Hay quienes no solo rezan a Dios

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Por: Adrián Medina Martínez

Diario Los Nuevos Diablos Rojos, Liceo de Hombres de Antofagasta Mario Bahamonde (Antofagasta).

Soy un extranjero recién llegado al país y logro confundirme fácilmente con cosas que no son propias de mi lugar de origen y he aquí un ejemplo: Cada vez que voy de camino al liceo me encontraba con una pared larga y gris, llena de velas y textos en diferentes cuadros. Pensé en un momento que eran familiares de algún soldado haciéndole homenaje por luchar en una importante guerra de esas que tuvo Antofagasta, que sorpresa la mía al saber que tantas velas y agradecimientos era para una persona como cualquier otra, así conocí el concepto de las animitas.

Una animita es un homenaje a alguien fallecido trágicamente por parte de un grupo de personas, entonces quien pensé que era un soldado, resultó ser Evaristo Montt ¿Pero, por qué alguien como él logró causar tanto revuelo?

José Evaristo Montt Monsálvez fue un antofagastino que trabajaba como cuidador del servicio de trenes en la estación del histórico ferrocarril Nº 141 de Antofagasta-Bolivia (FCAB) en el turno nocturno, vigilando el lugar a la espera de la llegada del tren.

Cuentan que un día de 1924, Evaristo se encontraba en la estación con el tren que se dirigía hacia las oficinas salitreras, que todavía operaban en esos tiempos, cuando estalló la caldera de un ferrocarril cargado de petróleo y Montt junto a otras tres personas fallecieron con la explosión. Parte del cuerpo de Evaristo cayó en el lugar donde después se haría un altar que ha crecido con el paso del tiempo, convirtiéndose en lo que es hoy en día, llena de peticiones y agradecimientos, concediéndole una fama de “milagroso”, pero yo me pregunto ¿Por qué la gente le suele llamar así a Evaristo?

Quienes hablan de Evaristo Montt suelen destacar sus favores concedidos como si de un santo se tratase, es por eso que me propuse hablar con gente que lo visita para ver que decían sobre él. Varios comentaban que le pidieron un favor y lo concedió, un milagro para la sanación de un familiar gravemente enfermo, y gracias a Evaristo, se recuperó.

Esas personas coincidían en el derecho a creer en lo que que quieren y no porque algunas personas piensen diferente, tienen que cambiar su opinión. Muchos habitantes de la zona dicen que le deben algo por ayudarles tanto. Me cuesta mucho creer en este tipo de cosa, sobre todo al ver a tanta gente asegurar milagros, más extraño me parece, y no es solo por Montt, sino que también por otros santos que tienen miles de creyentes.

La explosión del ferrocarril no solo afectó a Evaristo, sino que también a tres personas que fueron víctimas de este accidente y en más de una oportunidad me he preguntado ¿Por qué solo a Evaristo? ¿Por qué solo el “santo milagroso” fue Montt y no otro de los tres fallecidos? ¿Por qué solo él?.

La verdad, no existe una respuesta específica para estas preguntas y no creo poder encontrarla a pesar de que muchas personas después de tantos años siguen con la tradición de prenderle velas una vez al mes, pero claramente la gente genera mayor empatía con quienes murieron trágicamente que con quienes lo hacen de forma natural, quizás eso explicaría el por qué se le otorga esta condición a Evaristo.

Personalmente no creo en este tipo de cosas, porque considero que si algo bueno te pasó es porque tenía que pasar, no por un tercero que “te ayudó” en alguna mala situación. Aparte de que no me gusta el hecho de idolatrar a alguien que no es conocido y que apenas se sabe quién era realmente en su vida personal, pero al final de cuentas se deben respetar las creencias de los demás por más extrañas que sean. El agradecimiento y la fe son parte de la cultura popular de Chile y probablemente la animita de Evaristo Montt siga por muchos años más.

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