Hospital Regional realiza iniciativas innovadoras para la comunidad

Hospital Regional realiza iniciativas innovadoras para la comunidad

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Un aula hospitalaria, talleres de maquillaje para mujeres con cáncer y risoterapia forman parte importante del establecimiento de salud de la Región del Biobío.

Autora: Lissette Alejandra García Sáez

Diario La Caja de Pandora, Escuela Particular San José (San Pedro de la Paz)

En el último tiempo se ha conocido lo importante que es un buen estado de ánimo para apoyar los tratamientos médicos que se realizan en diversos recintos de salud, y el Hospital Regional de Concepción conoce muy bien el tema.

Hace varias décadas que este recinto, inaugurado en 1945, atiende a miles de pacientes y cientos de personas son hospitalizadas por estar en una situación grave. Sin embargo, impresiona la mirada solidaria que los profesionales tienen para ver que más que una cifra estadística, hay personas que necesitan una atención empática y cálida.

Una gran oportunidad de aprendizaje

En el interior del Hospital Clínico Regional Doctor Guillermo Grant Benavente, se encuentra “La Escuelita”, cariñosamente llamada así por toda la comunidad. Es la Escuela Hospitalaria G-545, fundada en 1960 y, por tanto, la primera de este tipo en América Latina.

La directora lleva tres años en el cargo. Es Giselle Reyes Aros, titulada de Educación Parvularia y Licenciada en Educación de la UCSC.

En Chile existen alrededor de 40 aulas hospitalarias, de las cuales siete son escuelas; todas acreditadas como parte del sistema educativo. Colaboran para que los Derechos del Niño -que considera la educación como un derecho inalienable- se cumplan para estos estudiantes que, por razones de salud, están impedidos de asistir a un establecimiento regular.

Estuvo ubicada en el quinto piso del hospital, aledaña a Cirugía Infantil, pero tras la destrucción del terremoto de 2010 funciona al costado del estacionamiento.

Cuenta con 23 alumnos permanentes y una cantidad variable de alumnos transitorios. El requisito para incorporarse es padecer una enfermedad crónica.

La mayoría son alumnos oncológicos. También hay sometidos a trasplantes o cualquier enfermedad limitante. Los que no pueden trasladarse son visitados por las profesoras en sus salas de hospitalización.

Atiende alumnos desde Prekinder hasta 8º básico, quienes al terminar tienen su licenciatura como cualquier alumno de octavo.

Las docentes se esfuerzan por enseñar a los niños lo que aprenderían en cualquier escuela, pero sobre todo en apoyarlos en sus malos momentos; se involucran más allá de su labor de profesoras y se sienten como sus segundas madres, porque también se preocupan de comer y jugar con ellos.

«Cuando estudiaba en la universidad jamás imaginé trabajar en esta escuelita. De hecho, ni la conocía y creo que Dios me mandó aquí, ya que llegué por casualidad”, cuenta Carolina Salgado, egresada de Pedagogía en Enseñanza Básica de la Universidad Santo Tomás.

Por su parte, Isabel Domínguez, Educadora Diferencial de la Universidad San Sebastián, relata que “hice mi práctica profesional y mi tesis sobre las aulas hospitalarias, y después me quedé trabajando en la escuelita”.

Para ellas no es nada fácil su trabajo, ya que al año pierden tres o cuatro niños que fallecen. Deben estar preparadas ante cualquier crisis. Activan la clave azul, avisan al guardia, quien llama al hospital e inmediatamente vienen médicos que asisten a los alumnos.

A pesar de que este trabajo es muy agotador, en lo emocional dicen sentirse muy contentas y orgullosas de trabajar en la escuelita y apoyar a los niños.

La obra del equipo de enfermería

El Equipo de Enfermería de la Unidad de Quimioterapia del Servicio de Oncología y la Fundación de Investigación y Desarrollo en Salud realizaron un Taller de Maquillaje cuyo objetivo fue sacar a las pacientes del contexto clínico de la quimioterapia para invitarlas a una actividad de autocuidado.

Citaron a 20 mujeres y llegaron solo 12 debido a la lejanía -tratan a personas de diferentes provincias de la región- y también por su estado, pues la quimioterapia afecta su cuerpo.

Lissette Riquelme, enfermera gestora de la iniciativa, explicó que “la idea principal era despejarlas de las preocupaciones de la enfermedad y llevarlas a un área donde se preocupen de sí mismas, ya que la quimioterapia provoca la caída de cabello, vómitos y náuseas, entre otras cosas, que bajan mucho su autoestima. Este proyecto busca motivarlas en su autocuidado y a valorarse en los malos momentos. Esto ayuda a que lleguen con otra disposición al control y reciban de mejor manera su tratamiento”.

Los técnicos paramédicos implementarán un taller mensual para enseñar cómo arreglar de forma bonita los pañuelos que cubren sus cabezas, realizado especialmente para mujeres con cáncer de mamas, quienes pierden el cabello.

Lissette Riquelme contó que las pacientes volvieron muy contentas al tratamiento y efectivamente maquilladas, mostrando que sí aprendieron y con muchas ganas de un segundo taller.

La iniciativa fue de las enfermeras, pero tuvieron el apoyo de la jefatura del Hospital, de laboratorios que donaron las cremas humectantes y de maquilladores amigos que participaron voluntariamente. Quedaron fascinados y de ellos partió la idea del segundo taller.

La estilista María Trinidad Martínez comentó que “fue una experiencia súper enriquecedora; las pacientes que viven un mal momento nos enseñaron que siempre hay que luchar y ser fuertes”.

Hugo Bernard, maquillador y peluquero, explicó que “colaboramos porque es necesario compartir con los demás; pues es fome vivir para uno mismo y no hacer nada por el resto”.

Estas mujeres no solo están aprendiendo a sentirse y verse más lindas al maquillarse o arreglar una pañoleta, sino que a enfrentar la vida con más alegría.

Risoterapia del Doctor Clown anima a los pacientes en malos momentos

Alejandro Sáez, más conocido como el doctor Hectornudo, es el director de “Doctor Clown” o “Doctor Feliz”, agrupación que surgió en Chile en 1999.

Sus integrantes visitan las salas de los distintos hospitales del país haciendo actividades recreativas y sacando sonrisas en estas sesiones de risoterapia.

La agrupación está compuesta por los “clown de hospital”, que son actores profesionales o personas relacionadas con el arte, y los “doctor clown”, en los que predomina la parte médica, aunque no necesariamente son médicos, pero sí cuentan con el entrenamiento necesario para apoyar el tratamiento de los pacientes sacando risas al activar la secreción de serotonina y sustancias positivas que mejoran la condición médica de las personas, permitiéndoles una mayor y mejor tolerancia a los tratamientos y un aceleramiento en su curación.

Los Doctor Clown visten como médicos caracterizados de payasos, con delantales blancos y narices rojas. Visitan los hospitales para sacar sonrisas a niños, jóvenes y ancianos.

El Hospital Regional ha recibido su entretenida visita en dos oportunidades. En la primera estuvo en la Unidad de Diálisis y en la segunda, se paseó por las salas de medicina de adultos y de Hematología, entregando su sana alegría con música, chistes de humor blanco y magia que impresionó gratamente a los pacientes.

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