El polvo que mató a Antofagasta

El polvo que mató a Antofagasta

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Cuando se camina desde el balneario municipal hasta el mall, inevitablemente se tiene que pasar por el puerto, en donde resalta majestuosa aquella polémica construcción del centro de acopio y distribución de material minero que hace años atrás generó un gran revuelo regional y nacional.

La memoria, trae los recuerdos de aquel movimiento social comunitario que se erigían sobre el rechazo a la construcción de los contenedores, haciéndose constante alusión al daño que produciría el almacenar y transportar concentrado de cobre a los habitantes de la ciudad de Antofagasta, ya que este sería llevado por el tren hasta el puerto pasando por toda la ciudad.

El polvo lleno de metales pesados que sería acopiado en este lugar, el cual históricamente ha sufrido los embates y efectos de su presencia, con construcciones hechas sobre él y en donde durante años la vida parecía que se desarrollaba con normalidad siendo oscurecida por un polvillo negro que manchaba ropas y viviendas cuando había viento, pero que en realidad manchaban la vida de quienes rodeaban el lugar.

Se veían marchas, murales y sobre todo protestas con las banderas negras para evitarlo, han pasado casi 5 años desde esa fecha y al parecer la vida continua, la gente se siguió enfermando, por lo que nos cabe preguntar ¿qué paso con el polvo?, ¿fue eliminado del ambiente?, ¿qué paso con los 108 niños estudiados del jardín semillita y que presentaban plomo en su sangre?, ¿Los que habitaban los departamentos aledaños al puerto que constantemente reclamaban siguen viviendo ahí?

En esta problemática, participaron organizaciones como universidades, el Colegio Médico, autoridades políticas de la región que manifestaron a todo nivel el daño provocaba, en un constante ataque hacia los poderes económicos que determinaban su construcción y operaciones, las constantes descalificaciones hacia los inversionistas y principalmente hacia el grupo Luksic, principal accionista de la minera que haría descansar este material en el puerto, utilizando para el transporte y almacenaje, las otras empresas del consorcio, como lo son ATI y Ferrocarriles.

La negativa del gobierno central a innovar o a realizar modificaciones en este sentido y el incipiente recién creado ministerio del Medio Ambiente, apoyaban y manifestaban que este monumento a la contaminación en Antofagasta no produciría daño alguno, acallando las voces que manifestaban su descontento y desconfianza hacia la real viabilidad de sus peticiones.

La indiferencia suele ser una gran aliada hacia los problemas, dejar pasar el tiempo, hacer que las voces se callen, en fin no se sabrá nunca que fue lo que hizo que esto no tuviera la repercusión que requería. Quizás la salud de algunos no son del interés de muchos, como se dijo en un comienzo, la vida sigue y continua para todos, el polvo que alguna vez hizo levantar masas y mover multitudes terminó cumpliendo su fin, matando a Antofagasta y al movimiento de protesta.

Para evitar estos efectos tan lamentables que ocurren frente a estas situaciones, la educación ambiental es un gran aliado. El enseñar a los niños y que ellos a través de su ejemplo diario enseñen a vivir en ambientes limpios sería un gran aporte. Lo ideal es hacer converger progreso con el entorno.

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