
«Viví alejada de una patria que nunca me quiso o que llegó tolerarme una vez que el coro latinoamericano me alababa».
Por Antonia Esperguen y Vivian Cortés
Colegio Alemán de Elqui. Diario Die Realität
Entre los cerros de su infancia
Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, conocida por su pseudónimo de Gabriela Mistral, ha sido una de las poetas más reconocidas mundialmente. Su febril capacidad de ayudar a los demás, en diferentes aspectos por medio de la literatura, la hizo merecedora, en 1945, del Premio Nobel de literatura, siendo así el primer poeta latinoamericano en obtener esta presea. El Diario Die Realität, quiso conocer más acerca de una de las personas más emblemáticas de nuestro país, tratando de indagar en terreno, por qué marcó una gran diferencia, tanto educacionalmente como moralmente, en Chile y en el resto del mundo.
Al recorrer el famoso Valle de Elqui reconocido por poseer uno de los cielos más limpios del mundo, y por haber sido la cuna de la gran escritora de Piececitos de Niños, se inicia el viaje por el pequeño pueblo de Montegrande ubicado al interior del Valle de Elqui, dentro de la comuna de Paihuano, en la Región de Coquimbo. En aquella localidad están los restos de la poetisa y también su antigua casa-escuela donde vivió ocho años de su infancia, y la que hasta hoy en día se mantiene en forma de un museo. Allí, los visitantes pueden conocer a doña Bética Rojas Meriñon, quien generosamente comparte sus experiencias con quienes se detienen al diálogo, como haber conocido a la poeta a los once años.
En los recovecos de su vida
La señora Bética, una mujer de setenta y cuatro años de edad, conoció a Gabriela Mistral en su última visita a Chile en el año 1954, a la corta edad de once años. Ella nos contó diferentes anécdotas sobre la autora de esos poemas tan reconocidos y sobre lo que ella tuvo que vivir y soportar por ser una mujer con ideales distintos a los comunes y querer hacer un cambio en la sociedad, esto último generaba que algunas personas la viesen como una persona tosca y dura. Sin embargo, para otras personas “… al conocerla uno se daba cuenta que era alegre y sencilla”.
A Gabriela “…la bautizaron el mismo día de su nacimiento, porque ella nació enferma y no veían que se prolongaría tanto su vida”. Su infancia estuvo marcada por la figura de su madre que fue fundamental, como se evidencia en algunas cartas y libros que se encuentran en el Museo de Vicuña.
Un hecho que la marcó en su juventud, fue no haber sido aceptada en la Escuela Normal de La Serena, por sus artículos publicados en el Diario de la región, considerados “socialistas”. No obstante, las adversidades que tuvo en su vida, supo sobrellevar sus dificultades y frustraciones, expresándose mediante la palabra.
Como lo indica a Die Realität, la encargada del Museo, se ha escrito mucho sobre nuestra Gabriela Mistral, pero aún se pueden descubrir aspectos de ella. Siempre se ha comentado su gran amor hacia los niños, pero tal vez se desconoce que ella donó un dinero para los niños de Montegrande, especifando que este fuese, solamente, para el bienestar de niños y niñas y enfatizando que no quedara para la iglesia de Vicuña, dinero que nunca llegó a su destino.
Una de las personas que más influyó en la vida de la poeta, fue su sobrino Juan Miguel Godoy Mendoza, más conocido como Yin-Yin, que se suicidó en 1943 en Brasil, ya que se decía que le hacían bullying en el colegio en el cual se encontraba estudiando. Como señala la señora María Díaz Rivera, quien está a cargo junto a la señora Bética del museo de Montegrande, “…es difícil creer que con la seguridad y valentía que vivió Gabriela, hubiese negado a un hijo, especialmente, considerando el amor que ella sentía por los niños”.
Hitos claves de su vida

GABRIELA MISTRAL
PREMIO NOBEL 1945
«LO QUE EL ALMA
HACE POR EL CUERPO
ES LO QUE EL ARTISTA
HACE POR SU PUEBLO»
Luego de visitar la tumba y la escuela-casa de la poetisa en Montegrande, el equipo del diario viajó hasta Vicuña, al museo gratuito de Gabriela Mistral. En él encontramos evidencia de cómo las ideas de la poeta, traspasaron nuestras fronteras llamando la atención de otros países que valoraron su trabajo. De allí que no nos podría sorprender la cantidad de idiomas a que ha sido traducida su obra.
México fue un país fundamental para que las ideas de Mistral se concretaran en una reforma educacional. Allí ocupó el cargo de cónsul, luego lo haría en otros países, como Cuba, España, Venezuela y Portugal, pero en 1935 se le declara Cónsul de Elección con carácter vitalicio por Ley del Congreso chileno.
Según las evidencias, pareciera que el mundo entero valoró primero a Gabriela Mistral, ya que el 15 de noviembre de 1945 el embajador Sueco le comunicó oficialmente, que se le había otorgado el Premio Nobel de Literatura. Seis años más tarde, su país, le concedería el Premio Nacional de Literatura. Así es como en su Diario de vida expresa, “Viví alejada de una patria que nunca me quiso o que llegó a tolerarme una vez que el coro latinoamericano me alababa.”
Una deuda pendiente con Gabriela
La poetisa no solamente fue una gran influencia para la literatura y la educación, sino que también abordó el tema de los derechos de la mujer, “Debí trabajar para sostener una casa sin hombre, con tres mujeres que en todo se auxiliaron”.
Si bien es cierto, debemos reconocer que se le homenajea dando su nombre desde a colegios hasta un billete, aún, algunos aspectos de su pensamiento permanecen ocultos.
Por otra parte, pudimos constatar que su Valle querido donde quiso que sus restos descansaran, la recuerdan con orgullo y afecto, al parecer entendieron las palabras de Gabriela, “Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo”.




















