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Juan Enrique Guarachi García-Huidobro, bajo su máxima «todos los niños pueden aprender» ha urdido su vida para trabajar por la educación y los más vulnerables. Teólogo y MBA en administración, además de padre de 5 hijos, sigue inspirando a otros por transformar sus vidas a través de la educación.

Autores: Iker Daza y Benjamín Mora 

Diario Ecos en tinta, Colegio Juan Luis Undurraga, Quilicura

Juan Enrique, se describe a sí mismo como un hombre inquieto y lleno de energía, además de un hombre poco común e idealista.

Tras su paso por la Fundación Belén Educa, para luego ingresar al sector público el año 2019, visita por primera vez uno de los 12 colegios que lo reconoció como su Director Ejecutivo por más de 19 años para conversar con Diario Ecos en Tinta sobre sus sueños, proyectos e ideales.

Con 62 años, Juan Enrique reconoce que se apasiona cuando tiene alguna idea desafiante y que le enorgullece dar lo mejor de sí en todo lugar, sobre todo cuando se trabaja del bienestar social.

«Me encanta estar en movimiento, salir a caminar con mi señora, estar con mis hijos, y llamar a mi nieta que está en Bélgica con sus papás que se fueron a estudiar allá. Está bien, que se desarrollen, pero que vuelvan a servir a Chile», comenta orgulloso al hablar de su familia.

Cree firmemente en un mundo mejor. «Un lugar donde existan oportunidades para todos y seamos muy felices. Un lugar en donde no falte el alimento, cuidemos el planeta, y cada uno tenga la oportunidad de plantar un árbol, pero principalmente un mundo en que seamos felices y podamos minimizar los problemas o los accidentes», comenta con voz firme y tono positivo el teólogo.

En su búsqueda de «una sociedad más justa», está en constante creación de proyectos para cumplir la meta de un país que supere la pobreza gracias a la educación.

El nacimiento de un sueño

La convicción de Juan Enrique es que una buena educación puede dar las oportunidades necesarias para que la vida de niños y jóvenes se transforme.

Es bajo este anhelo que el año 1998, junto a Jorge Cisternas y Juan De Castro, crean la Fundación Belén Educa, para luego en el 2000 inaugurar el primero de 12 colegios. Hoy con más de 1.000 docentes en servicio y 14.260 estudiantes.

¿Qué lo inspiró para crear la Fundación Belén Educa?
La pobreza en Chile fue mi motivación. Pienso que una manera de salir de la pobreza es tener una educación de calidad. Yo siempre he querido ayudar a los jóvenes de sectores vulnerables.

¿Por qué lleva ese nombre?
Primero porque Belén es donde nació Jesús, es un lugar pobre pero a la vez hermoso, como los lugares en donde están los colegios de Belén Educa. Yo conocí Belén cuando viaje a Israel hace un tiempo, y fue maravilloso. Entonces yo tenía mucho interés en que hubiera algún vínculo con el señor, pensaba que esto tenía que ser la casa de Dios. Belén Educa es para mí la casa de Dios. Bueno, y «Educa» porque al principio se llamaba Fundación Belén y punto. Pero los creativos me dijeron: ¿qué tiene que ver esto con la educación? y lo incluimos para que la gente comprendiera que estaba relacionado con esta área.

¿Qué quería entregar al país con la creación de esta institución?
Tener una educación de calidad, una educación que permitiera a los estudiantes oportunidades para la vida. Eso fue lo central. Y por supuesto fueran chiquillos honestos, solidarios y preocupados por los demás. Ese era mi sueño: tener un buen colegio que les otorgara el poder soñar un proyecto de vida.

¿Ha pensado que Belén educa podría llegar a ser algo más grande que tan solo 12 colegios?
Sí, lo creo. Te voy a reconocer que los últimos 3 años en la fundación fueron difíciles, pero creo que había que dejar algo de pega (ríe). Creo que puede ser más grande porque por aún hay muchos lugares a los que llegar. Una vez intentamos irnos a regiones, como San Antonio, pero no se concretó. Aún hay mucho que hacer en todo Chile.

¿Por qué se fue de la fundación?
Me fui porque llevaba mucho tiempo. Llevaba 19 años, pero tenía ganas de hacer un cambio. Me sentía muy dueño de Belén Educa, y no era el dueño, era como el administrador solamente, porque Belén educa es de la iglesia.

La educación chilena

Nacido en la comuna de Providencia, en la Región Metropolitana, y consciente de los privilegios de haber nacido en una familia que podía entregarle las herramientas necesarias para lograr todos sus proyectos, una tarde mientras caminaba por el patio de su Colegio San Ignacio, Juan Enrique sintió el llamado que lo impulsó a querer entregar lo mismo que él había recibido: una buena educación que le permitiera llegar muy lejos y servir a quienes más lo necesitaran.

¿Usted qué piensa sobre la educación chilena?
Pienso que a nuestra educación le falta mucho. Necesitamos investigar, practicar, y trabajar para lograr ser mejores. Un día a la semana estoy participando en la Comisión Nacional de la Acreditación de Carreras Superiores, para desarrollar la normativa o los estándares de exigencia de la carrera de pedagogía. Estoy muy contento de hacer algo importante, porque ese grupo de personas tiene la tarea de mejorar la formación y la educación universitaria en Chile

¿Cuáles cree usted que son los problemas actuales de los jóvenes chilenos?
Yo creo que los problemas son medio externos, como la droga y el alcohol,  reales problemas, pero que bueno, yo pienso que el problema no es de ellos. Porque uno ve que en el fondo los chiquillos sí tienen un proyecto de vida, son afectuosos, cercanos, y  que tienen mejores relaciones humanas. Comúnmente los grandes terrores como el alcohol y la droga están asociados a problemas familiares o dificultades de relaciones y por eso se esconden en ellos.
A los chiquillos que les gusta estudiar, hacer deporte, que tienen buenas relaciones con las personas, que son empáticos, y que son la gran mayoría, ellos no deberían tener problemas. Cuando yo pensé en Belén Educa pensé en una educación integral, con deporte, música, artes, y desarrollo de talentos.

Transformar el mundo y mojar la camiseta

Un hombre lleno de optimismo, siempre sonriente, y carismático, transmite a través de sus palabras serias convicciones. En diez años se imagina con la misma energía, lleno de desafíos y enfrentando todos los cambios que se vienen. Si hay algo que lo moviliza es vivir en constante cambio, con ansias de inspirar a otros a dar más de sí mismos, con un constante llamado a no quedarse en las zonas de confort.

¿Qué mensaje le entregaría a las generaciones de estudiantes que quedan en Belén?
Me gustaría decirles a todas esas generaciones que estudien, que trabajen, que  si quieren construir una historia en este país y transformar el mundo, tienen que trabajar. Mi mensaje es que tienen que formarse, tienen que estudiar y hacer amigos. Lo central de mi vida fue trabajar, estudiar, tener proyectos y soñar.  Deben tener valentía y perseverar en lo que hoy día les guste. Hay que ser capaces de enfrentar el desafío porque nadie logra grandes cosas sin mojar la camiseta.
A nosotros nos dicen «Belen Estruja» (ríe) y yo pienso que el que no moja la camiseta es porque no jugó un buen partido. Siempre tenemos que darlo todo, lo mejor en cada momento.

Nuevos proyectos

Hoy en día Juan Enrique busca nuevos horizontes y nuevos sueños que cumplir. En compañía de su familia, hoy disfruta de su tiempo libre pero sin descanso. Salir a correr dos a tres veces a la semana es uno de sus hobbies, alcanzando un promedio de 18 kilómetros semanales, para mantenerse en forma.

Plantar árboles y seguir aprendiendo sobre el cultivo de trufas, se han convertido en sus nuevos pasatiempos. «La naturaleza es algo tan especial, como que te renueva. Todavía no tengo nada porque estoy investigando, pero ya voy a tener algo» señala decidido.

Junto a las trufas, y la reforestación, el gusto por la educación sigue en pie, y las ganas de seguir aportando al desarrollo del país lo ha hecho pensar en nuevos desafíos.

¿Qué proyectos se vienen ahora?
Estamos armando con unas personas una nueva fundación, que se va llamar Líderes Escolares. Pronto voy a tener una reunión con creativos, gente que se dedica a las marcas y publicidad, porque vamos a tener una fundación nueva y no me gusta el nombre aún.
Estoy buscando trabajar con los directores y los subdirectores, y para eso estoy en conversaciones.  Ya me contacté con 3 universidades y están locos, muy emocionados con la propuesta. También fui a Puente Alto para hablar con la jefa de 27 colegios municipales, y yo dije dónde me inscribo, porque yo quiero estar aquí.

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