Aulas conectadas

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Diario El Consolidario, Complejo Educacional Consolidada (Puente Alto)

Facebook 1.366 millones, WhatsApp 600, Instagram 300 y Twitter 284, es el número de usuarios activos en todo el mundo, según la agencia inglesa We Are Social, que tienen las redes sociales más conocidas por los chilenos. Es decir, si éstas fueran países y sus usuarios habitantes, serían de los más poblados del planeta.

Uso masivo de plataformas de comunicación a través de dispositivos fijos y móviles de las cuales ciertamente Chile no está al margen. Es más, si sólo se trata de Facebook y Twitter, los usuarios activos nacionales equivalen a ocho y cinco millones, respectivamente, una importante cifra si se considera un total de 17 millones de personas.

La “hiperconectividad” que están viviendo una gran mayoría de los chilenos no es una cuestión ajena para los estudiantes.

Para informarse, conversar, compartir imágenes, intercambiar opiniones o simplemente pasar el rato, las redes sociales son parte de la vida de millones de chilenos, por lo que ya resulta habitual verlos en lugares comunes como el transporte público o una plaza conectados a ellas a través de sus aparatos móviles. Esto se ve reforzado oficialmente por estadísticas entregadas por la Subsecretaría de Telecomunicaciones, que señalan que sólo al término del primer semestre de 2015 en Chile había 23,7 millones de celulares activos, 10.361.067 conexiones móviles y que el 77,8% de los accesos a internet se producía a través de smartphones.

La “hiperconectividad” que están viviendo una gran mayoría de los chilenos no es una cuestión ajena para los estudiantes, quienes han visto en las redes sociales no sólo una herramienta recreativa, sino también académica. “Hagamos la tarea por Facebook” o “profe, lo podemos integrar a nuestro grupo de WhatsApp”, son preguntas frecuentes en la actualidad, tanto en el colegio como en la educación superior. ¿Pero cuáles son los límites?

Nadie puede discutir que estas tecnologías son un real aporte a la educación, sin embargo el uso de las redes sociales en el aula, representadas a través de celulares con conexiones móviles, genera opiniones encontradas entre profesores y alumnos.

Si bien estas redes sociales pueden servir para hacerles llegar de manera inmediata la materia pasada a aquellos estudiantes que por algún motivo no pudieron asistir a clases, también se prestan para que aquéllos que son menos aplicados las utilicen con otros fines y terminen no prestando atención al profesor o, lo que es peor, distrayendo al resto de sus compañeros.

Por lo anterior, no es extraño que en las salas de muchos recintos educativos los docentes al comenzar la clase coloquen encima de su mesa una caja en la cual los estudiantes saben que deben depositar sus aparatos móviles y que los podrán recuperar sólo al término de la sesión.

No se trata de cambiar lo tradicional por lo moderno, sino más bien que esto sea complementario, aunque existen datos llamativos al respecto. Como los obtenidos en el estudio titulado “La vida cambia”, que indica que el 93% de los chilenos piensa que los computadores o celulares son importantes para la educación, y el 52% de ellos cree que las tablets reemplazarán a los cuadernos.

De todas formas, el llamado a hacer un uso responsable de los dispositivos móviles y las redes sociales en un ambiente académico es al alumnado, pues como es sabido estos aparatos están prohibidos para la sala de clases en los respectivos reglamentos internos de cada institución educativa, pero como se tiene certeza de que dándoles un buen uso pueden ser un real aporte en el aprendizaje, se ha generado una flexibilidad que, en lugar echar a perder por el mal uso de unos pocos, es mejor valorar y respetar como lo hace la mayoría.

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