La vida en un campamento

La vida en un campamento

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Hace más de 7 años unas 20 familias formaron el campamento Japón en la Calle Alaska, en el límite entre las comunas de Maipú y Cerrillos. El motivo: no tenían un hogar donde vivir. Actualmente son más de 40 las familias que ahí residen, muchas veces en condiciones indignas.

Gonzalo Yactayo

Maipú es la segunda comuna con más campamentos en Santiago, sumando un total de ocho. Mucha gente no sabe realmente lo duro que es vivir en un campamento y lo difícil que puede ser salir de ese lugar con una casa propia en las manos. Precisamente, este es el caso de las 40 familias que hoy viven en el campamento Japón. “Nos instalamos acá porque no tenemos donde ir. La mayoría somos mujeres jefas de hogar”, declara Valeska Rodríguez en una extensa entrevista realizada por La Tercera.

Ellos han estado arreglando sus viviendas gracias a la ayuda de terceros y a la esperanza que cada uno alberga. Por años han tenido que convivir entre escombros y basura, puesto que viven al costado del basural “El Pajonal”. Los graves estigmas sociales, sumados a la falta de agua y de luz, hacen de esta situación algo realmente complejo.

Lamentablemente, algunas de estas personas han tenido que intentar ganarse la vida de otro modo. “Hace como tres años, unos tipos intentaron robar la camioneta de mi vecino y él los salió persiguiendo con un palo para pegarles, pero se metieron para ese campamento”, cuenta Matías Arroyo, joven que vive en Villa México, ubicada en Cerrillos. Sin embargo, a veces estas situaciones delictuales se prestan para malos entendidos. “Cualquier cosa que pasa viene acá la policía. Llega la PDI y Carabineros, nos toman la declaración, nos piden el carnet a cada rato, entonces… eso incomoda” contó un poblador del campamento en una entrevista al canal La Red.

Este tipo de casos no son ajenos a los vecinos del sector. Diversos medios de circulación comunal han abordado el tema desde diferentes perspectivas. Revista Mi Gente, por ejemplo, recogió hace un tiempo algunos testimonios sobre este tema, entre los que destaca el análisis del profesor Jairo Valdés, quien asegura que el factor económico en este tipo de casos no es absolutamente determinante. “Hace algún tiempo las familias del campamento recibieron de parte de un programa de un canal de televisión una cierta cantidad de dinero para postular al subsidio, pero esto no es un problema de plata. Estamos hablando de que en este tipo de campamentos no hay trabajo, muchas veces no hay ni para comer, entonces si tú les pasas dinero, pero no hay detrás una capacitación, una motivación o un plan integral de apoyo, lo más probable es que esa gente se termine gastando esa plata en otras cosas, porque no tienen qué comer, porque se les enferma el hijo y tienen que comprar remedios”.foto-1-cronica-n1-plantilla-8

El docente lleva más de un año y medio ayudando a las personas de este lugar a que puedan erradicar los campamentos por completo. De hecho, es fundador de una ONG llamada El Mejor Cambio, que tiene como misión principal, según declaran en su sitio web, “Ayudar a las familias de escasos recursos a mejorar sus condiciones de vida, proveyendo de espacios, proyectos e iniciativas concretas para esto tanto en Maipú, Santiago como el resto de Chile”. Ellos han aportado con jornadas solidarias y bingos a beneficio con el fin de recaudar dinero para estas personas.

“Nosotros tenemos dentro del campamento casas prefabricadas que las usamos como colegios, como talleres, como cursos de peluquería, de cocina porque nosotros queremos hacer un cambio radical en los campamentos, acá el tema de los campamentos no es solo un cambio de casa, es un cambio de mentalidad también y ahí nosotros queremos apuntar, en esa ayuda”, mencionó Jairo en una entrevista que dio para el programa Buenos Días a Todos. Actualmente son más de 30.000 socios en Facebook de la cuenta El Mejor Cambio gracias a los cuales han podido financiar todos los proyectos que la organización está llevando a cabo.

Por su parte, los vecinos están muy agradecidos de todo lo que se ha hecho por ellos hasta ahora. “Él es como un ángel igual que como caído del cielo, porque gracias él hemos tenido algunas cosas; nos ha ayudado mucho, en todo, en leche, en pañales, en mercadería, en forrar las casas, en poner un nylon cuando se está lloviendo, en todo, igual es como el que más ha ayudado acá” dijo una de las residentes del campamento sobre Jairo y la ayuda que presta a través de la ONG.

En tanto, Valdés reconoce hablar por toda la organización cuando llega la hora de ponderar el trabajo realizado. “El campamento Japón para mi es súper especial. Este es un campamento que tiene el 80% mujeres, por eso ven tantas acá, hay mucha mamá soltera, son súper cariñosas. Al final, yo me considero como que pasé a ser el papá de las chiquillas, acá le estoy socorriendo muchas veces las necesidades que ellos tienen (…) yo me siento un agradecido de dios, un bendecido de conocer a todas las chiquillas acá del campamento. Yo voy a seguir hasta el final, hasta poder erradicar este campamento, aunque me sigan cerrando puertas, aunque los alcaldes y los políticos me sigan diciendo que no, que me lo tome con calma, yo voy a seguir luchando hasta el último día de mi vida”.

Con un promedio de 4 personas por familia y más de 30 niños, todavía queda mucho por hacer en el Campamento Japón. La precariedad de las viviendas, los problemas de seguridad y las condiciones sanitarias son la prioridad. Mientras tanto, más allá de las políticas públicas o las medidas de gobierno, lo único que se mantiene constante por ahora es la voluntad y la empatía por los que tienen menos.

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