramificado. Por eso yo le cumplí también. Me promesé frente al altar y este año fue mi primera Tirana cumpliéndole hasta más no poder”.
Así como señaló Gislaene, son muchos los peregrinos que realizan grandes sacrificios por ella, que caminan kilómetros bajo el sol de la pampa, le bailan sin cesar y entran de rodillas a la iglesia, con un solo objetivo, saludar y agradecer a quien tanto les ha dado.





















