Autora: Isidora Antonia Avilés Villaroel
Diario La Quinta de Abril, Colegio Particular Alicante (Maipú)
Sellos son todos esos nuevos pentágonos negros que tienen los productos envasados altos en “excesos” y que advierten que ese alimento contiene mucho sodio, calorías, grasas saturadas o azúcares, pero mi pregunta es: ¿nos han ayudado ha dejar de consumir alimentos dañinos para la salud?
Hace aproximadamente un par de años que Chile dio inicio a una nueva ley de etiquetado producto de los altos índices de obesidad que presenta nuestra población.
Cada día se han puesto más restricciones a la venta y publicidad de comida nociva para nuestra salud. Sin embargo, en una de las últimas encuestas Cadem se evidenció que el 60% de chilenos cree que esta ley no ayudará a disminuir la obesidad y para ser franca yo me encuentro dentro de ese porcentaje.
Vamos un poco más allá de los meros datos estadísticos y analicemos el asunto cualitativamente. Si bien, esta ley ha presentado muchos detractores que la califican de ser poco rigurosa en sus mediciones nutricionales y de esconder intereses económicos, aún no he visto estudios sobre la experiencia cotidiana y real de los consumidores en el día a día, pues, según mi punto de vista, no veo un gran cambio en las prácticas alimenticias.
Por el contrario, dentro de mi círculo hay una decena de compañeros que aún, “pese a que existen los sellos”, siguen tomando a las 8.00 de la mañana un desayuno de bebida y papas fritas (entre otras cosas) que traen desde sus casas al colegio. Esto demuestra que tanto niños y adultos no han formado una conciencia efectiva en torno a la ley.
Por otro lado, si lo que se busca es modificar las conductas alimenticias de los chilenos, se debe dar la posibilidad real de acceder al consumo de alimentos saludables. Si pensamos lo que uno consume durante una semana, nos daremos cuenta que por necesidad o simple gusto, comemos aquellos alimentos que tienen sellos, y eso se debe a varios factores.
Por ejemplo, con un presupuesto de tres mil pesos para alguna comida, alguien consciente de alimentarse saludable optaría por comprar frutas o verduras, pero en nuestro país esto, claramente, sobrepasaría el presupuesto y además consideraría tiempo de cocción. En Chile comer sano sale caro.
En consecuencia, con esa misma cantidad de dinero es más fácil ir a comprar a una franquicia de comida rápida y fácilmente comeríamos una hamburguesa, unas papas fritas y una bebida sin tener que perder más tiempo ni dinero.
La iniciativa de señalarnos los “excesos” debido al alto porcentaje de obesidad infantil en nuestro país ha provocado que incluso en los kioskos que están dentro de establecimientos educacionales se prohibida la venta de comida chatarra. Pero mi inquietud es la siguiente, en este mundo que va tan rápido no es mejor añadir más actividad física en la malla curricular escolar, es decir, así como nos suman más horas de Inglés o Matemáticas que sea igual de importante Educación Física.
Creo que los niños y adultos estamos ignorando y naturalizando los sellos, antes de escribir esta columna hice seguimiento de semanas observando a las personas, familia, amigos a quienes les pregunté: ¿comes igual ese producto aunque tenga los tres sellos? Y en todas las situaciones la respuesta fue un rotundo Sí.
Investigando también conocí a coach nutricionales cuya sugerencia es básicamente “cocina todo lo que comes y ejercita tu cuerpo”. Estos profesionales enseñan cómo adquirir hábitos saludables los que implican tiempo y mucha fuerza de voluntad, ya que si nosotros cocinamos nuestros alimentos sabemos con claridad los ingredientes que estos contienen.
En conclusión, los sellos si bien nos advierten el contenido nutricional de un alimento, lo más importante está en generar una consciencia que opte por una vida saludable y de mayor calidad física, ya que esto es un complemento.
Los sellos son solo una simplificación a un cambio de mentalidad, de cultura, educación y estilo de vida aún más profundo, que requiere una serie de medidas políticas, económicas y de salud que van más allá de lo meramente estético.





















