El esfuerzo de las mujeres de Coelemu detrás de las tradicionales Tortillas...

El esfuerzo de las mujeres de Coelemu detrás de las tradicionales Tortillas de Rescoldo

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Durante la década del 50 en la estación de trenes las vendedoras vestían relucientes delantales blancos, esperaban a los pasajeros para vender sus tortillas con ají en canastos artesanales hechos de mimbre. 

Autoras: Leonor Zapata, Mara Muñoz

Diario Ecos de la tierra. Escuela Villa Jesús de Coelemu. 

En varios puntos de la ciudad, se puede encontrar vendedoras de tortillas que no pasan inadvertidas por la buena fama que tiene el producto que venden, además del conocido esfuerzo que hay detrás de su preparación, esta antigua tradición sigue manteniéndose en pie, ha sido reconocida y forma parte importante de la cultura en la nueva Región de Ñuble.

Marcelina Parra Rubilar, de 49 años de edad, es vendedora de tortillas en el sector estación de la comuna de Coelemu. Se dedica a este trabajo artesanal hace más de 20 años y sigue conservando la tradición familiar y ofrece su producto en un local rústico en una de las principales calles de la ciudad, a los locales y turistas, diariamente y sin descanso.

En entrevista con Ecos de la tierra, Marcelina dio detalles de la larga historia que tiene su trabajo. Afirmó que aprendió la elaboración del alimento a través de su padre Reinaldo Parra y su madre Rosa Rubilar, conocida por ser una de las más antiguas tortilleras de la comuna, dedicándose a la venta del producto por medio siglo. “Me dediqué a esto porque mi madre trabajó muchos años, yo hago esto por ella, ahora que no está”, aseguró.

Un producto de esfuerzo

La microempresaria se destaca porque trabaja solo usando herramientas básicas y lo más artesanal que puede, a diferencia de otras personas que utilizan maquinaria y tienen ayuda extra para la preparación. Ella expresó que su trabajo requiere de mucho tiempo y sacrificio, que a veces no es muy valorado.

También es parte de esta actividad tradicional, Olivia Sepúlveda de 79 años, una de las primeras vendedoras de tortillas, retirada hace ya 16 años. Ella es el testimonio vivo de los tiempos gloriosos de la tortilla de rescoldo. Tuvo que despedir a todas sus colegas y actualmente se encuentra descansando de su labor llevada a cabo por más de 28 años.

Olivia manifestó que hacer tortillas “es un trabajo muy esforzado, hay que levantarse bastante temprano, de madrugada y eso es un gran sacrificio”, recalcó con emoción.

Lo peor de su labor es tener que trabajar con fuego, ya que corren riesgos al estar expuestas al humo, calor, suciedad, cambios de clima y más aún, a veces se pierde parte de la venta por falta de clientela, todo dependiendo del día. Aunque los beneficios son trabajar de manera independiente y poder seguir conservando la tradición familiar.

La época del tren

Los inicios de esta tradición importante que es parte de la gastronomía del Valle del Itata, comenzó con las primeras vendedoras: Agustina y Olga. La última de ellas legaría el trabajo a Rosa Rubilar, un mujer que fue reconocida junto a un grupo de tortilleras de la comuna por sacar adelante a sus familias gracias a este producto por muchísimos años.

Durante los años 50, en la comuna de Coelemu pasaba el tren que permitía a miles de pasajeros llegar a varios puntos del país, siendo incluso, uno de los medios de transporte más utilizados. Por entonces, el sector estación era famosamente conocido por todos quiénes no podían dejar de comprar las tortillas de rescoldo al pasar por el lugar.

Las vendedoras vestían relucientes delantales blancos y flameaban sus pañuelos para señalar sus tortillas calientes expuestas en canastos hechos de mimbre, los cuales aún se mantienen o utilizan para la venta de productos los actuales vendedores.

Con el tiempo, el tren dejó de pasar, las ventas se redujeron para las madrugadoras mujeres y tuvieron que encontrar otro lugar donde poder seguir ofreciendo sus tortillas.

Años más tarde, uno de los alcaldes, les otorgó un rústico local de madera donde podrían vender, protegiéndose de los duros inviernos y así poder continuar con la tradición.

Dicho local, es donde hoy, la entrevistada Marcelina Parra, por herencia, mantiene lo que aprendió de su madre y puede ofrecer a los cientos de personas que prefieren el producto. Sus tres hijos profesionales, no heredaron esta preparación artesanal de la tortilla de rescoldo, lo que genera interrogantes acerca de si seguirán otras personas interesadas en aprender el oficio para mantener esta costumbre típica.

Fiesta de la tortilla

Cada año, se celebra en Coelemu la Fiesta de la Tortilla y la longaniza durante el mes de septiembre. Esta actividad es organizada por la Municipalidad y tiene por objetivo rescatar el valor e importancia que tienen ambos trabajos y dar a conocer su elaboración a los miles de turistas que llegan durante los dos días en que se lleva a cabo. Una oportunidad para que los pequeños comerciantes tengan también un incremento en sus ingresos económicos.

La Fiesta incentiva a las vendedoras a competir por la mejor tortilla, y reciben un premio monetario, además de un reconocimiento público por su labor y esfuerzo.

“Es una actividad que en Coelemu ha sido reconocida por muchos años y ya es parte de la tradición cultural de nuestra comuna. Nosotros estamos felices de poder dar un espacio en donde esta demostración, tenga la posibilidad de llegar a todo tipo de público”, comenta Alejandro Pedreros Urrutia, Alcalde de la comuna, entrevistado por Ecos de la tierra.

Por otra parte, la autoridad es enfática en afirmar que es necesario “rescatar la tradición, porque un pueblo sin memoria no tiene futuro y para nosotros es muy importante que este tipo de actividades la conozcan los jóvenes”.

Origen

La tortilla de rescoldo es uno de los alimentos típicos de Chile, especialmente en algunas zonas específicas del sur del país. El trabajo de preparación y comercialización de este pan cocinado bajo las brasas y cenizas, data de una larga tradición culinaria que se remonta varios siglos atrás.

Si bien no hay documentos oficiales que respalden el origen verdadero de las tortillas de rescoldo, hay versiones que aseguran serían provenientes de España donde recibían el nombre de “pan subcinericio”. Otros documentos, se basan en la idea de que derivan de la cocina mapuche desde la época de la conquista. Aún hoy en día sigue siendo parte de su base alimentaria.

Cristian Salazar, autor de crónicas y apuntes de exploración urbana, en su Blog “Urbatorium”, entrega detalles en un artículo sobre la panificación primitiva en Chile.

Sobre la tortilla de rescoldo, Salazar afirma que “la producción habría sido compartida por las mujeres indígenas dóciles del valle del Mapocho y por las indígenas traídas del Perú, que llegaron con los conquistadores hasta la recién fundada capital. Éstas enseñaron la actividad a aquellas que iban a vender diariamente estas tortillas calientes al mercado o «Tiánguez» que se había hecho establecer en la Plaza de Armas”.

 

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