Vicente Benjamín Cabrera Campos
Diario La voz del viento, Liceo Bicentenario Isidora Ramos (Lebu)
Muchas veces resulta indignante las deficiencias que presenta el sistema público de salud en Chile, falta de médicos y la saturación en los hospitales es algo que queda fácilmente al descubierto con un sencillo “zapping” por los noticieros, que hablan principalmente de lo que ocurre en la ciudad de Santiago, especialmente en los periodos otoño-invierno, en donde es preferible y recomendable no ir atenderse por algún leve malestar, ya que el tiempo de espera sería muy prolongado y la posibilidad de contagio es altísimo; cabe entonces preguntarse, si esto ocurre en la capital del país, cómo será la situación en las localidades más apartadas y distantes. Lebu, por ejemplo, tiene aproximadamente 26.000 habitantes según estimación del INE para 2016 de los cuales un alto porcentaje vive en zonas rurales, agregando un grado de dificultad para llegar al centro hospitalario de la comuna.
Llama la atención que Lebu, capital de la provincia de Arauco no se mencione en los medios de comunicación, esto se deberá a la gran distancia que se encuentra de la capital de la región, relegándonos a un segundo plano. Nuestra realidad no sale de nuestros límites, pero si ha servido para hacer campaña política proclamando construcciones hospitalarias de última generación para fines del 2016 e inicios del 2017, según lo señalado por director del Servicio de Salud Arauco, Víctor Valenzuela, al diario el sur el 02 de junio, ya se acaba el año y ni una piedra se ha colocado en el lugar.
Lebu necesita de un hospital con personal capacitado en las diversas áreas, el que tenemos que presenta grandes falencias, en lo que respecta a recursos humanos y su infraestructura, y en lo que a mi concierne, agradecería la construcción del tan anhelado nuevo hospital, que llega a ser casi un sueño por los percances que ha sufrido su proyecto; tampoco me enfocaré en las largas listas de espera para recibir un tratamiento kinesiológico que, llegan a parecer casi como una broma de mal gusto, dos meses de espera para recibir tratamiento solo por un esguince, lo que nos hace llegar a preferir muchas veces un tratamiento particular, lo que evidentemente para muchas familias lebulenses puede llegar a ser inaccesible y por qué no decirlo, imposible, debiendo sufrir largas esperas con su malestar a cuestas; sino que me enfocaré especialmente en un grave problema, la falta de médicos especialistas en la comuna.
De salud pública a privada
Desde mi llegada a Lebu he tenido la fortuna de solo ir por consultas médicas al hospital que no revisten grandes complejidades, ni urgencias, en donde el trato de parte de los médicos ha sido bueno, y aunque la mayoría de ellos son recién egresados y muchos sólo pasan por esta ciudad en busca de experiencia, pero igual he tenido que vivir la desagradable situación de no alcanzar una hora de consulta médica para atención y tener que optar por una atención de médico particular, lo que es otro tema complicado, ya que son pocos los profesionales, que trabajan de manera regular en el sistema privado, y a esto agregamos la nula existencia de un centro radiológico, de un laboratorio clínico, centro de diálisis, lo que ralentiza los tratamientos y diagnósticos de todos los habitantes de la ciudad. La situación se agudiza al necesitar una opinión de un médico especialista, ya que, aunque en pediatría, urología y odontología, hay solución, incluso en la ginecología, traumatología y psiquiatría, gracias a nuevas rondas médicas, pero dentro de la diversidad de especialidades médicas es solo una pincelada y no dan abasto a los requerimientos y la única salida es la derivación a una ciudad aledañas o Concepción, pero ¿Es ésta una real solución? No olvidemos que quienes acuden por una consulta a especialista son pacientes crónicos, principalmente adultos mayores, debido al deterioro paulatino de su salud; vale la pena considerar entonces que el medio de transporte hacia las atenciones médicas no es el mejor ni el más cómodo para quienes padecen una enfermedad que lejos de ser una posibilidad de recuperación puede ser que el remedio sea peor que la enfermedad.


















