Por: Leandro González
Diario Estrellas Liceanas, Liceo Santa Cruz (Santa Cruz).
Desde hace unas décadas escuchamos sobre contaminación y al parecer nos hemos vuelto inmunes porque pareciera no importarle a nadie que los niños de nuestro país nos estemos enfermando producto de los desperdicios tóxicos que las empresas expulsan hacia la atmósfera.
El principal contaminante ambiental que afecta a la salud humana en Chile es el material particulado respirable como es el caso del plomo. La Organización Mundial de la Salud señala que es una sustancia tóxica que se va acumulando en el organismo con efectos dañinos porque se distribuye por el cuerpo, afectando diferentes órganos, teniendo consecuencias que van desde retraso mental hasta la muerte; fácilmente podemos estar contaminados y no darnos cuenta porque el plomo ingresa en la sangre de manera sigilosa.
Los pobladores de la localidad de Rinconada de Alcones, comuna de Marchigüe, en la Región del Libertador General Bernardo O’Higgins, donde vivo, nos hemos visto afectados por una planta fundidora de plomo que ha sido clausurada por la Seremi de Salud en innumerables ocasiones; sin embargo, vuelve a funcionar de manera clandestina y hemos debido organizarnos para denunciarla tratando de evitar que siga causando daño a los vecinos de mi sector.
En abril de 2019 fue cerrada nuevamente puesto que los funcionarios del departamento de acción sanitaria verificaron que no habían sido subsanadas las irregularidades detectadas en las visitas anteriores, razón por la cual se encontraba desde febrero con prohibición de funcionar, aunque en la inspección detectaron indicios que uno de los hornos se encontraba operativo.
El Seremi de Salud, Rafael Borgoño, indicó que han realizado siete fiscalizaciones en las que siempre han detectado anomalías, por lo que esta planta no puede funcionar ya que estaría afectando la salud de los trabajadores y de la comunidad; pero en lo concreto esta medida no se ha cumplido y con impotencia he sido testigo de las emanaciones de gases tóxicos que podrían estar dañando silenciosamente la salud de mi familia, mis amigos y todos quienes vivimos en el sector.
Cuando comencé mi investigación pude constatar que esta planta tenía 10 personas trabajando de lunes a sábado, desde hace diez años y, aunque había una persona a cargo de las normas de seguridad, claramente no hubo un buen trabajo. Don José Mella Barría, antiguo trabajador de la planta, nos contó que se encuentra infectado con plomo y eso ha traído consecuencias para su bienestar físico y emocional.
La planta dejó efectos negativos: en el medio ambiente, ya que todos los días se veía humo saliendo por las calderas; y también personales, porque la mayoría de los trabajadores quedó con altos niveles de plomo en la sangre.
Los niños y jóvenes de mi sector esperamos que las autoridades no permitan el funcionamiento de plantas contaminantes para disfrutar de un sector rural hermoso y no pasar por lo que están pasando en Quintero y Puchuncaví.





















