Autor: Luis Miranda
Diario El Consolidario, Complejo Educacional Consolidada (Puente Alto)
La decisión del Gobierno de extender el horario de verano, mediante Decreto Supremo N° 106 del 27 de enero de 2015, ha visto alterada una costumbre que los chilenos tenían desde 1968 y que surgió como una medida que buscaba ahorrar energía eléctrica para hacer frente a la sequía que había ese año.
Esta determinación tomó por sorpresa a gran parte de la población, trayendo consigo trastornos de sueño, dificultades para mantener la concentración y, por si fuera poco, una mayor sensación de inseguridad frente a la delincuencia, entre otras alteraciones del diario vivir.
Adultos y niños han notado que continuar con el horario de verano entre los meses de otoño y primavera les ha afectado. Levantarse a oscuras no es lo mismo que hacerlo con luz natural, lo que ciertamente resulta mucho más estimulante que la artificial al momento de comenzar una larga jornada de trabajo o estudio.
Como escolar puedo afirmar que los niños nos sentimos perjudicados por esta medida, pues el hecho de llegar al colegio temprano en la mañana pero con la sensación de que es de noche, no ha sido fácil de sobrellevar. Lo veo a diario en mis compañeros y también en mí, cuando durante la primera media hora del primer bloque de clases muchos redoblamos nuestros esfuerzos por poner atención a los profesores, concentrarnos y no ceder ante el sueño, cuestión que a veces parece una misión imposible.
Por otra parte, está el tema de la inseguridad, que si ya era algo preocupante antes de esta medida ahora lo es más, ya que es sabido que los delincuentes tienen en la oscuridad a una aliada para cometer sus fechorías. De hecho, no han sido pocos los casos vistos en la prensa sobre robos y asaltos cometidos a primera hora en sectores donde la luz escasea, varios de ellos contra madres que se dirigen a dejar a sus hijos al colegio antes de irse a trabajar, quienes en medio de la rabia que les causó ser víctimas de un delito pensaron que eso no les habría ocurrido en un escenario de luz natural. Quizá tengan razón.
Pese a lo expuesto anteriormente, hay una medida que vale la pena destacar como una forma de paliar los efectos que la mantención horaria ha tenido en los vecinos de Puente Alto. Se trata de las torres móviles de iluminación que el municipio ubicó en las afueras de estaciones de Metro, colegios y varias de las esquinas con mayor afluencia de público de la comuna, y cuyo funcionamiento se extiende desde poco antes de las 6:00 hasta pasadas las 8:30 horas, para luego operar en la hora punta de la tarde.
Para muchos una solución parche, para otros algo que debieran imitar más comunas, pero lo cierto es que la decisión de seguir con el horario de verano o tener dos horarios durante el año no debe quedarse sólo en la evaluación que anunció el Gobierno, sino en un estudio acabado y consciente acerca de los efectos y consecuencias que esta medida tiene en la mayoría de los chilenos.

















