Teléfono celular: ¿recurso pedagógico?

Teléfono celular: ¿recurso pedagógico?

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Ingresar a una sala de clases de cualquier institución educacional hoy, en calidad de profesor o de estudiante, es observar la misma realidad: la mayoría sumergido en su teléfono celular, atrapado por una realidad virtual que ha ido transformando las relaciones sociales, por tal razón hablar de móviles genera reacciones a favor y en contra.

Los aparatos tecnológicos son dispositivos utilizados por personas, por lo que su correcto o incorrecto uso claramente depende de ellas, de sus necesidades y motivaciones.

El gobierno francés prohibió por ley la utilización definitiva de celulares y otros dispositivos en las escuelas porque considera que estos pueden afectar la escucha activa y la concentración. Además hay estudios realizados por universidades extranjeras y chilenas que mencionan una correlación entre el uso de tecnologías de pantalla y adicción, TDAH, ansiedad, depresión, entre otras. De alguna manera, el colocar a un niño frente a una pantalla es poner en pausa su desarrollo cognitivo y emocional.

Según un estudio de la Universidad de Los Andes realizado en nuestro país, la edad promedio de recepción del primer celular es a los 10 años, niños y jóvenes declaran utilizarlo más de 6 horas diarias para ingresar a redes sociales, escuchar música, jugar y ver videos, algo fácil de corroborar en las aulas de las escuelas y liceos chilenos porque los estudiantes juegan en línea mientras la profesora explica qué son los géneros periodísticos informativos.

Pareciera ser que el teléfono celular se ha vuelto una extensión del cuerpo y hace unos años comenzamos a escuchar la palabra “nomofobia” que representa el miedo irracional a perder el contacto con el celular; es decir, no poder utilizarlo mientras estás en una clase o trabajando.

Al observar estos datos podemos ver que el desafío de la educación del siglo XXI no solo está en reencantar a los jóvenes para que aprendan sin pensar en la calificación, sino que también está en que los docentes sean capaces de integrar la utilización del celular de manera que se puedan promover aprendizajes significativos; porque este dispositivo sirve para el aprendizaje, pero al mismo tiempo se transforma en una distracción.

Por un lado, tenemos el «mobile learning» que incluye todas las metodologías que utilizan el móvil como herramienta; y por otro, está la discusión de usarlo como un instrumento más parecido a computadores o libros.

En concreto hay aplicaciones que permiten trabajar en línea a estudiantes entre sí e interactuar con sus maestros como Pixtoome, que traen como beneficios el aprender a utilizar adecuadamente la tecnología, mejorando la motivación y participación; algo que podrían comenzar probando los docentes.

Efectivamente se puede utilizar el móvil como una herramienta de aprendizaje siempre y cuando el estudiante la utilice de manera eficiente, siguiendo las directrices de un profesor o profesora que haya planificado su clase con este medio como material de trabajo, pensando que a través de él puede lograr un aprendizaje significativo.

¿Serán capaces, estudiantes y docentes, de enfrentar este desafío?

 

 

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