El tren, un viaje a la historia

El tren, un viaje a la historia

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Por: Paulina Donoso

Estrellas Liceanas, Liceo Santa Cruz.

Sin duda la modernidad y la tecnología nos han hecho olvidar nuestra historia y tradiciones, desde mi perspectiva es necesario realizar una búsqueda de nuestra identidad, de repensar y valorar lo que somos; por ello, hoy quiero hacer un viaje al pasado y redescubrir lo que fue la creación, utilización y abandono de la línea férrea en nuestra región.

Haciendo un poco de historia, el ferrocarril se construyó por etapas. En 1862 se conectó la capital con San Fernando, en el corazón de Colchagua. Para seguir avanzando hubo que esperar varios años porque los parlamentarios no creían necesaria esta inversión para la zona y finalmente en 1926 llega la línea hasta el conocido balneario de Pichilemu, que en esta época se quería transformar en puerto.

La demanda se veía incrementada en verano, pues las personas del interior hacían un alto en su vida cotidiana y se iban a instalar con su familia a las playas de Pichilemu; lugar popular ya en esa época entre los habitantes de la región para disfrutar de vacaciones, las que comenzaban una vez que los pasajeros subían al ferrocarril. Mucha gente se conoció en ese espacio, cuántas historias marcaron la vida de las personas y hoy son sólo recuerdos.

El año 1985 se anunció que se pondría fin al servicio de pasajeros. En una conversación con mi tía, recordó que ese verano tenía 14 años y viajó por última vez con sus padres. Con emoción me contaba lo desafiante que era pasar por los puentes, porque el tren se movía de lado a lado, pero el momento que más le inquietaba era cuando pasaban por el túnel, el tren lo hacía muy lento y eso creaba la sensación de que era interminable. En marzo de ese año hubo un terremoto que derribó la mitad de las casas de adobe, entre ellas la estación Cardonal.

Para ese entonces el ferrocarril funcionaba sólo como carguero,  ya que el automóvil hizo más accesible la llegada a los diferentes pueblos; la vía sufrió un gran socavón y a nadie pareció importarle su deterioro. Finalmente se decidió eliminar este servicio definitivamente en 1993.

En 2001 se le dio un nuevo aire al uso del ferrocarril, mediante el proyecto «Ruta del Vino» en tierras colchagüinas, cuyo objetivo era hacer un recorrido por las distintas viñas del valle, desde Santiago hasta la estación Peralillo, llevando al turista a través de un viaje al pasado y permitiendo evocar recuerdos de infancia a aquellos que utilizaron este medio. Sin embargo, los que no vivimos esas experiencias no podíamos comprender la magia que aparece con el sonido del tren avanzando por los rieles.

No obstante, el 2010 un nuevo terremoto en la zona provocó un desastre mayor en la vía férrea y se destruyó, los restos que quedaron fueron saqueados para vender la madera y fierro.

Cuando comencé a conocer esta historia recorrí la parcela de Don Víctor Cornejo Donoso, en el sector de Cardonal (Alcones, Marchigue), hacia un lado pude ver la antigua ruta a Pichilemu que debía pasar por la temida cuesta La Herradura y hacia el otro lado aún quedan vestigios de la línea del ferrocarril, de la cual se han llevado todos los durmientes. Seguí el camino hasta llegar a un túnel añoso y oscuro, justo en el deslinde de la propiedad hay un viejo, pero hermoso puente de cimientos de piedra que pude conocer por completo. A través de la conversación con este hombre de más de 65 años me transporté al pasado, deseando haber podido vivir esta experiencia y lamentándome de la desidia de los diferentes gobiernos.

Actualmente, a nueve años del terremoto, la tradición del ferrocarril no se ha logrado rescatar; ni el Estado ha tomado cartas en el asunto ni los privados han vuelto a invertir en un proyecto que rescate las tradiciones de nuestra tierra. Sólo nos queda acercarnos al museo de Colchagua para ver el antiguo tren del vino e imaginar cómo habrían sido los viajes y las historias de los pasajeros del ayer.

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