Autora: María Jesús Bravo
Diario Voces del Alba, Colegio Sol del Valle (Lampa)
La depresión es un tema del cual muy pocos saben tratar. A menudo oigo cosas como por ejemplo, “estoy súper depre” o “no quiero más, caeré en depresión” cuando las personas quieren expresar que están tristes o exhaustas. Sin embargo, vale preguntarse si esto es algo normal dentro de lo que conocemos.
Tenemos cierta tendencia a relacionar mucho lo que implica estar triste con lo que es la depresión, y en la mayoría de los casos consideramos esto como algo normal y cotidiano. Esto siempre me lleva a las siguientes interrogantes: ¿Será que realmente la depresión es algo por lo que tenemos que pasar? ¿Es una cosa de edad? ¿Le estamos dando la suficiente importancia?
En lo que a mí concierne, la depresión es algo que se puede vivir en cualquier instancia de la vida, seamos niños, adolescentes, adultos o ancianos. También vale decir que la adolescencia es un proceso de muchos cambios, en el que pasamos por varios conflictos de carácter “interno”, que a la larga nos llevan a perder completamente el control de nuestra vida. Dado esto, somos altamente propensos a padecer depresión.
De hecho, según un artículo disponible en el sitio web del Minsal, la población adolescente de Chile representa el 60% del total de las muertes por suicidio y la prevalencia de trastornos depresivos. Ahora, teniendo en cuenta que más de la mitad de los casos de suicidios y de personas con rasgos depresivos pertenecen a los adolescentes, podemos asegurar que es un tema que evidentemente está pegando, y fuerte, en la sociedad.
No obstante, ¿esto quiere decir que la depresión adolescente es algo normal? No, en definitiva. No necesariamente algo que ocurra con gran frecuencia tiene que ser algo común, ni mucho menos algo de lo que no nos debamos preocupar.
La depresión siempre se relaciona con cosas de edad y descontrol hormonal, principalmente adjudicándoles el problema a los jóvenes. Cosa que a la larga repercute en la nimia importancia que se le está dando y qué medidas se están llevando a cabo para combatir la problemática, que en este caso, lamentablemente, son pocas.
Otro punto de gran relevancia con respecto a este tema, son las formas de tratar la depresión, lo que depende de la gravedad del trastorno. Se pueden considerar el apoyo psicológico, que se da principalmente si la depresión es leve, o en los casos más severos, un médico psiquiatra receta medicamentos antidepresivos. Este tratamiento – en términos generales – se basa en el aumento de serotonina en el cerebro, para que así cumplan su rol regulando de mejor manera el estado anímico.
¿Cuál es el problema? se preguntarán, y es que la serotonina, también cumple un rol en otros procesos como lo son la coagulación de la sangre, la digestión, el crecimiento, entre otros.
En un artículo de la revista “Frontiers in Psychology” publicado en el año 2012, se señala que se obtiene un beneficio mínimo frente a una importante lista de efectos negativos, indicando los riesgos a los que se exponen, como problemas de crecimiento, dificultades digestivas o sangrados anormales, añadiendo a esto la poca cautela con la que se recetan estos medicamentos.
Al menos para mí, la depresión es algo que debe ser tratado con extrema rigurosidad, otorgándole la envergadura necesaria. Sin embargo, también pienso que la solución más pertinente y eficaz, siempre será uno mismo. Depende solo de uno, de la importancia que le da al entorno, a la causa y todo aquello que nos provoca malestar. Solo nosotros somos capaces de superarnos, somos la enfermedad pero al mismo tiempo la medicina.
Dejemos de lado el “esperemos a ver qué pasa” y comencemos a tomar cartas en el asunto, que hoy por hoy es imprescindible preocuparnos por el entorno que nos rodea, prestar atención hasta a los más mínimos detalles, comprender y apoyar a todo aquel que lo necesite, para que de esta manera, todo adolescente viva esta etapa de la manera que quiera vivirla, de manera jovial y, por sobre todo, sin limitantes.


















