Autora: Belén Rojas Ávalos
La Gazzetta Della Scuola, Scuola Italiana Alcide de Gasperi (La Serena)
Hace un rato en clases de química nos reíamos silenciosamente junto a mi compañero de banco, nada más gracioso que compartir el último meme; el mismo que nos ayudaba a matar el lento tiempo de una unidad entre números atómicos y enlaces covalentes.
Me preguntaba la razón de por qué la red nos entrega tantos momentos tan graciosos como efímeros. Básicamente por ese sentido de morbo que te dice “¡Qué bueno que le pasó a él y no a mí!” hace que parezca entretenido compartir el video viral más reciente, como si cada risa en tus amigos fuera una condecoración en tu pecho.
Pareciera imprescindible, para nuestra tranquilidad, ver listados de tarjetas de créditos robadas por un hacker, para saber si aparecen nuestros datos y más aún, saciar la natural curiosidad al buscar algún amigo, pariente o quién sabe, hasta de una persona famosa.
Sin embargo, no nos hemos detenido a pensar en los riesgos que la simple acción de abrir un meme trae consigo, por ejemplo, ser infectado con algún programa malicioso, cuando recibimos archivos adjuntos a través del correo electrónico, algunos de ellos pueden contener códigos perniciosos; es decir, pueden almacenar de forma oculta programas que hackers han desarrollado para infectar tu computador y tomar control de éste. Así se puede obtener información personal, fotos, direcciones o contactos, sitios que visitas, datos médicos que puedas tener almacenados, etc.
Se debe participar activamente en el cuidado de tu información. Cuando escribas en redes sociales, sé precavido con tu lenguaje para no dar información que pueda volverse contra ti y para prevenir tantas otras consecuencias, que pueden hacerte pasar de la risa a las lamentaciones.





















