Autor: Felipe Sebastián Ahumada Olave
Diario Expreso Mutante, Colegio Divina Maestra (Villa Alemana).
Los jóvenes intentan sentirse representados a través de la música, géneros como el rock y rap no están tan de moda como hace unos años atrás, pero un nuevo movimiento que se veía lejos de Chile, ha llegado para quedarse. Hablo de la «narcocultura», parecía un fenómeno propio de México, Colombia o Estados Unidos, lugares donde se guarda una admiración especial a narcotraficantes y personajes de la cultura popular como Pablo Escobar, Chapo Guzmán o Tony Montana.
En la actualidad, y pese a la historia de violencia que tienen estos personajes, son admirados, los jóvenes en su mayoría adolescentes de nuestro país desean ser como sus “ídolos”, y poseer el dinero, los lujos y el poder que ostentan. Para cualquier persona esto es una conducta aberrante, un mal ejemplo para sus hijos, sobrinos o hermanos.
La música es un factor que influye muchísimo en estos casos, cantantes como Pablo Chill-e, Julianno Sosa, Young Cister, chilenos que promueven cada vez más este estilo en nuestro país. El escritor Fránces Victor Hugo, señala que la música expresa lo que no puede ser dicho y aquello sobre lo que es imposible permanecer en silencio.
Quienes siguen este estilo cultural, son jóvenes de entre 15 a 25 años, que no tienen recursos para poder vivir cómodamente todo el mes. Ven como sus padres o familiares tienen que batallar para poder llevar dinero a casa. Desde lo que yo veo, este estilo se está haciendo de moda por el “odio”, y la “discriminación” que algunos jóvenes sienten ante las clases más acomodadas del país o los políticos, que no han hecho nada por ayudarlos.
Los narcotraficantes en algunos barrios se han vinculado con la gente, ayudándolos económicamente con empleos, dinero, convirtiéndose así en unos “patrones”. Es aquí donde surge la admiración, y la influencia que tienen estos grupos que cautivan a los jóvenes.
¿La responsabilidad en la expansión de la “narcocultura” la tiene el Estado? En mi punto de vista, esto es acertado, una persona normal, va a querer pertenecer o apoyar un estado al cual se le ve envuelto cada vez más en problemas como la “corrupción y violencia contra su propia gente”.
Las personas se sienten abandonadas, desamparadas e inseguras, porque a pese al trabajo realizado por las policías en las poblaciones, los conflictos armados y violencia desmedida aumenta. La gente no se siente segura y prefiere pasarse al otro lado, aunque sea fuera de la ley.
Yo, que tengo 15 años, me gusta este estilo que se ha instaurado en la sociedad. Escucho la música que se produce y me mantengo al tanto de las situaciones que ocurren con la «narcocultura», pero para mí esto es una entretención, pero qué sucede cuando un niño que tiene mi misma edad, comienza a tomar gusto por las pistolas, robar, traficar o ser un “soldado” más de los narcotraficantes, es aquí cuando este tema deja de ser una entretención y comienza a ser una prioridad social.





















