Por: Martina Silva Campusano
La Gazzetta della Scuola, Scuola Italiana Alcide de Gasperi (La Serena)
En el metro de Santiago un estudiante salta el torniquete, como diría mi profesor de física, es el principio del efecto mariposa, jamás pensó que esa atlética acción generaría acciones inconmensurables en el resto del país, su sola decisión de no pagar su pasaje acarrearía efectos impensados en el resto de la geografía nacional. En La Serena a más de 470 kilómetros, experimentamos esta reacción. Sin duda, el sentir popular se hizo sentir y ¡de qué manera! Pero propongámonos mirar con un enfoque más generoso, hacia las soluciones que lleven a construir un país más justo y más unido, al parecer es el sentir común, entonces ¿Por qué no ahora? ¿Por qué no nosotros?
Las autoridades deciden subir 30 pesos el pasaje del metro, muchos dirán ¿y que son 30 pesos, es mínimo? Pero para personas que deben pagar cuentas, medicamentos y comprar las cosas de la despensa les pesa llegar a fin de mes con el sueldo mínimo que no llega a los 300 mil pesos, imagínense una persona de tercera edad que recibe una pensión aún más baja y aparte debe gastar en medicamentos, comida, luz, agua como mínimo, obviamente le harán ruido en el bolsillo a esa persona.
Esto claramente molestó a los ciudadanos quienes se movilizaron y empezaron a manifestarse con pancartas, gritos de apoyo, bicicletas y música. El pueblo quejándose de los privilegios de la clase más acomodada, las desigualdades e injusticias, debemos admitir que en un principio fue bastante pacífica, pero la cosa fue cambiando, lo que alertó a las autoridades, quienes sólo veían disturbios, desórdenes y saqueos a locales comerciales, transformando el sueño de la unidad en la pesadilla del vandalismo, mi pregunta es ¿Debemos destruir para que nos escuchen? ¿Acaso la única forma de que presten atención es cuando les tocan las cosas materiales? Sin duda, la respuesta del gobierno fue tan rápida como insólita, tácitamente reconoció que estaba sobrepasado, y la única solución que vio fue declarar Estado de Emergencia y toques de queda, en plena democracia, como diría mi santo padre, una contradicción vital.
Pero aun así la gente no se calmó, con mayor razón fue a defender y a luchar por los que ya no podían y así unir al pueblo, cada vez más chilenos en el país o en el extranjero, mostraban su disconformidad ante las constantes humillaciones e injusticias que día a día amenazaban con seguir chupándonos la sangre lenta y sostenidamente, las pensiones, los aranceles de educación superior, la AFP, las contribuciones, las colusiones, cada gota de sangre por cada injusticia, valía 30 pesos. No hubo voces disidentes al respecto; fue emocionante ver a hinchas de La Serena y Coquimbo abrazados por la misma causa, es que no existe rivalidad más grande.
Nuestra generación tiene la obligación de transformar esta crisis en una oportunidad de aprender de los errores, de enmendar las injusticias, y principalmente hacernos responsables de nuestro futuro. Debemos vencer la modorra y la apatía, es urgente que como ciudadanos no sólo votemos, sino que fiscalicemos a aquel político que le dimos el voto, sepamos como votó en una determinada ley, cuál es su porcentaje de asistencia al congreso, qué promesas electorales cumplió; esto no es una opción, es un deber.
Señor Piñera, soy una estudiante de 8° básico, por lo mismo me voy a permitir dejarle un consejo, no se ha percatado, que existe una posibilidad soñada para cualquier estadista de nuestro país de pasar por siempre a la historia republicana de Chile, cambie la Constitución, arréglela, equilíbrela. Quizá muchos chilenos lo olvidarán, probablemente es lo que más quieren, pero si realiza un gesto como el que humildemente le aconsejo, libros de historia lo tendrán para siempre en su corazón.





















