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59 años después de decidir ser voluntario, continúa tan apasionado como el primer día en que entró a la Compañía.

Autoras: Anneleis Rehbein y Antonia Mendez-Diaz.

Diario El Secreto del Aquelarre, Colegio Alcántara de Talagante

El señor Alfonso Jaime Adasme Ramírez, nacido en 1933, tenía 27 años cuando entró al Cuerpo de Bomberos. Lo hizo no con mucho interés, pero, con el paso del tiempo, se enamoró de esta magnifica profesión, y, aún con 85 años, está totalmente fascinado con esta tan bella vocación. De esta forma ha permanecido 59 años en la compañía de Talagante, convirtiéndose en un Bombero Honorario Insignia.

El ingreso a la institución      

Antiguamente, se podía ser bombero a partir de los 18 años y aún continua siendo así, excepto que ahora, un chico de 10 u 11 años puede estar en este servicio, pero solo como cadete. En esta etapa los chicos asisten a reuniones que serían como una verdadera escuela de bomberos. “Aquí lo único importante es la puntualidad, el ejercicio y tener las aptitudes necesarias”, indica Jaime.

Luego vienen los aspirantes, quienes son las personas que están a punto de volverse bomberos, aproximadamente a los 17 años, y luego vienen los bomberos, los cuales son los únicos que tienen la autorización de hacer un acto de verdad, como apagar un incendio.

¿Por qué quiso ser Bombero?

A mí al principio no me gustaba, más bien, no me llamaba la atención. Como había estado en el servicio militar, ya sabía las instrucciones y lo que hacían los bomberos, pero no tenía interés al respecto. Entonces, por medio de un amigo que pertenecía a la Primera Compañía de Bomberos, me dijo: “oye, ¿por qué no entras de bombero en la Primera Compañía de Talagante? Pero yo le dije que no. Entonces, tiempo después, a causa de otro amigo, terminé entrando en la Segunda Compañía, que es en la que estoy actualmente.

¿Usted trabajó a tiempo completo o solo en su tiempo libre?

Solamente en mi tiempo libre. Este es un trabajo voluntario, entonces uno el tiempo libre lo ocupa para ser bombero, porque se tiene que trabajar. Yo era mecánico de banco, trabajaba en Santiago y era bombero aquí, mi trabajo por la mañana y la tarde, y en la noche volvía a «bomberear», venía a las reuniones y a apagar los incendios. Esa es la poesía de ser bombero, uno puede estar tranquilamente en su casa, suena la sirena y hay que ir a trabajar.

¿Qué opinaban sus padres con respecto a que usted fuera bombero?

Y qué iban a opinar, yo ya era grande y tomaba mis decisiones. Cuando empecé a ser bombero era soltero y mi mujer me conoció con la mochila y me aceptó, jamás me puso ningún problema.

¿Qué es lo mas cómico que le ha pasado siendo bombero?

Ha habido tantas anécdotas graciosas. Una de ellas es que aquí habían unas malterías y tenían unas sirenas para la entrada y la salida de los trabajadores. Una mañana suena la sirena de la fábrica, yo me levanto, me pongo el traje de bombero y me fui corriendo de mi casa. Llego al cuartel y estaba todo cerrado, sin ni una sola persona. Yo no quería que nadie supiera lo que pasó, pero en una conversación con mis colegas se me salió, y yo no fui el único, a muchos bomberos les pasó.

Una vez eran las siete de la mañana y sonó la sirena del cuartel, yo iba tomando locomoción para irme a trabajar a Santiago, pero me tuve que devolver. Cuando llegué al cuartel, ya estaban todos mis colegas y nos subimos al carro de bomberos. Había un incendio en un colegio de monjitas, así que partimos rápido y entramos por un portón soplados. Apagamos el incendio, las monjitas estaban bien con nosotros, nos dieron desayuno y llegó el momento de irnos.

Llamé a mi trabajo para decir que iba a llegar tarde y nos subimos al carro y no podíamos salir, el carro no pasaba por ningún lado, entró fácil pero no podía irse, mirábamos el carro por el lado por si tenía rayones o algo, pero nada, estaba en perfecto estado. Tuvimos que sacar los portones para poder sacar el carro, el maquinista que manejaba ese carro tenia unas manos, era muy buen chofer. Ese carro jamás lo dejó en pana, tomaba otra persona el carro y pasaba de todo. Esa fue una anécdota que hasta el día de hoy no podemos resolver.

Fantasmas en el cuartel

“Según los que se quedan de guardia en el cuartel -porque antiguamente no se hacía guardia-, dicen haber sentido cosas, han sentido conversar a los voluntarios que han muertos. Eso yo lo escuché, sería mentiroso si dijera que lo vi, pero al menos yo no he visto nada”, dice don Jaime.

¿Cuánto tiempo le demoró conseguir el segundo carro de bomba al cuartel?

Era el año 1971 cuando lo conseguimos. Para ese carro trabajamos siete años, solo juntando dinero. En el enero hacíamos la Semana Talagantina; era una fiesta tremenda, traían buenos artistas, hacían bailes y con todo eso íbamos juntando dinero, hasta que alcanzó.

Había un bombero que se llamaba Fernando Loyola, que tenía mucha cabeza para inventar cosas. Una vez se le ocurrió hacer un avión y este se accidentó en la calle 21 de Mayo, cayó el artefacto, entonces estaban el piloto, dos azafatas y la tripulación del avión, pero todos eran bomberos, era jóvenes tan bonitos que vestidos de mujer, eran verdaderas mujeres, entonces el avión, hecho de madera y cartón, se estipuló que había caído, era una réplica.

Era día domingo y se da el aviso en la plaza, y en ese mismo momento, de pura coincidencia, sale una ambulancia y sale para allá. Van todos los copuchentos detrás, entonces cuando todos estaban en el supuesto accidente, se llevaron en una camioneta a los accidentados hacia la plaza, donde habíamos armado una clínica, habían bomberos de médicos y de enfermeras, y se acostó a los bomberos en una camilla y se les sacaban tripas de chunchules y cosas así que habíamos comprado en la carnicería. Para ese entonces la gente ya se había dado cuenta de que era una actuación y se estaban riendo, entonces en medio de eso vendíamos bebidas, comidas, hacíamos loterías y ahí se generaba dinero.

Otro año se le ocurrió a Fernando hacer carros romanos, así que todos estábamos vestidos de romanos, por suerte teníamos un colega que trabajaba en Santiago y tenía mucho contacto con el Teatro Municipal, entonces ahí el nos conseguía disfraces y caballos. Yo tenía unos parientes en Lonquén y me conseguí con ellos 20 caballos, para 10 carros.

¿Qué es lo más peligroso que ha hecho en su servicio?

Lo más peligroso fue el incendio de la empresa Invasa, donde actualmente se encuentra la empresa Montina. Ahí estilaban alcohol. El incendio fue en 1966 más o menos, como a las tres de la mañana. Nosotros habíamos ido antes porque un bombero trabajaba ahí, y para conocer terreno íbamos a hacer ejercicio y conocer las fuentes de agua. Por lo que sabíamos donde había una fuente y por dónde teníamos que sacar el agua, entonces en el incendio fuimos a las fuentes de agua y estaban secas. Nosotros en ese momento teníamos un carro Nissan Junior chico y teníamos que sacar agua de un río con la manguera hasta el incendio, tuvieron que venir de Santiago a apoyarnos.

Ya estaba claro por la mañana, entonces con un grupo de voluntarios, a una altura de cinco metros más o menos, nos subimos encima de un estanque que estaba lleno de alcohol y yo les dije: “Por ningún motivo vayan a encender un cigarro”. Les expliqué a mis compañeros que habían gases y podía haber una explosión. Estoy parado en medio del estanque, cuando de repente siento un ruido y “¡pam!”, una explosión. Nunca supe cómo salté y caí a los pies de la escala por donde habíamos subido. Felizmente no me pasó nada.

¿Cuál es su opinión respecto de la incorporación de mujeres al Cuerpo de Bomberos?

Todavía no estoy de acuerdo, esta es una profesión muy riesgosa y es complicado en ocasiones trabajar con mujeres, aunque tengo una nieta que es bombera.

¿Usted le inculcó a su descendencia que fueran bomberos?

A mis hijos se los quise transmitir, pero a ninguno le gustó. En cambio mis nietos se entusiasmaron. Tengo tres nietos, Jaime Nicolás, Sofía y Fernando, todos bomberos excepto Fernando, quien aún es aspirante.

¿Alguna vez se arrepintió de ser bombero?

No, nunca. Si me preguntaran si volvería a ser bombero, la respuesta sería «por supuesto». Porque ser bombero es una cosa increíble, uno entra por vocación, como que lo atrae solo, pero el que no entra por vocación, no logra nada, no dura, no sirve de bombero, y yo ni en otra vida dejaría de ser bombero.

¿Qué es lo más feliz que le ha pasado?

La mayor alegría es cuando te pasan una medalla por haber cumplido. Es una emoción gigante, yo tengo hasta la medalla de cincuenta y cinco años, me falta la de sesenta, que espero que sea el próximo año.

¿Y lo más triste?

Lo más triste es cuando muere un compañero, sobre todo cuando somos amigos y hemos estado por años juntos. Es triste sobre todo tener que ir a dejarlo al cementerio y verlo cómo lo dejan bajo tierra. Nuestros funerales son de noche habitualmente. También da mucha pena el no haberte despedido de ese amigo, porque uno no sabe cuál es la última vez que lo va a ver.

¿Por qué los funerales son de noche?

Razones hay muchas. Empezó porque en los años en los que se fundó el Cuerpo de Bomberos en Santiago, habían unas revueltas políticas, entonces los únicos que podían salir en la noche eran los bomberos con antorchas. Y de ahí nació la tradición de enterrar bomberos en la noche. La otra razón es porque de día hay poco tiempo. Ahora en Santiago hay muy pocas comunas que siguen haciendo el funeral de noche, es una tradición que se perdió, pero que en Talagante aún perdura.

Todos vamos vestidos de gala y el carro que yo y mis antiguos colegas nos ganamos trabajando, ahora lo utilizamos de carro fúnebre. Como ya no se puede ocupar para servicio, en los funerales dejamos el ataúd en la parte de arriba.

¿A usted le hubiera gustado haber tenido otro trabajo?

A lo mejor si no hubiera tenido a esos amigos bomberos jamás lo hubiera sido, pero cuando uno empieza a ser bombero, ya no deja después de serlo. Y sobre haber tenido algún otro trabajo, en realidad, cuando yo era joven no pensaba tanto en el futuro, más bien me enfocaba en el vivir diario.

¿Cómo le gustaría que fuera cuando lo despidieran?

En primer lugar que asistan todos mis compañeros, también quiero que me canten el himno de la compañía, porque yo he imaginado mi funeral, veo cómo me bajan del carro, me entierran, todos mis compañeros con antorchas en la noche, porque siempre digo: “Yo entré de bombero y muero de bombero”.

¿Ustedes tienen mascota en la Compañía?

Sí, una perrita llamada Chili, ella vive aquí. Esa perrita llegó sola y como hace diez años que vive con nosotros en la estación. La tuvimos que esterilizar porque era muy enamorada. En todas las reuniones se le deja el dinero para la comida, ella debe tener como unos 14 años yo creo, se le nota en la carita que ya esta viejita.

¿Usted está de acuerdo con que los bomberos no reciban sueldo?

Sí, porque los bomberos de Chile son voluntarios y si es que logra ser rentado, se pierde la poesía de que el bombero es voluntario, se pierde la tradición. Y sería como cualquier otro trabajo, cumplir los horarios, tener días libres, su sueldo. Entonces nunca en Chile se ha querido ser rentado, han habido muchas propuestas, hace años que existen, pero no le conviene al Estado porque tiene que pagar más y se terminaría una tradición.

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