El uniforme no nos hace alumnos

El uniforme no nos hace alumnos

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Señor Director:

Desde el siglo XVIII la política de los uniformes escolares emerge con el noble objetivo de apalear la discriminación y promover la igualdad social. Sin embargo hoy, además de transformarse en un gran negocio, es indiscutible que los jóvenes – y sobre todo los de mi comunidad – nos sentimos profundamente limitados a expresarnos como quisiéramos.

Somos constantemente sancionados por no cumplir la normativa. Erróneamente se cree que al usar el “traje institucional” logramos crear cierta identidad en nuestro colegio transformándonos en su cara visible, pero ¿es justo considerar la igualdad como equivalente a homogeneidad?

No podemos tender a la inclusión rechazando nuestras diferencias. Lo que más debe valorar el establecimiento son las capacidades de los y las estudiantes para potenciarlas hacia su futuro y así convivir en un mundo donde la diversidad no sea criticada.

Fernanda Ancalaf


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