Cuando la ciudad llega al campo: Maipú antes y después

Cuando la ciudad llega al campo: Maipú antes y después

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En las últimas décadas, diversas comunas del país han experimentado una serie de cambios ligados al crecimiento económico y demográfico. Maipú es una de ellas: desde su origen ha ido evolucionando hasta convertirse casi en una pequeña ciudad dentro de Santiago. Sin embargo, lo que a simple vista parece ser positivo en la práctica no lo es tanto.

Maipú ha estado desde siempre emparentada con el acontecer histórico. Su nombre proviene de la palabra “maipo” que, a su vez, se desprende de la voz originaria maipún que en lengua mapuche significa “lugar arado”. Allí, el 5 de abril de 1818 se llevó a cabo la Batalla de Maipú tal cual la conocemos.

A partir de ese momento, la gente que comenzó a poblar estos territorios fue mayoritariamente campesina. Los bastos terrenos, verdes y fértiles, permitieron desarrollar por largos años actividades agrícolas y ganaderas. La vida rural se instala en todo su esplendor por varios años, hasta que sucedió lo inevitable.

La expansión explosiva de la ciudad de Santiago, junto a una serie de problemas ligados al desarrollo vial, llevó a que la población de Maipú aumentara. Esto provocó que, en lo sucesivo, se fuesen dejando de lado las actividades campesinas y transformando los terrenos agrícolas en viviendas ocupadas por gente de distintas clases sociales. La urbe comienza a mezclarse con el mundo rural y el equilibrio que predominaba en el estilo de vida campesina se quiebra.

Hacia fines de 1970, Maipú alberga más del doble de su población original. Como es natural, las personas que lo habitan comienzan a demandar trabajos y servicios básicos como salud, alimentos y educación. En otras palabras, Maipú se hace parte relevante de Santiago a través de su población y sus obras. Los censos realizados entre los años 1992 y 2002 arrojan resultados sumamente ilustrativos: en una década, la población casi se duplica pasando de 255.243 a 467.861 habitantes. Muchos podrían asegurar que los datos aquí expuestos responden a un fenómeno normal ligado a un desarrollo sostenido; no obstante, se necesita ampliar el foco de análisis.

Si consideramos que el aumento de habitantes se traduce inevitablemente en un aumento de necesidades, debemos considerar también que para satisfacerlas se debe movilizar mayores recursos humanos y materiales. Como es lógico, la forma de vida campesina no encaja con estas nuevas demandas y, por lo tanto, colisiona con los moldes de la urbe y sus habitantes que se debaten entre la expansión de la ciudad o la preservación de los espacios naturales vigentes.

Los mencionados hitos nos permiten entender que, en una comuna con las características socio-históricas particulares de Maipú, el desarrollo urbano termina encontrándose bruscamente con una doble realidad: se topa con el universo campestre y, a su vez, con el pasado histórico que determina fuertemente sus orígenes. La mezcla de estos factores no es del todo homogénea y es así como hoy la comuna se encuentra con una personalidad poco definida, atrapada entre un antes y un después.

El desarrollo urbanístico debe ir necesariamente en la búsqueda de un equilibrio. Solo así se puede garantizar la conservación de la identidad al mismo tiempo que se evoluciona de acuerdo a los tiempos actuales.

Fernanda Meza

 

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