El ritmo de Sorry de Justin, lo despierta en la mañana. El estribillo se repite en su cabeza. El celular marca las 6:30 am. Se levanta. Tiene media hora para ducharse y vestirse. Se baña. Apenas sale de la ducha, escucha la estridente voz de su mamá pidiendo que se apure y avisando que ya se van. Se viste rápidamente y sale corriendo. No se peina, no desayuna ni se amarra los zapatos. Lo único que importa es no pillar el taco.
El taco de la avenida Pedro Fontova Norte, en la entrada de su sector de Huechuraba que forma literalmente un cuello de botella, donde todos los habitantes de este sector, convergen como abejas que vuelan desesperadas por llegar rápido al panal.
De acuerdo a la página de Terra.cl, en su publicación del 31 de marzo del 2013, los vecinos de este sector demoran entre 45 y hasta una hora en llegar a Américo Vespucio.
Su mamá ya está en el asiento del chofer, gesticula algo desesperado, indicándole que se apure. Su mochila cuelga del hombro y hace la de Superman para entrar al auto.
El tiempo corre
El niño del auto de al lado derecho lo saluda. La señora del auto de atrás se mira en el espejo retrovisor, mientras se aplica el labial de Victoria’s Secret. El tipo de la camioneta de adelante golpea bruscamente el volante, haciendo sonar la bocina. A la izquierda ve a un universitario. Piensa en su hermano, en lo estresado y ansioso que se pone cuando el taco no avanza.
Decide amenizar el momento. Prende la radio, la ubica en el 104.9, Radio Disney. Escucha lo que quieres sentir… se escucha la nasal voz de Shakira junto a Carlos Vives y su bicicleta. La mamá comienza a tararear la canción mientras se mueve haciendo movimientos con su cuerpo, intentando bailar adentro del auto. Agradece su intento de hacerlo reír. Están en Camino El Roble con El Carmen. Debe llegar al colegio, pero el reloj marca las 7:20 y sus esperanzas se desmoronan.
Según Gonzalo Ramírez, vocero de «Salvemos Huechueraba» habría que expropiar 800 metros de una propiedad a la salida de Guanaco, que corre paralela a Pedro Fontova.
El tiempo vuela. Siguen en el mismo lugar. El vecino del lado derecho es un tipo famoso de la tele. Se ve relajado.
Hoy es la presentación de Historia. Le gustaría estar en el auto de al lado y sentirse bien como el actor. Son las 7:22 y el taco no avanza. Decide distraerse y revisa su cuenta de Instagram. Ve la publicación de hace 13 horas de @schenelovers, marca «Me gusta». Emerge desde debajo de su pantalla la publicación de @gary_medel17. “Medel de Nazareth”. Son las 7:29. Ve el paquete de papas a la mitad, en el posavasos, junto a la botella de jugo. El hambre le carcome el estómago. Alcanza el paquete y se lo come. Las siente como un chicle. Toma un sorbo de jugo. La acidez produce muecas en su cara. Revisa el etiquetado: Kiwi-Manzana. Mira para afuera y ve a su amigo Díaz caminando. Ofrece llevarlo, responde que no, prefiere atrapar Pokemones, “Encontré un Vamo a calmarno”, dice emocionado. Nota que su auto va más lento que la caminata de su amigo. Y no sonríe.
Quedan 19 minutos. Mira nervioso a la mamá. Nota su cara de preocupación, dice que llegarán a la hora, que se tranquilice. Como si fuera tan simple: abrir las ventanas, sacar los brazos, comenzar a aletear y pasar por encima de la fila de autos. Imposible.
Piensa en su trabajo de Historia…
Contra viento y marea
Siente un brusco movimiento. Cierra los ojos, el cinturón le aprieta el cuello. Se golpea fuerte la cabeza. Abre los ojos. Su mamá mira desesperada hacía atrás, gritando garabatos furiosa. Mira para atrás y ve a la señora Victoria’s Secret con el delineador azul sobre las cejas que se baja del auto, avanzando hacia ellos. Alega. Su mamá ni siquiera baja el vidrio. La señora golpea la ventana. Los autos avanzan. Con la mirada fija hacia adelante la mamá engancha en directa, dejando a la señora atrás. Se escuchan bocinazos que parecen que van dirigidos a ella. Mira la hora, 7:52. La mamá lo mira y le pide que baje y corra lo que queda del camino. Saca el seguro y lo empuja. Agarra la mochila. Ve como el auto da la vuelta a la rotonda. Corre. Papás, mamás, niños, mochilas con ruedas, bicicletas, nanas. Todos apurados. Ve como Pablito, su pequeño vecino pisa caca. Casi se resbala. Su mamá trata desesperada de limpiarlo, lo reta, lo sacude. Los deja atrás. Tiene que llegar antes del timbre. No quiere ver la cara del inspector enojado diciendo que otra vez llega tarde.
Su frente está llena de sudor. Ve al resto en la misma situación que él. Ve la puerta del colegio. Está a una cuadra de ella. Escucha el primer timbre (el de aviso), quedan cinco minutos para el cierre definitivo de la puerta. Se da cuenta de que está arrugando su trabajo. La mochila le pesa. Siente que no llega, pero no pierde la esperanza. Lo intenta y apura su carrera contrarreloj. Quiere ser el Usain Bolt de su colegio. Corre con todas sus fuerzas. Está a metros de la puerta. Ve como el inspector saca de su bolsillo las llaves. Llega de frente a la reja y pasa por entremedio de esta que se está cerrando y escucha el timbre definitivo.
Entra al colegio. Por hoy se salvó. Jura que mañana se levantará más temprano.
Isidora Vergara





















