¡Ay!, ¡Cómo hemos cambiado!

¡Ay!, ¡Cómo hemos cambiado!

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Autora: Paulina Donoso

Liceo de Santa Cruz

El tiempo no detiene su marcha, fluye como el agua del estero que baña nuestras tierras fértiles y a paso cansino mi Santa Cruz querido ha ido cambiando como una oruga que se  transforma: mejoras en las vías, incremento de medios de transporte, flujo turístico constante, modificaciones estructurales de casas comerciales, establecimientos educacionales, nuevas poblaciones por todo el perímetro de la ciudad, además de un aumento demográfico que se evidencia al caminar por las avenidas que han quedado angostas.

Si observamos en detalle, podemos percibir que algunos de los cambios que parecen beneficiosos no lo son, se ha modificado nuestra identidad porque nos convertimos en la comuna centro del valle de Colchagua a pesar de que sus calles céntricas siguen siendo las mismas que hace un siglo.

Las calles que cuando niña podía recorrer corriendo sin preocupaciones hoy son inseguras por la congestión vehicular, accidentes de tránsito y asaltos violentos. En la periferia de la ciudad había predios que se ocupaban para la siembra y extensiones de tierra con frutales que eran el pulmón de la ciudad, esos terrenos hoy se han convertido en poblaciones y condominios por lo que la contaminación ha llenado nuestros inviernos; sin duda Santa Cruz sigue siendo un pueblo que acoge a quien llegue a él, pero ha dejado la plácida vida bucólica  que lo caracterizaba.

El cambio cuando es evolución que conlleva progreso que beneficia a todos es una bendición, pero cuando se pierde el objetivo no podemos decir que ha sido  provechoso.

Espero que las autoridades nos devuelvan el aire campesino y podamos disfrutar de la vida al aire libre propia del centro de  nuestro país.

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